GINEBRA – La actual guerra en Medio Oriente dispara la inflación, frena el crecimiento económico y amenaza con destruir 38 millones de empleos, advirtieron agencias de las Naciones Unidas en sendos reportes este martes 19.
“Más allá de su costo humano, la crisis de Oriente Medio no es una perturbación pasajera. Es una conmoción de desarrollo lento y potencialmente duradera que remodelará gradualmente los mercados laborales”, afirmó Sangheon Lee, economista jefe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Por su parte ONU Comercio y Desarrollo (Unctad), muestra que el conflicto ha interrumpido el suministro energético, disparado los precios del transporte, reavivado las presiones inflacionarias y generado una incertidumbre extrema en los mercados financieros, de inversión y comerciales.
Todo ello influirá en una ralentización del crecimiento económico, que según las proyecciones de la ONU será del 2,5 % en 2026, muy por debajo de los porcentajes anteriores a la pandemia, con una ligera recuperación hasta 2,8 % en 2027.
Según un escenario de la OIT, si los precios del petróleo se mantienen un 50 % por encima de los niveles de principios de 2026, las horas de trabajo a nivel mundial disminuirían 1,1 % en 2027, lo que equivale a la destrucción de 38 millones de empleos a tiempo completo.
Los precios del petróleo crudo en los principales mercados oscilaban este martes entre 103 y 111 dólares por barril de 159 litros, valores muy por encima del 50 % con respecto a los precios de comienzos de año.
El actual conflicto se desató cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán el 28 de febrero y se produjo una réplica iraní sobre Estados vecinos, bloqueándose el transporte del golfo Pérsico por el vital estrecho de Ormuz y afectándose la producción de petróleo, gas y fertilizantes en la región.
La guerra, a punto de reanudarse este martes con bombardeos que preveía Washinton, permanece en una frágil pausa a la espera de un acuerdo, todavía muy esquivo, entre negociadores de Estados Unidos e Irán acerca del programa nuclear iraní, el control de Ormuz y reparaciones por daños sufridos, entre otros temas.
En el escenario de la OIT, los ingresos laborales reales caerían tres por ciento, una pérdida anual de tres billones (millones de millones) de dólares. Y las regiones más expuestas son los Estados árabes y Asia y el Pacífico.
En la primera, las horas de trabajo disminuirían 10,2 % en un escenario de escalada grave, más del doble que durante lo peor de la pandemia covid-19. En Asia y el Pacífico caerían 1,5 % en 2027, equivalente a millones de puestos de trabajo.
La OIT advierte que los trabajadores migrantes, sostén de economías enteras del sur y sudeste asiático con sus remesas, soportarán una parte desproporcionada del ajuste.
Las contrataciones hacia los países del Golfo se han desplomado y las repatriaciones están aumentando. Los flujos de remesas, una fuente vital de ingresos para millones de hogares, empiezan a debilitarse.
La Unctad, por su parte, rebajó sus previsiones de crecimiento del comercio mundial, que se situará entre 1,5 % y 2,5 % en 2026, frente a 4,7 % de 2025.
El frenazo es aún más pronunciado si se aísla el efecto distorsionador del auge del comercio vinculado a la inteligencia artificial, que ha enmascarado la debilidad en sectores tradicionales y vinculados a materias primas.
La inflación repunta con fuerza. Los países en desarrollo verán cómo los precios suben del 4,2 % en 2025 a 5,2 % en 2026. En las economías desarrolladas, la inflación pasará de 2,6 % a 2,9 %, situándose por encima de los objetivos de los bancos centrales.
Uno de los hallazgos más inquietantes de la Unctad es que la crisis energética está convirtiendo la seguridad alimentaria en un problema de estabilidad financiera.
El encarecimiento de los fertilizantes -del que varios países del golfo Pérsico son grandes productores- y la volatilidad de los mercados están poniendo en riesgo a las grandes empresas comercializadoras de alimentos.
Una quiebra en ese sector podría desencadenar una crisis de suministro global de una magnitud impredecible.
La OIT insta a los gobiernos a adoptar respuestas centradas en el empleo, el diálogo social y las normas internacionales del trabajo, protegiendo a los más vulnerables (trabajadores informales, migrantes, refugiados) y a las pequeñas empresas.
La Unctad, de su lado, reclama una mayor cooperación internacional, condiciones comerciales predecibles, salvaguardas financieras para los países en desarrollo y una aceleración de la inversión en energías renovables, como la única vía para reducir la exposición a futuros shocks.
Ambos informes coinciden en un diagnóstico sombrío: lo que comenzó como una crisis energética se está convirtiendo en una crisis del trabajo, del comercio y, potencialmente, alimentaria. Y los países más pobres, una vez más, son los que menos margen de maniobra tienen para protegerse.
A-E/HM


