BUENOS AIRES – “La fiesta recién empieza”, anunció el ministro de Economía argentino ante un auditorio de 700 empresarios y ejecutivos, en un acto público realizado este mes de junio.
La euforia de Luis Caputo se debe a los récords históricos de producción de petróleo que está alcanzado el país sudamericano, gracias a que finalmente despega el desarrollo de Vaca Muerta.
Se trata de una enorme formación geológica en el sudoeste del país, identificada como uno de los yacimientos de hidrocarburos no convencionales más importantes del mundo.
Desde hace 12 años, cuando se cuantificaron las extraordinarias reservas de Vaca Muerta, todos los gobiernos de la Argentina alimentaron la expectativa de que sería la llave para revertir la decadencia persistente de la economía nacional.
Actualmente, mientras el gobierno del ultraderechista Javier Milei y buena parte del poder económico celebran que el momento tan esperado está llegando, la realidad en este país de 46 millones de habitantes muestra que el empobrecimiento de las mayorías se profundiza.
El contraste está reflejado en que en el último tiempo no han parado de empeorar todos los indicadores relevantes sobre la economía de todos los días: creación de empleo privado, poder adquisitivo del salario, ventas de alimentos y bebidas en supermercados, consumo en comercios, informalidad del trabajo o situación de jubilados y pensionados.
La cotidianeidad es agobiante para el grueso de los argentinos. Tanto, que el número de familias que se endeudan para afrontar sus gastos y luego no pueden pagar se ha multiplicado por cinco en el último año y medio. La morosidad en los créditos del sistema financiero es hoy de 12 %, la proporción más alta en dos décadas, según datos oficiales.
En octubre de 2024, el primer año de Milei en la Casa Rosada, sede de la presidencia, tras iniciar su mandato en el diciembre anterior, alcanzaba apenas 2,5 %.
“Estamos en récord de producción y las exportaciones de petróleo permitieron el ingreso neto de casi 11 000 millones de dólares en los dos años y medio de gestión de Milei, pero los argentinos no nos enriquecemos. La sensación es que lo que ingresa se nos escurre de las manos”: Marco Kofman.
La realidad floreciente de las empresas de hidrocarburos y la pérdida de calidad de vida de las personas está simbolizada en otro dato:
Mientras Vaca Muerta genera récords en gas natural, además de petróleo, el gobierno acaba de excluir a tres millones de personas del llamado Régimen de Zona Fría, que desde 2021 daba tarifas de gas domiciliario subsidiadas, para aliviar el gasto de calefacción, a quienes viven en las zonas del país con inviernos más severos.
Los que se quedaron sin subsidio, de todas maneras, siguen siendo privilegiados porque se estima que unos cuatro millones y medio de hogares (20 millones de personas) no están conectadas a la red de gas domiciliario o doméstico.

La riqueza que se escurre
“Estamos en récord de producción y las exportaciones de petróleo permitieron el ingreso neto de casi 11 000 millones de dólares en los dos años y medio de gestión de Milei, pero los argentinos no nos enriquecemos. La sensación es que lo que ingresa se nos escurre de las manos”, explica a IPS el economista Marco Kofman.
Kofman acaba de presentar el libro “Energía, economía y poder”, en el que sostiene que los dólares de Vaca Muerta no se quedan en el país, sino que se fugan por canales financieros, al mismo tiempo que aumentan la exposición argentina al endeudamiento externo.
El economista afirma que los ingresos de Vaca Muerta son los que hoy sostienen el esquema cambiario de una moneda argentina fuerte y estable, que es a su vez lo que permite al gobierno de Milei tener contenida la inflación anual alrededor de 35 %, una tasa baja para los estándares argentinos.
La inflación superó 200 % anual en el gobierno anterior y sacó de quicio a los argentinos, hasta llevarlos a optar por poner en la Casa Rosada a un outsider que culpó al Estado por el caos y prometió destruirlo.
“Los dólares de Vaca Muerta están también permitiendo a las empresas transnacionales –no solo a las energética, sino a todas- girar utilidades desde al exterior desde Argentina, cosa que durante años no podían hacer por las restricciones cambiarias. Cómo les va a interesar reinvertir sus ganancias en Argentina si el mercado interno es cada vez más chico”, se pregunta Kofman.

Transformación rápida
Vaca Muerta ocupa 30 000 kilómetros cuadrados, en el subsuelo de Neuquén y otras tres provincias argentinas. Sus reservas son de petróleo y gas de esquisto (formación rocosa, mayormente de lutita), que por su localización a una profundidad mayor que la habitual deben ser extraídas con una técnica especial denominada fractura hidráulica o fracking. Consiste en la inyección a alta presión de enormes cantidades de agua, arena y químicos, con un elevado impacto ambiental.
La producción de este yacimiento de hidrocarburos de esquisto viene creciendo y ya representa casi 70 % y del petróleo y casi 60 % del gas natural argentino.
Así, Vaca Muerta apuntala la transformación que ha hecho Argentina, que apenas en 2023 gastaba miles de millones de dólares al año en importaciones de energía y hoy tiene excedentes que le generan un balance positivo de la balanza comercial energética.
Las proyecciones indican que Argentina terminará 2026 con una producción petrolera de 343 000 millones de barriles (algo más de 900 000 barriles diarios), un 11% más que en 1998, que hasta ahora era la principal marca histórica.
A partir de aquel año, con la privatización de la histórica empresa estatal YPF, la producción petrolera declinó y Argentina perdió el autoabastecimiento petrolero. Esto generó enormes desequilibrios para el país, cuyas importaciones energéticas treparon de 500 millones de dólares en 2003 a más de 9000 millones en 2011.
La empresa española Repsol, entonces dueña de YPF, generó utilidades por más de 15 000 millones de dólares en una década, pero no reinvertía, explica Kofman en su libro.
En 2012 el gobierno argentino recuperó el control de YPF, cuando expropió el 51 % de las acciones y declaró de interés público nacional el autoabastecimiento de hidrocarburos, que solo fue recuperado en 2024, gracias al desarrollo de Vaca Muerta.
Hoy Argentina es un exportador en crecimiento y ha desplazado a Colombia como el cuarto productor de Sudamérica, detrás de Brasil, Guyana y Venezuela.
“La producción petrolera está creciendo en Argentina con una lógica de enclave, que es como se denomina a un territorio donde el capital trasnacional viene, se lleva todo y no deja nada”, advierte a IPS el doctor en Ciencias Sociales Martín Schorr, investigador de la economía argentina de las últimas décadas.
“La propia YPF con control estatal está hoy bajo la lógica de atraer inversiones para dinamizar las exportaciones”, explica Schorr. El investigador explica que YPF –pionera en América Latina, ya que fue fundada por el Estado argentino en 1922- funcionaba en otras épocas como dinamizador del proceso científico-tecnológico nacional.
“Hoy ni siquiera le interesa estimular proveedores que desarrollen la industria del país. Tiene la misma lógica que las empresas privadas. A eso se suma que hay muy poca participación del Estado en la renta del sector petrolero, con lo que el modelo es funcional a una pequeña minoría”, agrega.
El investigador Fernando Cabrera, del Observatorio Petrolero Sur, una oenegé que impulsa la democracia energética, explica que la situación ni siquiera ha distribuido beneficios en la provincia de Neuquén.
“Se da en la provincia una realidad dual: a los que están vinculados con el petróleo les va bien y el resto sufren, porque encima el costo de vida se ha encarecido más que en el resto del país”, detalla a IPS.
Cabrera apunta que, gracias a los enormes beneficios que el gobierno de Milei estableció por ley para los grandes inversores extranjeros y la infraestructura de transporte de petróleo y gas hacia los puertos exportadores que está construyéndose, Vaca Muerta está en el umbral de dar un salto productivo mucho mayor.
Advierte, de todas maneras: “Eso tal vez genere algún derrame en actividades de servicios en Neuquén, pero no va a producir encadenamientos productivos ni va a compensar el deterioro de la actividad económica nacional para que los argentinos vivamos mejor”.
ED: EG


