GINEBRA – La acelerada demanda mundial de arena, el material sólido más extraído del planeta, está transformando ríos, degradando ecosistemas marinos y debilitando las defensas naturales frente a inundaciones y el aumento del nivel del mar, advirtió un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).
“Todos usamos alrededor de 18 kilogramos de arena al día”, señaló en esta ciudad suiza Pascal Peduzzi, director del centro de datos ambientales del Pnuma, durante la presentación del informe este martes 12.
Durante décadas, la arena ha sido vista como un recurso barato, abundante y prácticamente inagotable, después de que la naturaleza tardó cientos de miles de años en generarla mediante procesos graduales de erosión geológica.
“Sin embargo, la estamos utilizando a un ritmo vertiginoso y la extraemos más rápido de lo que se repone. Es el déficit de arena”, advierte el informe del Pnuma “Arena y sostenibilidad: un recurso esencial para la naturaleza y el desarrollo”.
La demanda mundial de arena se triplicó entre 2000 y 2020, impulsada principalmente por la urbanización y el crecimiento de la infraestructura.
El informe estima que cada año se extraen alrededor de 50 000 millones de toneladas, y que la demanda seguirá aumentando a medida que los países inviertan en adaptación climática, expansión urbana e infraestructura de energía renovable.
La escala de extracción ha alcanzado tal magnitud que, en el año 2020, el peso total de los materiales construidos superó el de toda la biomasa viva del planeta, y se prevé que su uso solo para la construcción aumente hasta 45 % para el 2060.
Frente a ello, el Pnuma señala que el mismo material utilizado para construir ciudades y obras para adaptarse al cambio climático cumple una función esencial en la naturaleza: regenerar playas, estabilizar costas, filtrar agua y sostener hábitats para peces, aves, tortugas y muchas otras especies.
Muros costeros, playas artificiales, puertos y barreras contra inundaciones requieren enormes cantidades de arena y grava. Pero extraer demasiada arena de ríos, deltas y sistemas costeros puede debilitar precisamente los ecosistemas que protegen naturalmente a las comunidades frente a tormentas, erosión e intrusión salina.
“Ese es el dilema”, dijo Peduzzi. “Queremos la arena viva y muerta”.
Una vez convertida en concreto o asfalto, explicó el responsable, la arena queda eliminada permanentemente de los sistemas naturales. Pero cuando permanece en ríos y ecosistemas costeros, continúa regulando flujos de agua, amortiguando el impacto de las olas y sosteniendo biodiversidad.
En muchas partes del mundo, las consecuencias ya son visibles. Los lechos de los ríos se profundizan. Los deltas se hunden. Las playas se reducen. Los acuíferos costeros se vuelven cada vez más salinos.
Stephanie Chuah, coautora del informe, señaló que los investigadores apenas comienzan a comprender los impactos acumulativos que la extracción está provocando en ecosistemas interconectados.
“La arena no solo proporciona servicios ecosistémicos esenciales, sino que también está vinculada a la resiliencia climática, la seguridad alimentaria, la seguridad hídrica y la estabilidad de los suelos”, explicó.
La experta también alertó sobre el costo humano, con riesgos crecientes para regiones donde el turismo, la pesca y el acceso al agua dulce dependen de costas estables y ecosistemas marinos saludables.
El informe resalta ejemplos en el Caribe. En Trinidad, la extracción ha destruido vegetación nativa importante para los polinizadores, mientras que en San Cristóbal-Nieves la maquinaria pesada ha alterado zonas de anidación de tortugas marinas.
En Jamaica, la pérdida de praderas marinas y sistemas coralinos vinculada a la degradación costera ha acelerado la erosión de las playas, debilitando la protección natural frente a tormentas en zonas altamente dependientes del turismo.
Los ecosistemas de agua dulce también están bajo presión, y el informe recuerda que los lechos arenosos y las llanuras de inundación sirven como zonas de alimentación y reproducción para peces, anfibios, reptiles y aves migratorias.
Las dunas y barras de arena ayudan a absorber la energía del oleaje y favorecen el crecimiento de manglares y pastos marinos.
El informe sostiene que muchos gobiernos siguen tratando la arena como un simple material barato de construcción, en lugar de reconocerla como un recurso estratégico vinculado a la biodiversidad, la seguridad hídrica y la resiliencia climática.
Sin embargo, algunos países comienzan a replantear ese enfoque, y el informe destaca el caso de Colombia, cuyo gobierno clasificó formalmente la arena, la grava y la arcilla, en el año 2023, como “minerales de interés estratégico”.
La medida está orientada a fortalecer la supervisión ambiental y mejorar la coordinación en un sector marcado con frecuencia por regulaciones fragmentadas y actividades extractivas informales.
En el estado brasileño de Minas Gerais (sureste), empresas mineras están ampliando el uso de “arena de mineral”, un subproducto del procesamiento de minerales que puede reducir la presión sobre ríos y ecosistemas costeros tradicionalmente explotados para obtener arena natural.
En otras partes de la región, sin embargo, las consecuencias ambientales asociadas a una extracción poco regulada son cada vez más difíciles de ignorar.
Investigadores de la ONU desarrollaron una plataforma de monitoreo que utiliza datos satelitales e inteligencia artificial para rastrear embarcaciones de dragado marino, el proceso de extraer arena, sedimentos, lodo o rocas del fondo del mar mediante maquinaria especializada.
Los resultados preliminares sugieren que alrededor de 15 % de las actividades de dragado marino ocurre dentro de áreas marinas protegidas.
El informe pide fortalecer el monitoreo ambiental, aumentar la transparencia en los permisos de extracción y abandonar prácticas de contratación basadas únicamente en el menor costo, que a menudo ignoran daños ecológicos de largo plazo.
Chuah dijo que investigadores del Pnuma están desarrollando modelos para ayudar a los gobiernos a estimar la demanda futura de arena e identificar oportunidades para el reciclaje y para materiales alternativos.
“La arena es nuestra primera línea de defensa frente al aumento del nivel del mar, las marejadas y la salinización de acuíferos costeros, todos peligros agravados por el cambio climático”, recordó finalmente Peduzzi.
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