La economía, ¿el talón de Aquiles de izquierda latinoamericana?

El “keynesianismo mal entendido”, la desconfianza en el mercado y la propensión al intervencionismo y los controles son ingredientes para las distorsiones económicas de la izquierda latinoamericana, indican analistas consultados por IPS. Crédito: Marcos Santos/USP Imagens
El “keynesianismo mal entendido”, la desconfianza en el mercado y la propensión al gasto excesivo, el intervencionismo y los controles son ingredientes para las distorsiones económicas de la izquierda latinoamericana, indican analistas consultados por IPS. Crédito: Marcos Santos/USP Imagens

Gobiernos considerados de izquierda están cayendo en América Latina desgastados por desastres económicos. ¿Por qué los izquierdistas tropiezan en la gestión económica?, preguntó IPS a economistas de distintas corrientes ideológicas.

Se trata de líderes o partidos que por sus éxitos sobre todo sociales conquistaron una popularidad electoralmente imbatible por más de una década, pero no lograron evitar o lidiar con crisis económicas que en poco tiempo destruyeron su fuerza política.

“Es por la visión populista de que se puede gastar a gusto y, peor, practicar precios en el sector estatal abajo del costo, con subsidios del Tesoro. Todo converge al desastre en las cuentas públicas”, sentenció Raul Velloso, experto en finanzas públicas que ejerció importantes funciones en los gobiernos brasileños durante las décadas de los 80 y 90.[pullquote]3[/pullquote]

Hildete Pereira de Melo, profesora de la Universidad Federal Fluminense, rechaza la evaluación que atribuye la derrocada a errores de la izquierda, por lo menos en Brasil.

“La actual recesión económica es corolario de la crisis política provocada por fuerzas conservadoras que no aceptaron la derrota electoral de 2014”, sostuvo, acogiendo la versión del Partido de los Trabajadores (PT), que estuvo en el poder entre 2003 y 12 de mayo con Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Entre esas opiniones opuestas, otros análisis apuntan matices de la gestión económica de los gobiernos considerados de izquierda que contribuyeron al vuelco a la derecha de los dos países más grandes de América del Sur.

A diferencia de Brasil, donde el parlamento suspendió de sus funciones a la presidenta Rousseff, al abrirle un juicio de inhabilitación, y la reemplazó en forma interina el vicepresidente Michel Temer, en Argentina el cambio se hizo por las elecciones de noviembre de 2015, en que triunfó el centroderechista Mauricio Macri.

“La izquierda de hecho conduce mal la política económica en América Latina, pero la derecha tampoco lo hace bien. Las razones son distintas, pero el resultado es siempre la mediocre situación regional”, observó Fernando Cardim de Carvalho, profesor jubilado de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Los juicios contrastan porque “de la derecha poco se espera y la izquierda llega al poder  prometiendo mucho y se complica por su voluntarismo”, acotó.

“El desconocimiento de cómo opera una economía capitalista, basada en el mercado”, es una de las dos insuficiencias destacadas por Cardim en la visión de la izquierda latinoamericana.

La consecuencia es creer que “todo es cuestión de poder”, sin considerar los límites impuestos por los intereses y decisiones voluntarias del mercado y por el hecho de que el gobierno depende de coaliciones políticas sólidas.

La segunda limitación de los gobiernos dichos de izquierda es “no transformar estructuras, no crear instituciones y otros instrumentos para perennizar los cambios”.

La Bolsa Familia, el programa que ofrece pequeñas sumas a 14 millones de familias pobres en Brasil,  reduce la pobreza “pero nada cambia estructuralmente, puede desaparecer con un recorte del presupuesto”, realzó Cardim.

