RÍO DE JANEIRO – Las olas de calor mataron a 120 000 personas en Brasil entre 2000 y 2019, según un estudio inusual en una América Latina que no cuenta sistemáticamente sus muertos en esos fenómenos climáticos extremos, mientras Europa lo hace desesperadamente.
El estudio, basado en datos del Sistema de Informaciones sobre Mortalidad del Ministerio de Salud, que comprende todo el territorio nacional, concluyó que los mayores de 65 años o más son las principales víctimas, al sumar 97 000 muertos durante los 20 años.
Son muertes, en general, registrados por sus causas directas, la mayor parte enfermedades cardiovasculares (34 000) y respiratorias (24 000), pero asociadas al calor excesivo, factor que desata el desenlace.
Entre los niños, también un grupo vulnerable, las diarreas son el principal efecto que lleva a la muerte. Los ancianos sucumben por problemas respiratorios, renales (a causa de la deshidratación) y la diabetes.
El total de 120 000 corresponde a solo 0,6 % de las muertes en el país, excluidas las provocadas por causas externas, como accidentes y asesinatos.
“Por mucho tiempo los científicos separaban esos fenómenos en sus estudios, pero luego se dieron cuenta que el mayor impacto del calor extremo ocurre en situaciones de sequía, en eventos compuestos”: José Marengo.
Los autores son investigadores de la Fundación Oswaldo Cruz, principal institución de científica de salud en América Latina, y la Universidad Federal de Bahia, ambas entidades públicas y por eso vetadas de difundir el estudio integral durante el actual período preelectoral, que concluye en octubre.
“La innovación de ese estudio es integrar la caracterización de las olas de calor, consideradas su frecuencia, intensidad y duración, con un análisis detallado de sus impactos en las hospitalizaciones y mortalidad”, comentó Beatriz Oliveira, coordinadora de la investigación, para la Agencia Fiocruz de Noticias.
América Latina recién comienza a contar sus muertos
En América Latina ocurrieron como promedio cerca de 13 000 muertes anuales asociadas al calor extremo entre 2012 y 2021, según el informe “Estado del clima en América Latina y el Caribe 2025” de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Es poco, en comparación con otras regiones. La OMM y la Organización Mundial de Salud (OMS) estiman que entre 2000 y 2019 hubo 489 000 muertes anuales en todo el mundo, 45 % en Asia y 36 % en Europa.
Además, los datos latinoamericanos se basan en registros de solo 17 de sus 33 países, con sistemas estadísticos variados, seguramente subestimados, reconoce el mismo informe, que detalla otros eventos climáticos mortales y récord de calor en varias ciudades.
La mortalidad estimada representa un índice de 2,2 muertes por cada 100 000 habitantes, que es el doble del 1,1 registrado en el período 1990-1999, según estudio promovido por la revista científica británica The Lancet que reunió 47 investigadores de varios países.
“México y el sureste de América del Sur, incluyendo Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, a veces Chile, son los países más afectados en América Latina”, resumió José Marengo, coordinador de investigación del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden), órgano del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil.
“Los andinos en general sufren menos. También América Central, donde los impactos no son tan fuertes”, acotó Marengo, autor principal de los últimos informes anuales de OMM para América Latina y el Caribe.

Olas de calor más letales
La causa de las olas de calor, que pueden durar días o semanas, son las “burbujas” o masas de aire caliente que bloquean la circulación de los vientos y la humedad que forma nubes de lluvia, explicó a IPS, por teléfono desde la sede de Cemaden en São José dos Campos, ciudad de 700 000 habitantes a 90 kilómetros de São Paulo.
“Más grave es cuando se combinan calor y sequías, el aire seco que aleja lluvias, calienta el suelo y las consecuencias son los incendios y las crisis hídricas, todo con más evaporación”, en una sinergia negativa, advirtió.
“Por mucho tiempo los científicos separaban esos fenómenos en sus estudios, pero luego se dieron cuenta que el mayor impacto del calor extremo ocurre en situaciones de sequía, en eventos compuestos”, observó Marengo, un climatólogo peruano que vive en Brasil hace 22 años.
Eso quedó más evidente en la Amazonia brasileña en 2024, con la peor sequía de su historia, seguida de incendios devastadores, que se extendieron al Pantanal, mayor humedal del mundo en la frontera centro-oeste de Brasil.
Enfrentar el calor sin agua para hidratar, sin aire acondicionado o sin electricidad que, en Brasil y muchos países latinoamericanos, depende de los caudales de los ríos, es “la combinación que mata”, señaló el experto.

