NACIONES UNIDAS – Desde el 16 de mayo se ha producido un aumento significativo en el número de casos de ébola confirmados por laboratorio y sospechosos notificados en toda la República Democrática del Congo (RDC), principalmente en la provincia de Ituri, con casos adicionales no relacionados identificados en la vecina Uganda.
El brote es «extremadamente grave y difícil», alertó el lunes 25 el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, que pidió a los países vecinos que actúen «de inmediato».
Tedros hizo esta afirmación durante durante una reunión ministerial en línea de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y antes de viajar este mismo martes 23 a Kinsasa, la capital de RDC, para supervisar la respuesta al brote, que ya causó e 900 casos registrados y 220 muertes, además de llevar asistencia de urgencia.
«Por el momento la epidemia avanza más rápido que nosotros», dijo el director de la OMS en la reunión del CDC y alertó que «nos enfrentamos a un brote extremadamente grave y difícil. Empeorará antes de mejorar».
Hasta ahora, el brote se ha mantenido en gran medida confinado a esa región, se ha relacionado estrechamente con zonas afectadas por la inseguridad, el desplazamiento de la población civil y la migración relacionada con la minería. Pero la OMS y sus expertos temen que pueda propagarse sin una respuesta rápida y eficaz.
Ya el 17 de mayo, la OMS dictó que el brote de ébola causado por el virus Bundibugyo en la RDC y Uganda constituye una emergencia de salud pública de importancia internacional (Phic, en inglés).
Los CDC de diferentes regiones han emitido alertas sanitarias dirigidas al personal sanitario y a los viajeros en relación con la propagación del ébola.
Las previsiones actuales sobre la propagación del virus a otros continentes siguen siendo bajas por el momento, y la OMS ha declarado que el brote no cumple los criterios de una pandemia, tal y como se definen en el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) de 2005.
«Ahora estamos revisando nuestra evaluación de riesgo a muy alto a nivel nacional, alto a nivel regional y bajo a nivel mundial», dijo Tedros en días anteriores.
Las medidas de respuesta se han visto muy limitadas como consecuencia del desplazamiento generalizado de la población civil y del conflicto prolongado. El 21 de mayo, la ONU informó de que un hospital de la provincia de Ituri fue incendiado por familiares enfurecidos después de que la policía local se negara a entregar el cadáver de una persona infectada a la familia por temor a la contaminación.
Además, el brote ha sido más pronunciado en las provincias congoleñas de Ituri y Kivu del Norte, que históricamente han sido el centro del conflicto armado y el sufrimiento humanitario en la RDC. Solo en los últimos meses, más de 100 000 civiles han sido desplazados en esta región como consecuencia directa de la violencia, lo que ha limitado gravemente los esfuerzos de respuesta humanitaria.
«Estos son algunos de los entornos operativos más difíciles del mundo para nuestra labor de salvamento», afirmó Tom Fletcher, subsecretario general de Asuntos Humanitarios y coordinador de Ayuda de Emergencia de la ONU, en una declaración en X.
Y añadió: «Nos enfrentamos a conflictos y a un elevado movimiento de población. Estamos trabajando para garantizar un acceso seguro y sostenido a los equipos de primera línea, incluso a las zonas controladas por grupos armados. Es esencial que no haya obstáculos para nuestra respuesta. Debemos tener acceso a todas las vías —aéreas, terrestres y acuáticas— a través de las zonas afectadas».
Según Tedros, aproximadamente cuatro millones de personas necesitan urgentemente intervención humanitaria, dos millones se encuentran desplazadas y diez millones se enfrentan a una grave inseguridad alimentaria.
Las mujeres se verán afectadas de manera desproporcionada, ya que a menudo desempeñan funciones de cuidado, trabajo doméstico y servicios de primera línea, lo que aumenta su riesgo de infección. Las mujeres embarazadas son especialmente vulnerables, mientras que las medidas de cuarentena se han relacionado con el aumento de las tasas de violencia de género.
Estos riesgos se han visto agravados por el colapso de los sistemas de salud en las provincias de Kivu del Norte e Ituri, donde las necesidades son más acuciantes.
En 2025, la OMS registró que más de 1,5 millones de personas en estas provincias habían perdido el acceso a los centros de atención primaria. Aproximadamente 85 % de los centros de salud se enfrentan a una escasez crítica de medicamentos.
«Aunque las personas estén enfermas, aunque sean casos sospechosos, no pueden acceder a los servicios de salud y, por lo tanto, no pueden ser detectadas ni diagnosticadas», afirmó Teresa Zakaria, jefa de la Unidad de Operaciones Humanitarias de la OMS.
«En el marco de la respuesta al brote, también debemos asegurarnos realmente de que se salvaguarden los servicios de salud esenciales para toda la población de las dos provincias, especialmente para quienes han sido desplazados por la fuerza y se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad», añadió.
Los expertos humanitarios han subrayado que restablecer la confianza de la población en la capacidad de las agencias para contener el brote será crucial de cara al futuro. Tras la epidemia de ébola de África Occidental de 2013-2016, muchas comunidades siguen padeciendo traumas y albergan una profunda desconfianza hacia la respuesta humanitaria.
Muchos residentes de toda la región siguen buscando tratamiento, mientras que otros creen que el ébola es «un invento», según Gabriela Arenas, de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR).
«Recuerdan el miedo. Recuerdan los rumores que se extendían por las aldeas. Recuerdan a vecinos que desaparecían en los centros de tratamiento», dijo Arenas. «Durante un brote de ébola, la confianza y la aceptación de la comunidad pueden marcar la diferencia entre la contención y una transmisión más amplia», añadió.

El 22 de mayo, Fletcher anunció que se destinarán hasta 60 millones de dólares del Fondo Central de Respuesta a Emergencias de la ONU para apoyar las labores de contención, tratamiento y seguimiento en la República Democrática del Congo y los países vecinos.
La OMS también anunció que ha desplegado a 22 miembros del personal internacional para prestar asistencia directa en primera línea y ha liberado 3,9 millones de dólares de su fondo de contingencia. La agencia, en colaboración con el CDC africano, ha creado un equipo continental de gestión de incidentes para apoyar a los equipos de primera línea y proteger a las comunidades vulnerables.
«Estamos aplicando las lecciones aprendidas de brotes anteriores», afirmó Fletcher.
Añadió que «la contención depende de una acción rápida y coordinada a nivel comunitario. Necesitamos una comunicación sólida con los gobiernos y sistemas eficaces de alerta temprana y detección en todos los países afectados».
Para Fletcher, «la confianza de la comunidad es esencial: seguiremos prestando un apoyo humanitario más amplio a las personas afectadas, colaborando estrechamente con ellas para comprender sus necesidades, preposicionando suministros siempre que sea posible y evitando la entrega militarizada de la ayuda».
T: MF / ED: EG


