El café retiene a pequeños productores en Guatemala

El caficultor guatemalteco Víctor Alvarado heredó el terreno de su familia, y año a año busca mejorar su producción para que sus hijos e hijas puedan disfrutar de un mejor futuro. Crédito: Luis Gustavo Sánchez/FAO
El caficultor guatemalteco Víctor Alvarado heredó el terreno de su familia, y año a año busca mejorar su producción para que sus hijos e hijas puedan disfrutar de un mejor futuro. Crédito: Luis Gustavo Sánchez/FAO

Victor Alvarado, oriundo del municipio Unión Cantinil en el noroccidental departamento de Huehuetenango, en Guatemala, es uno de los caficultores que ha recibido capacitaciones técnicas y acompañamiento para fortalecer sus prácticas de producción y mercadeo de café.

Aunque Víctor ha hecho un esfuerzo consciente de poner en práctica el conocimiento adquirido y así invertir en la economía local, reconoce que varios de sus familiares se han visto obligados a emigrar a Estados Unidos, en busca de oportunidades de empleo más estables e ingresos más fructíferos.

Sin embargo, relata que al llegar como migrante a sus nuevos destinos, las ocupaciones desarrolladas suelen no resultar dignas ni seguras.

“Tengo a dos hermanos (en) los Estados Unidos, como también a tres primos, tal vez a causa de la extrema pobreza (aquí), pues quieren sacar adelante a su familia y darle a sus hijos una mejor educación,” relata Víctor, añadiendo que igualmente tiene sobrinos que han emigrado, todos ahora trabajando arduamente en proyectos de construcción, que tienden a ser peligrosos.

De hecho, uno de sus hermanos sufrió un grave accidente trabajando en la construcción mientras manejaba una pistola eléctrica de clavos, una lesión que lo incapacitó por tres meses. Más que el dolor e impotencia a lo largo de su recuperación, durante este periodo su hermano no pudo generar ingresos ni apoyar a su familia en Guatemala.

“Si acá tuviéramos medios para no migrar a otros países, quizás nos sintiéramos más gustosos de no abandonar a nuestras familias,” dice Víctor, recordando su propia experiencia de migrante hacia Estados Unidos, donde permaneció dos años antes de ser regresado a Guatemala.

No hace mucho tiempo atrás, Víctor contemplaba nuevamente el regresar al país norteamericano, pero el apoyo del proyecto que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) promueve en su zona geográfica le hizo cambiar de opinión, brindándole motivos prometedores para quedarse e invertir en su tierra.

Si bien la migración internacional sigue siendo una opción atractiva para algunos, cabe resaltar el gran potencial que presenta la economía del café en Guatemala, siendo esta una actividad que requiere de unos 70 millones de jornales al año en todo el país.

Además de los 500.000 empleos relacionados al sector del café, todo empleo directo e indirecto – incluyendo los jornaleros – se convierte en una opción económicamente viable a través de este tipo de capacitaciones de innovación y adaptación al cambio climático.

Con cosechas más rendidoras y mejores ingresos, los salarios y número de empleos siguen aumentando, creando el tan anhelando efecto multiplicador de ingresos y de consumo en las mismas comunidades rurales que contemplan migrar.

“Gracias a los (técnicos) de la FAO, nos han ayudado a alimentar nuestra ciencia (de producción)”, dice, reconociendo el cambio drástico que ha visto en su metodología, disciplina y enfoque hacia sus cafetales, en base a las buenas prácticas y seguimiento técnico prestados.

“Yo tengo unas 20 cuerdas (unas ocho hectáreas) de cafetal, y (ahora) las trabajo de diferente forma. Por ejemplo, yo no establecía barreras en nuestras parcelas y ahora tengo terrazas continuas y (también implemento) la técnica de cajueleado con abono orgánico, entre otros manejos adecuados que FAO nos ha enseñado”, explica Víctor, hablando de técnicas prácticas de retención de agua en tiempos de sequía y de fortalecimiento de la planta de manera plenamente orgánica.

Otro promotor y empresario de la región, Byron Chalés, del municipio de Colotenango, relata experiencias similares de migración en su familia.

Byron J. Cháles, un pequeño caficultor del departamento de Huehuetenango, en Guatemala, ha logrado tener una alta producción de café con un manejo eficiente de los recursos. Crédito: Luis Sánchez Díaz/FAO
Byron J. Cháles, un pequeño caficultor del departamento de Huehuetenango, en Guatemala, ha logrado tener una alta producción de café con un manejo eficiente de los recursos. Crédito: Luis Sánchez Díaz/FAO

“Mis hermanos están allá y el trabajo es el mismo que hay aquí, solo que (allá) hay que luchar mucho y sin apoyo familiar”, comenta, recalcando que sus hermanos dicen estar bien en Estados Unidos pero que sienten tristeza de no estar con su familia y de saber que algunos familiares fallecen en Guatemala sin ellos poder estar presentes.

“Aquí hay mejor calidad de vida”, afirma Byron, “gracias a la producción de café y gracias a la gente de la comunidad”.

“Yo pienso que (al migrar) se sufre al abandonar a las familias. Aquí se puede luchar y ganar la vida. Aquí somos trabajadores y eso nos permite vivir bien”, concluye Byron.

El aprendizaje continuo como vehículo hacia una resiliencia fortalecida

Víctor y Byron son dos productores que pertenecen a organizaciones cafetaleras en Huehuetenango a las que la FAO apoya por medio del proyecto que persigue la sostenibilidad de los sistema productivos de café, capacitando a campesinos cafetaleros a pequeña escala en diferentes zonas de  Huehuetenango.

