La educación como arma contra la intolerancia

El Talibán pakistaní destruyó 838 escuelas entre 2009 y 2012. Crédito: Kulsum Ebrahim/IPS

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) planea lanzar una campaña mundial contra la intolerancia, el extremismo, el racismo y la xenofobia, valiéndose de jóvenes talentos.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, enfatizó que la educación es la clave. “Si quiere entender el poder de la educación, solo mire cómo los extremistas la combaten”, dijo.

Quisieron matar a la activista adolescente pakistaní Malala Yousafzai y a sus amigas porque eran niñas que querían ir a la escuela, señaló.

Extremistas violentos secuestraron a más de 200 niñas en Chibook, Nigeria, y decenas de estudiantes fueron asesinados en la ciudad keniata de Garissa y en la pakistaní de Peshawar.

“A lo que más temen es a las niñas y a los jóvenes con libros de estudio”, dijo Ban, quien pronto anunciará “un exhaustivo Plan de Acción para Impedir el Extremismo Violento”, junto con la creación de un panel asesor de líderes religiosos a fin de promover el diálogo entre los distintos credos.

Se prevé que el plan se presente ante la 70 sesión de la Asamblea General, que empezará la tercera semana de septiembre.

Como parte de la campaña contra la intolerancia y el extremismo, el Departamento de Información Pública de la ONU seleccionó 10 proyectos de jóvenes de todo el mundo en el marco de un “concurso de diversidad”.

Los proyectos, elegidos de entre 100 propuestas de 31 países, incluyen desafiar la homofobia en India y México, resolver conflictos por el acceso al agua para reducir el conflicto étnico en Burundi, promover la armonía interreligiosa en Pakistán, alentar una mayor aceptación de las poblaciones migrantes en Sudáfrica y promover mayores oportunidades de empleo para mujeres musulmanas en Alemania.

[pullquote]3[/pullquote]Lara-Zuzan Golesorkhi, estudiante de doctorado e instructora en la New School de Nueva York, presentó uno de los proyectos ganadores. Dijo a IPS que busca abordar uno de los asuntos políticos más debatidos en la Alemania contemporánea: la integración de los inmigrantes musulmanes.

En el centro de estas discusiones, señaló, radica el llamado “debate del velo”, que saltó al primer plano con el caso Ludin en 1998.

Ese año, a Fereshta Ludin, hija de inmigrantes afganos que se cubría con velo típico musulmán, le negaron un empleo como maestra en el sistema de escuelas públicas, con el argumento de una “falta de aptitud personal” que la volvía “inadecuada e incapaz de cumplir con las responsabilidades de una funcionaria pública de acuerdo con el derecho básico alemán”.

La disputa interminable entre Ludin y el sistema judicial alemán provocó el establecimiento de políticas institucionales que implican la prohibición del velo en maestras de escuelas públicas en toda Alemania.

Estas políticas se aplican ya en ocho de los 16 «landers» (estados), pero acaban de ser cuestionadas por la justicia federal, que reclama a los respectivos estados revisar las políticas inherentemente discriminatorias, dijo Golesorkhi, quien es ciudadana alemana y tiene la residencia permanente en Estados Unidos.

El Departamento de Información Pública de la ONU expresó que Golesorkhi volverá a Alemania para desafiar lo que se percibe como discriminación contra las mujeres musulmanas.

Ella pretende solicitar a potenciales empleadores que se comprometan simbólicamente a contratar mujeres musulmanas. También producirá una lista de esos empleadores, para que las mujeres se sientan seguras y empoderadas para postularse en esos lugares.

Según The New York Times, que citó al Servicio de Medios e Información de Estudios Religiosos en Alemania, informó el mes pasado que los musulmanes constituyen alrededor de cinco por ciento de la población de 81 millones, en comparación con 49 millones de cristianos.

El periódico se centró en la creciente controversia relacionada con la renovación de una iglesia abandonada en el distrito obrero de Horn, en Hamburgo, donde se la estaba convirtiendo en una mezquita.

“La iglesia estuvo vacía durante 10 años y a nadie le importó. Pero cuando los musulmanes la compraron, repentinamente pasó a ser un tema de interés”, dijo al diario el director del Centro Islámico Al Nour en Hamburgo, Daniel Abdin.

Golesorkhi dijo a IPS que con su organización no gubernamental “With or Without” (WoW, “con o sin”), en su forma más abstracta, busca abordar la intersección de dos aspectos cruciales de la política alemana: inmigración y religión.

Ambos aspectos han desempeñado un rol significativo en el proceso de creación nacional de Alemania, especialmente en materia de leyes y de composición social diversa del país, así como el desarrollo de la islamofobia y de actos discriminatorios contra los musulmanes.

[related_articles]Esto último se incrementó particularmente desde el 11 de septiembre de 2001, fecha de los atentados fundamentalistas que dejaron 3.000 muertos en Nueva York y Washington.

Según Golesorkhi, la población de musulmanes en Alemania pasó de 2,5 millones en 1990 a 4,1 millones en 2010, y se espera que aumente a casi 5,5 millones en 2030.

Los tres principales países de origen de los inmigrantes musulmanes son Turquía, la ex Yugoslavia y Marruecos.

Esta presencia significativa y en continuo crecimiento ha despertado sentimientos negativos en la sociedad, donde ya en 2008 se consideraba que los musulmanes eran los vecinos más indeseables.

Además de la campaña para que empleadores se comprometan a dar trabajo a mujeres musulmanas (“Yo me comprometo”), el proyecto de Golesorkhi incluye un seminario de “Lista para el Empleo” y una serie de talleres que buscan prepararlas para su inserción en el mercado laboral alemán. Y también una campaña para concientizar sobre las dificultades que ellas enfrentan al buscar trabajo en Alemania.

Editado por Kitty Stapp

 

 

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