Daños en cadena
Europa sufre ahora, especialmente en España, Italia y Portugal, los incendios que confirman ese “efecto cascada”, así como California, en la costa oeste de Estados Unidos, donde los bomberos no logran evitar que viviendas sean quemadas, todos los años.
El aumento de las muertes, especialmente entre los adultos mayores, se hizo inevitable. Las olas de calor, que se multiplicaron por todas partes en las últimas décadas, están forzando el uso de aparatos de aire acondicionado en una Europa que los ignoraba hace pocos años.
La intensa urbanización contribuye a la mortalidad latinoamericana por el calor. Además de las islas de calor, fomentadas por grandes extensiones de hormigón y asfalto junto a la escasez de vegetación, asentamientos hacinados, como las favelas en Brasil y otras barriadas precarias en otros países de la región, agravan los riesgos.
Las olas de calor siempre ocurrieron en el planeta, pero ahora alarman por la frecuencia y la intensidad y llaman la atención por su letalidad en Europa, desde que provocaron la muerte de más de 70 000 personas en 2003, recordó Marengo.
El entorno del Mediterráneo, que incluye el sur de Europa y el norte de África, es particularmente vulnerable a los efectos del recalentamiento global, así como el mundo árabe y el Sudeste de Asia. La tendencia es su agravamiento.
Pero el monitoreo de las olas de calor y la estadística de sus daños, incluyendo las muertes, poco avanzó en los países tropicales. “Ya son calientes”, no habría impactos fuertes, se imaginaba. Por eso es importante el estudio de Fiocruz, con su “reanálisis de las muertes” en Brasil, matizó Marengo.
Eran muertos por infarto o síndrome respiratoria, ahora se reconoce que eran muertes evitables o por lo menos adelantadas por el calor extremo y la falta de adaptación urbana al nuevo clima
Sistemas de salud, viviendas y asistencia social adaptados también podrían evitar la pérdida de muchas vidas.
Algunas acciones, ya conocidas, se están intensificando para adaptarse a la crisis climática que parece inevitable. Más parques con vegetación diversa, más árboles en las calles, techos verdes y sistemas de alerta temprana de los eventos extremos son algunos ejemplos.
Los cambios se imponen incluso en el fútbol, que por primera vez en su Copa Mundial de la Fifa, que tiene lugar en los tres países norteamericanos desde el 13 de junio y hasta el 19 de julio, interrumpe los partidos a la mitad del primer y el segundo tiempo para hidratación de los jugadores.

Tendencia a empeorar aún más
Las muertes y daños por el calor pueden ser más indirectos. Por el hambre que deriva de las pérdidas agrícolas, por ejemplo.
Además, poco se cuida de los daños a la salud mental de la población afectada, que también pueden acortar o arruinar la vida.
O los impactos negativos en la economía, al afectar la producción, el trabajador, la generación eléctrica y el transporte.
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Un nuevo desafío, que amenaza con agravar todo, por lo menos temporalmente, es el fenómeno metereológico de El Niño, provocado por el calentamiento de las aguas tropicales del océano Pacífico, que ya empezó y tiende a convertirse en la versión denominada “super”, de efectos más desastrosos.
Los daños de El Niño anterior, en 2023/2024, siguen visibles.
Las inundaciones que destruyeron varias ciudades y puso en duda el futuro del estado de Rio Grande do Sul, en el extremo meridional de Brasil, una sequía brutal en la Amazonia y en América Central, las temperaturas más elevadas en América Latina, exceso o falta de lluvias en distintas partes.
ED: EG