También trabaja en este departamento, capacitando a 16 agencias de extensión del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación y 12 organizaciones de caficultores.

Los jóvenes huehuetecos demuestran constante interés en aprender para mejorar su producción.

Siguiendo los lineamientos impartidos por técnicos del proyecto, Víctor habla del gran valor añadido en sus ingresos al haber implementado dichas prácticas para renovar sus cafetales y estructurar su enfoque de producción de manera más ecológica, resiliente a cambios climáticos y rendidora.

“He reformado mis cafetales que tal vez tenían unos 40 años de edad pero he aprendido a hacer la renovación y ahora como ven, tengo una plantación bastante joven que apenas tiene tres años de edad,” explica Víctor.

Resultados como estos son los que la FAO utiliza como experiencias exitosas y catalizadoras para impulsar a otros pequeños caficultores a innovar y a invertir en su futuro sin poner en riesgo sus vidas en otra ocupación u otro país.

En cuanto a Byron, él reconoce la disposición de su comunidad por querer aprender y mejorar sus medios de vida, una disposición primordial a medida que sus amigos y vecinos innovan y adaptan su producción para que sea más productiva y resiliente.

“Mis amigos y vecinos disfrutan de las charlas [sobre la producción de café] que yo les estoy compartiendo. Ellos me preguntan cómo hacer las cosas y yo les doy mis consejos. Ellos quieren aprender como yo” indica Byron.

De los 125.182 productores de café en Guatemala, 96 por ciento son pequeños productores, razón por la cual la FAO prioriza este nicho de producción para asegurar mejores cosechas en sus propias tierras e impulsarlos como empresarios –en el caso Víctor y Byron– hacia medios de vida sostenibles para ellos y sus familias donde la nutrición, la seguridad alimentaria, la salud y la educación sean la norma y no la excepción.

De pequeños caficultores a líderes promotores y empresarios

Víctor explica la importancia de formar parte de la asociación de productores de café a la que pertenece. Son estos productores asociados los que el proyecto identificó, entre otros, como recipientes de las capacitaciones que los impulsa a convertirse en líderes comunitarios y promotores y empresarios del café.

Víctor y Byron valoran las experiencias aprendidas que ahora comparten – dentro y fuera de Guatemala – con otros productores interesados en innovar.

“FAO se ha hecho muy presente”, estima Víctor, dándose la vuelta y observando sus cafetales con orgullo, ansioso de seguir compartiendo con otros caficultores lo que ya ha aprendido.

Para Víctor y Byron, la implementación de las buenas prácticas para asegurar una mejor cosecha y para salvaguardar los cultivos con estrés hídrico a causa de sequías ha sido un efecto multiplicador y de diversificación de ingresos.

En el caso de Víctor, gracias a su aumento de ingresos ha podido invertir en almácigos de café, actividad que ahora le brinda el doble de ganancias de lo inicialmente invertido, mientras que Byron valora su labor plenamente orgánica en su producción, lo que le resulta en mejores ingresos.

“Con eso le estoy dando educación a mis hijos, me mantengo mejor y mantengo mejor a mi familia, a quien quiero ver más adelante con un mejor futuro,” dice Víctor. ”En nuestro medio tal vez antes no se podía, pero con las capacitaciones hemos salido adelante”, explica.

Pensando a futuro, Víctor sonríe, describiendo su compromiso consigo mismo para seguir superándose y convertirse en un mejor y más grande empresario.

Más aún, en función del potencial que ahora ve en su comunidad, Víctor quisiera motivar a sus familiares y compañeros de trabajo a que no emigren fuera de Guatemala.  Por experiencia propia, habla del camino largo y arduo hacia la frontera con Estados Unidos, cuando en sus propias comunidades existe el potencial que ahora él está pudiendo explotar, compartir y valorar muy de cerca.

Por su lado, Byron tiene absoluta confianza en poder compartir su pasión por el café con sus hijos, actividad que ya le está permitiendo apoyar y asegurar el futuro educativo y empresarial de su familia.

“Yo voy a seguir dándole seguimiento para que ellos aprendan igual que yo para trabajar en el café. Pienso seguir capacitando y compré unas herramientas (con los nuevos ingresos) para enseñarle a mi familia el negocio”, relata Byron.

Más que coincidir en su compromiso y amor por el café, Víctor y Byron concuerdan sobre el gran potencial de sus comunidades.

“Sería mejor trabajar acá en nuestras parcelas para darle una mejor educación a nuestras familias y no tener que abandonarlas”, concluye Víctor, quien recuerda vívidamente su experiencia como migrante y el largo camino que ha recorrido desde esos días inciertos hasta hoy día, un presente que le permite disfrutar de los frutos de su producción local.

Byron concuerda con esta visión, y reconoce la importancia de la unión comunitaria en su vecindario para brindarle el mayor aporte posible a la comunidad sin tener que hacerlo desde otro país. Indica que: “La comunidad en sí me apoya para quedarme trabajando aquí y no ir a otro lado, ellos me aconsejan”.

En 2011, Huehuetenango reportó 60,5 por ciento de su población viviendo en pobreza (casi siete puntos porcentuales más que la tasa nacional), mientras que la prevalencia de inseguridad alimentaria departamental llegaba a 87,5 por ciento en el mismo año.

Este artículo fue publicado originalmente por la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe. IPS lo distribuye por un acuerdo especial de difusión con esta oficina regional de la FAO

Revisado por Estrella Gutiérrez

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe