En el Afganistán de los talibanes, una mujer se niega a llevar una vida de dependencia

La autora es una periodista afgana, formada con apoyo finlandés antes de la toma del poder por los talibanes. IPS mantiene su identidad anónima por razones de seguridad.

«Dicen que conducir es cosa de hombres. Pero las mujeres han demostrado que ellas también saben conducir», dice una mujer que trata de plantar cara a los talibanes. Imagen: Learning Together

KABUL – El regreso al poder de los talibanes, hace ya cinco años, le arrebató a Mehrmaa a su marido, su trabajo y la oportunidad de vivir libremente.

Era una noche fría y nevada de marzo de 2022 cuando los vecinos de Mehrmaa llevaron a su casa el cuerpo sin vida de su marido. Había desaparecido más de siete meses antes. Mehrmaa apenas había logrado sobrellevar las nuevas restricciones impuestas a las mujeres por los talibanes, y ahora sentía como si el peso del mundo recayera sobre sus hombros.

«Al final de la calle que llevaba a nuestra casa, había siete ataúdes con los cuerpos que habían sido entregados a sus familias. Hace siete meses se los llevaron con vida y ahora los han devuelto muertos», cuenta Mehrmaa.

«Seguiré luchando contra el matrimonio forzado por el bien de mis hijos y en memoria de mi difunto marido, hasta mi último aliento», afirma Mehrmaa

Mehrmaa describe cómo, en julio de 2021, los talibanes se hicieron con el control de las provincias y sus fuerzas entraron en su ciudad natal en motocicletas. Los talibanes izaron su bandera en el centro de la ciudad como señal de victoria.

Los helicópteros del gobierno bombardearon la ciudad, dejando a muchas personas sin hogar y sin refugio. La provincia de Mehrmaa fue la primera en caer bajo la opresión talibán. Muchos huyeron presas del pánico.

«El Estado secuestró a muchos jóvenes para defender la ciudad, incluido mi marido», recuerda Mehrmaa, sobre el proceso en que los talibanes fueron retomando el control de Afganistán, hasta la caída de Kabul el 15 de agosto de 2021, 20 años después que habían sido desalojados del poder tras haber dominado el país entre 1996 y 2001.

Tras la retoma del poder por parte de los talibanes, se amenazaba a las mujeres con la cárcel si caminaban solas por las calles.

«Se azotaba a las mujeres en público por motivos insignificantes y frívolos. A las viudas y a las menores de edad se las obligaba a casarse sin su consentimiento», recuerda Mehrmaa.

Las mujeres se enfrentaban a dificultades diarias, independientemente de si contaban con familiares varones que las protegieran.

«Ahora que los talibanes están en el poder en Afganistán, ¿qué podemos hacer? Solo vivimos para nuestros hijos. Las mujeres quieren trabajar para poder ganar dinero para sus familias», sigue narrando.

Bajo el régimen talibán, a las mujeres se les prohibía trabajar. Mehrmaa quería seguir trabajando para mantener a sus hijos. Eso la llevó a salir a la calle.

«Ahora llevo una vida nómada con mis hijos. No tenemos un hogar fijo y no permanecemos mucho tiempo en un mismo lugar», detalla.

El trabajo se convirtió en un medio de supervivencia

Mehrmaa es profesora y comadrona de formación. Trata los problemas de fertilidad de las mujeres con hierbas y da masajes para el dolor de rodillas, espalda y articulaciones. Bajo la tutela de su difunto marido, Mehrmaa aprendió a conducir. Dirigió la primera autoescuela para mujeres de su provincia y enseñó a conducir a cientos de mujeres.

Entonces, los talibanes prohibieron a las mujeres conducir. Bajo la dirección del Ministerio para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio —la llamada policía moral—, las autoridades talibanes locales reprendieron a Mehrmaa y le impusieron una advertencia.

«Dicen que conducir es solo para hombres. Pero las mujeres han demostrado que ellas también pueden conducir. Incluso aquellas que no tienen marido en su familia han aprendido a conducir», explica Mehrmaa.

Tras la muerte de su marido, ella tuvo que seguir trabajando para alimentar a sus hijos. Para sobrevivir, regresó a la ciudad y comenzó a trabajar como profesora.

A pesar de cambiar de profesión, a Mehrmaa se le volvió a prohibir trabajar. A las niñas se les prohibió asistir al colegio a partir de la secundaria, y se les cerraron las puertas de las instituciones educativas.

Mehrmaa comenzó a trabajar como empleada doméstica y también impartía clases particulares de educación física a niñas y mujeres que habían sido excluidas de la escuela.

Además, es una fisioterapeuta experta. Fundó el primer centro deportivo y de masajes exclusivo para mujeres con el fin de ayudarles a controlar su peso y mejorar su salud en general. Los consejos de salud de Mehrmaa han dado esperanza a mujeres que habían perdido la fe en su recuperación.

A través de su trabajo, Mehrmaa conoció a una joven de 18 años que se había caído a un pozo dos años antes, lesionándose las piernas, los brazos y las costillas en el accidente. Mehrmaa trató los músculos de la joven masajeándolos con aceite de oliva y de comino negro. En menos de dos meses, la joven ya podía moverse.

El padre de la joven elogió las habilidades de Mehrmaa en la mezquita local. Los hombres se enteraron de sus dotes curativas y se apresuraron a proponerle matrimonio.

El régimen talibán considera vergonzoso que una mujer soltera trabaje sola. Cuando la policía moral se enteró de que Mehrmaa había rechazado todas las propuestas de matrimonio, le prohibieron trabajar.

Mehrmaa rechazó una vida de dependencia de los demás.

«Por el bien de mis hijos, quiero ganarme la vida honradamente por mí misma y no vivir bajo la humillación de nadie», afirma.

A veces, la injusticia es un dolor mayor que la pobreza.

«Seguiré luchando contra el matrimonio forzado por el bien de mis hijos y en memoria de mi difunto marido, hasta mi último aliento», afirma Mehrmaa.

Una vez más, Mehrmaa se mudó con sus hijos, esta vez al noreste del país. Se llevó consigo la esperanza de justicia y de un futuro mejor.

Las mujeres de su nuevo pueblo animaron a Mehrmaa a quedarse y a ayudar a prestar asistencia sanitaria en las clínicas locales. Le hablaron de las innumerables mujeres embarazadas que mueren antes de poder llegar a un hospital.

Las mujeres del pueblo hablan de Mehrmaa con admiración, describiéndola como una persona increíblemente amable y capaz.

«Es como si hubiera luz en cada uno de sus dedos», dicen, utilizando un proverbio afgano para describir a alguien que es muy hábil y aporta mucho bien a quienes le rodean.

A pesar de las constantes pérdidas, las amenazas y las propuestas de matrimonio, Mehrmaa sigue adelante. Lucha por sus hijos, por las mujeres necesitadas y por un futuro mejor. Mehrmaa imagina un Afganistán en el que las mujeres puedan trabajar libremente, estudiar y cuidar de sus familias.

T: MF / ED: EG

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