ROMA – El conflicto entre Estados Unidos e Irán, con epicentro en el estrecho de Ormuz, puede seguir como una crisis manejable por unas pocas semanas o dar paso a una crisis mundial de seguridad alimentaria hasta 2027 e incluso más allá, advirtió la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
“Lo que estamos presenciando hoy no es solo una crisis geopolítica, sinocr una conmoción sistémica para el sistema agroalimentario mundial”, dijo este martes 26 su director general, Qu Dongyu, en un evento sobre el impacto de la crisis de Ormuz dentro de la Semana de la Nutrición en esta ciudad, sede de la FAO.
El conflicto en curso en el Medio Oriente se inició con el ataque de fuerzas de Estados Unidos e Israel sobre Irán el 28 de febrero, con réplicas de Teherán contra una decena de Estados de la región, y desde hace semanas aguarda por negociaciones en medio de las cuales continúan los incidentes armados entre los contendores.
El estrecho de Ormuz, que comunica el golfo Pérsico con el océano Índico y ha sido durante décadas una vía para el comercio a gran escala de petróleo, gas, fertilizantes y otros bienes, permanece prácticamente bloqueado tras las decisiones y el fuego cruzado entre las fuerzas confrontadas.
La FAO considera que en el ámbito alimentario las consecuencias más graves de esta crisis podrían no ser inmediatas, y manifestarse dentro de unos meses, cuando los agricultores empiecen a cosechar menos porque sembraron menos, fertilizaron menos o ya no podían costear la producción.
“Las decisiones que tomemos ahora determinarán si esto sigue siendo una crisis manejable o si se convierte en una crisis mundial de seguridad alimentaria más profunda en 2026 y 2027, y más allá», dijo Qu en la reunión.
Entidades de las Naciones Unidas estiman que una crisis alimentaria prolongada con el actual conflicto en el Medio Oriente puede agregar hasta 45 millones de personas a los 318 millones que, se estima, padecen hambre severa actualmente en el mundo.
La FAO señala que ya se han afectado el transporte de petróleo, gas natural licuado, azufre y fertilizantes, lo que ha incrementado los costos de los insumos agrícolas y ha ejercido presión al alza sobre los precios de las semillas debido a su dependencia de los fertilizantes.
A medida que aumentan los precios de la energía, los sistemas agroalimentarios se encarecen en todas las regiones.
Los países que dependen de las importaciones de insumos, en particular, se enfrentan a un aumento de los costos, mientras que los hogares vulnerables pierden poder adquisitivo a medida que la inflación erosiona sus ingresos.
Para muchos países, especialmente en África y partes de Asia, estos impactos no se producen de forma aislada; están agravando las presiones existentes derivadas de la crisis de la deuda, las perturbaciones climáticas, los conflictos y las limitaciones de las finanzas públicas.
El Índice de Precios de los Alimentos de la FAO, desde 2009 una unidad de medida mensual para cinco grupos de alimentos que se comercian internacionalmente, registró en abril de 2026 un promedio de 130,7 puntos, 2,1 puntos (1,6 %) por encima del nivel de marzo, tercer incremento mensual consecutivo.
Ese índice utiliza como valor de base 100 el promedio comercial de cereales, carnes, lácteos, azúcar y aceites del bienio 2014-2016, y la cifra sobre 130 pubntos es la más alta desde 2022, cuando el mundo aún padecía la pandemia covid-19.
En el acto de este martes en Roma participó el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, quien hizo una defensa del multilateralismo y criticó las acciones de guerra en el Medio Oriente.
Sánchez fue ovacionado cuando dijo que “el hambre es un arma más barata que los misiles y una violación flagrante del derecho internacional humanitario”, y que los 45 millones de personas que pueden morir si se prolonga la actual crisis “pagan por delirios políticos ajenos”.
La FAO ha hecho recomendaciones políticas a todos los Estados y organismos concernidos por la actual crisis, las que incluyen mantener el flujo comercial, en particular de fertilizantes e insumos agrícolas, y centrar los recursos de ayuda en las poblaciones más vulnerables, entre ellas las rurales.
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