NACIONES UNIDAS – América del Sur vio desaparecer 41 millones de hectáreas de bosques entre 2015 y 2015, más que cualquier otra región del mundo, indicó un informe del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (Desa) divulgado este martes 12.
Esa pérdida incluye más de 10 millones de hectáreas de bosques primarios: ecosistemas antiguos, densos, difíciles de reemplazar y esenciales para la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y la regulación del clima.
El “Informe 2026 sobre los Objetivos Forestales Mundiales” registra que los bosques siguen desapareciendo, no al ritmo apocalíptico que se temía en los años 90 del siglo pasado, pero sí a un nivel preocupante, impulsado por la agricultura y la urbanización, y agravado por el cambio climático
Es el caso de América del Sur, que en una década vio desaparecer unos 41 millones de hectáreas, un promedio de 4,10 millones cada año.
También en África se perdieron cerca de 30 millones de hectáreas en el mismo período, mientras que las pérdidas fueron limitadas en América del Norte y Central, y en Oceanía.
Europa (incluida Rusia) registró una recuperación de más de 14 millones de hectáreas, y Asia de más de 16 millones. Cinco países concentran 53 % de los bosques: Rusia (20 %), Brasil (12), Canadá (9), Estados Unidos (7) y China (5 %).
En total, 414 millones de hectáreas están cubiertas por bosques: 32 % de la superficie del planeta, un promedio de media hectárea por persona. En el balance mundial, entre áreas recuperadas y perdidas, se han perdido 40 millones de hectáreas.
El informe destaca que los bosques ocupan un lugar central en los esfuerzos mundiales contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
Asimismo, que los gobiernos han prometido detener y revertir la deforestación para 2030, atendiendo a científicos y organismos internacionales que subrayan el papel esencial de los bosques para almacenar carbono, regular el agua y sostener millones de medios de vida.
Sin embargo, el informe también expone la brecha entre los compromisos políticos y la realidad sobre el terreno: la meta de aumentar la superficie forestal mundial en tres por ciento para 2030, establecida en el Plan Estratégico de las Naciones Unidas para los Bosques, sigue fuera de rumbo.
“Los bosques están entre los recursos naturales más vitales de nuestro planeta”, señaló en el prólogo el secretario general de la ONU, António Guterres, y advirtió que “enfrentan crecientes amenazas derivadas de la deforestación, el aumento de las temperaturas, la incertidumbre económica y las divisiones geopolíticas”.
El informe lamenta particularmente la pérdida de bosques primarios, a pesar de que se redujo de forma significativa respecto del período anterior. Aun así, estos ecosistemas especialmente valiosos siguen desapareciendo a un ritmo de 1,61 millones de hectáreas al año.
Un bosque primario no es simplemente un grupo de árboles viejos. Es un sistema vivo que ha evolucionado durante siglos, capaz de almacenar más carbono, sostener mayor biodiversidad, regular mejor el agua y resistir con más fuerza sequías, incendios y plagas que muchos bosques jóvenes o plantaciones recientes.
En la práctica, esto significa que, aunque los bosques reforestados puedan compensar estadísticamente la pérdida de bosques antiguos, no pueden reproducir su biodiversidad ni su capacidad de almacenamiento de carbono a corto plazo.
Los bosques son el hábitat de 68 % de las especies de mamíferos, 75 % de aves y 80 % de anfibios.
El informe registra que la expansión agrícola continúa siendo el principal motor de la deforestación a nivel mundial. La demanda de alimentos, ganado, cultivos comerciales y leña sigue empujando la frontera forestal en regiones de África, América del Sur y Asia.
El crecimiento urbano, el desarrollo de infraestructuras y el aumento de la población también incrementan la presión sobre los bosques.
Por eso, advierte el informe, proteger los bosques no depende solo de las políticas forestales: también exige decisiones en otros sectores, especialmente agricultura, energía, transporte y planificación territorial.
A la presión humana se suma una amenaza cada vez mayor: el cambio climático, pues los incendios forestales, las sequías, las olas de calor, las plagas y enfermedades están afectando cada vez más a los ecosistemas forestales, incluso en regiones donde la deforestación se ha estabilizado.
El informe alerta de que los riesgos climáticos están creciendo más rápido que la capacidad de respuesta de muchos países.
Asimismo, aunque los bosques siguen absorbiendo grandes cantidades de carbono, el informe advierte que esa función podría debilitarse.
En 2023, el sumidero global de carbono terrestre cayó a su nivel más bajo en dos décadas, una señal de que algunos ecosistemas naturales podrían estar perdiendo capacidad para absorber las emisiones de carbono que calientan el planeta.
El informe identifica también una enorme brecha financiera: la financiación mundial destinada a la gestión forestal sostenible alcanzó 84 000 millones de dólares en 2023, muy por debajo de los 300 000 millones anuales que serían necesarios para 2030.
La situación es especialmente difícil en países de ingresos bajos y medios, donde los bosques enfrentan fuertes presiones económicas y existen menos recursos para protegerlos.
El informe no es completamente sombrío. En general, a nivel mundial hay más áreas protegidas, mejores sistemas de monitoreo, programas de restauración y países que han fortalecido sus políticas forestales.
Por ejemplo, en América Latina, el informe también recoge avances en algunos países de la región en áreas como restauración forestal, monitoreo y gestión de datos, entre ellos Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica.
También hay reformas vinculadas a la participación y reconocimiento de pueblos indígenas y comunidades locales en países como México, Bolivia y Guatemala.
Por último, el informe destaca que cada vez más gobiernos integran los bosques en sus estrategias climáticas y de desarrollo, mientras aumentan los compromisos de restauración forestal en distintas regiones del mundo.
Pero el avance sigue siendo insuficiente. De las 26 metas forestales evaluadas, solo siete se consideran ampliamente encaminadas. Dos de las más importantes -revertir la pérdida de bosques y erradicar la pobreza extrema entre las poblaciones que dependen de ellos- siguen fuera de rumbo.
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