Millones de niños expuestos al peligro climático en América Latina

La Amazonia, como otras regiones de América Latina, padece ciclos de inundaciones y sequías que afectan la vida de sus habitantes, de modo muy marcado a niños y niñas. En toda la región latinoamericana y caribeña, uno de cada tres niños está expuesto a por lo menos tres peligros resultantes del cambio climático, de acuerdo a un nuevo estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Imagen: Romani / Unicef

PANAMÁ – Unos 58 millones de niños y niñas en América Latina -uno de cada tres- corren el riesgo de sufrir al menos tres peligros climáticos combinados, lo que pone en riesgo su salud, su educación y su supervivencia, según un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) divulgado este martes 16.

La combinación de peligros climáticos más extendida en la región son las olas de calor, las sequías y el calor extremo, y el informe también advierte que unos 40 millones de niños y niñas podrían verse afectados por tormentas tropicales.

Roberto Benes, director regional de Unicef para América Latina y el Caribe, destacó que “los niños y las niñas soportan la carga más pesada de los peligros climáticos. Dado que su cuerpo está en desarrollo, son más vulnerables a fenómenos extremos”.

“Las amenazas climáticas agravan las desigualdades existentes” para niños y niñas, dijo Benes, porque esos fenómenos, ya sea sequías, olas de calor o tormentas tropicales, “interrumpen su educación y los medios de subsistencia de sus familias».

El “Informe sobre los riesgos climáticos para la infancia 2026” ofrece un panorama de las amenazas que la crisis climática supone para los niños y niñas.

Para ello, el informe se aboca a mapear la exposición de los niños y niñas a las ocho amenazas climáticas más frecuentes: las inundaciones costeras, las sequías, el calor extremo, los incendios, las olas de calor, las inundaciones fluviales, las tormentas de arena y polvo, y las tormentas tropicales.

En la región, 141 millones de niños y niñas están expuestos a olas de calor más frecuentes, prolongadas e intensas, mientras que 118 millones están expuestos a sequías, lo que supone profundos riesgos para su salud y su bienestar y agrava la pobreza y las dificultades económicas en las comunidades más vulnerables.

El Caribe tiene una de las mayores exposiciones relativas a tormentas tropicales, con casi todos sus niños y niñas expuestos a este peligro.

Las tormentas intensas provocan importantes daños en las infraestructuras, interrupciones de los servicios esenciales, desplazamientos de población y una contaminación generalizada de las fuentes de agua.

Por ejemplo, en 2025, el huracán Melissa -que castigó sobre todo a Jamaica, pero también a Bahamas, Bermudas, La Española y la costa de Colombia, con al menos 95 muertes y 12 000 millones de dólares en pérdidas- interrumpió la continuidad educativa de casi 477 000 niños y niñas en los países afectados.

El informe mundial de Unicef señala que casi la mitad de los niños y niñas del mundo –unos 1100 millones– están expuestos a un mínimo de tres peligros climáticos combinados, y más de cuatro millones de ellos podrían afrontar hasta seis de esos peligros combinados.

En casi todo el mundo “las vidas de los niños y niñas siguen estando sacudidas por los efectos de las olas de calor, los incendios forestales, las sequías y las inundaciones”, afirmó Catherine Russell, directora ejecutiva de Unicef.

“La mitad de los niños y niñas del mundo viven actualmente bajo al menos tres amenazas climáticas combinadas que condicionan su vida cotidiana”, aseveró.

Más de 296 millones de niños viven expuestos a la combinación de sequía, calor extremo y olas de calor, y la segunda combinación más frecuente -sequía, calor extremo y tormentas tropicales- afecta a más de 115 millones de niños y niñas en todo el mundo.

En la región del Sahel (la franja semiárida que separa el Sahara de la región con bosques en África), una de las más castigadas, más de cuatro millones de niños y niñas se enfrentan a la triple amenaza de las olas de calor, el calor extremo y las tormentas de arena y polvo.

En algunos países de Asia, como Bangladesh, Myanmar y Pakistán, los niños y niñas se enfrentan a más peligros climáticos combinados y con mayor intensidad que en ningún otro lugar del mundo.

Los países de ingreso alto tampoco son inmunes a las conmociones climáticas combinadas.

Los datos revelan que en Italia, por ejemplo, más de seis millones de niños y niñas están expuestos a olas de calor y sequías prolongadas.

Los avances en este país revelan que la inversión en adaptación al cambio climático puede mitigar algunos de los riesgos que afronta la infancia, aunque se requieren medidas contundentes mientras la crisis climática se agrava.

Además de los ocho peligros climáticos más frecuentes, el informe analiza la contaminación atmosférica y el paludismo, dos peligros que dependen en gran medida de los efectos del cambio climático.

Los datos revelan que la contaminación ambiental afecta a casi todos los niños y niñas del mundo y que 1000 millones de ellos están expuestos al paludismo, nueva amenaza para una población infantil que ya se enfrenta a otros peligros climáticos.

El examen de diferentes contextos encontró que si se tienen en cuenta conjuntamente los peligros múltiples y las vulnerabilidades, los niños y niñas de países sin litoral y frágiles, como la República Centroafricana o Chad, se enfrentan a peligros climáticos que se solapan, al tiempo que carecen de acceso a servicios básicos.

Por otra parte, toda la población infantil de 24 pequeños Estados insulares en desarrollo, desde Haití hasta Vanuatu, está expuesta a tormentas tropicales que pueden paralizar islas enteras en un instante y colapsar los servicios esenciales.

Si no se toman medidas urgentes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, los peligros climáticos serán más frecuentes y graves, y los sistemas y presupuestos gubernamentales soportarán una presión aún mayor, con repercusiones sobre el bienestar de la infancia.

Por ello, Unicef acoge y presenta como recomendaciones reducir las emisiones, cumplir con los compromisos internacionales adquiridos, la eliminación gradual y urgente de los combustibles fósiles y proteger a los niños y niñas mediante la adaptación climática incluyente y la reducción del riesgo de desastres.

Asimismo, velar por que los planes nacionales de adaptación, preparación y respuesta ante desastres se centren en la infancia y en los servicios esenciales de los que depende.

Eso incluye medidas como construir instalaciones educativas seguras y ecológicas y centros de salud resilientes al clima, garantizar el suministro seguro de alimentos para la infancia, hacer que los sistemas de alerta temprana de múltiples riesgos sean eficaces y reforzar la eficiencia de los servicios de agua y saneamiento.

A-E/HM

 

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