Un operativo de tratamiento bucal en marzo de 2016 en una comunidad indígena del noroccidental estado de Acre, en Brasil, que forma parte del programa de Bolsa Familia. Economistas critican que estos programas no trasciendan el asistencialismo para promover cambios estructurales en la distribución del ingreso. Crédito: Arison Jardim/ Secom
Un operativo de tratamiento bucal en marzo de 2016 en una comunidad indígena del noroccidental estado de Acre, en Brasil, que forma parte del programa de Bolsa Familia. Economistas critican que estos programas no trasciendan el asistencialismo para promover cambios estructurales en la distribución del ingreso. Crédito: Arison Jardim/ Secom

Lo que hizo el PT en Brasil, con la  Bolsa Familia y otros programas sociales, “no es siquiera de izquierda”, es similar, por ejemplo, a lo hecho por los democratacristianos de Alemania con la “ayuda a los menos favorecidos, sin cambios estructurales”, sostuvo.

“Política de izquierda sería crear mecanismos institucionales de redistribución del ingreso y de riqueza, como impuestos progresivos sobre la renta” adoptados por los socialdemócratas en Europa, ejemplificó.

Desequilibrios fiscales son problemas comunes en los gobiernos que están dejando la escena sudamericana. En Brasil es una dimensión clave de la crisis y de salida, por ahora interina y probablemente definitiva, de la presidenta Rousseff, acusada de fraudes fiscales que justificarían su inhabilitación.

En Brasil, particularmente, el riesgo de desbaratar las cuentas públicas es agudo debido a la carga tributaria en el límite tolerable por la sociedad, intereses elevados sobre la deuda pública, un sistema previsional excesivamente deficitario y una tributación injusta y complejo. Medidas mal evaluadas pueden ser fatales.

El “corazón del desastre” de Rousseff fue eximir o reducir impuestos a algunos sectores empresariales, evaluó Cardim.

“La izquierda en general comparte una enorme desconfianza sobre la eficacia del sistema de precios, es decir el mercado, como distribuidor de recursos escasos, por ello cree que el Estado debe intervenir en ese sistema para evitar distorsiones injustas en términos de equidad social”, razonó Luis Eduardo Assis, exdirector del Banco Central.[related_articles]

En consecuencia, para esa izquierda, “el Estado tiene que ser grande y, por ende, consume recursos abultados y exige, al asumir funciones que serían ejercidas por el mercado, una gestión increíblemente compleja y pasible de errores graves de evaluación, como la congelación de precios”, continuó.

De esa visión resulta la creencia de que los gastos públicos son siempre virtuosos, al estimular la economía, de manera “que habrá más adelante una generación de impuestos suficiente para financiar el déficit originalmente provocado por los gastos gubernamentales, una visión equivocada de lo que dijo Keynes”, concluyó Assis.

Es posible que muchos errores cometidos por la izquierda latinoamericana se deban a un “keynesianismo mal asimilado”, de considerar que “cualquier intervención del Estado en la economía es keynesiana y progresista, una tontería”, opinó Cardim, un especialista en las ideas del economista británico John Maynard Keynes, muerto en 1946.

Fue puro “populismo”, la tentación de ganar elecciones con base a la expansión del gasto público y los subsidios, según Velloso, defensor del equilibrio fiscal.

Pero comprende contradicciones porque termina por arruinar el Estado y congelar los precios públicos para contener la inflación produce una explosión inflacionaria en el futuro, cuando la corrección se impone, como ocurrió este siglo en Argentina y Brasil.

Los dos países adoptaron políticas económicas similares, en el “modelo populista proconsumo”, diagnosticó Velloso en una publicación coescrita con dos economistas argentinos y otro brasileño en 2014, “Intervención estatal y populismo, Argentina en el inicio del siglo XXI”, en que se apunta la decadencia del ciclo argentino.

La crisis brasileña es de la democracia, “el caso más emblemático del impacto de la crisis política en la economía”, discrepa De Melo, identificando un “círculo vicioso” entre ese proceso interno, el “vuelco de los vientos internacionales” con la crisis financiera estallada en 2008 y la retracción de las inversiones privadas.

Pero reconoce que Rousseff cometió un error al reducir los impuestos a las empresas de algunos sectores, porque el gran problema fiscal en Brasil es la injusticia tributaria. “La carga es muy elevada para todos, pero no para el capital, los bancos y los ricos”, adujo.

Editado por Estrella Gutiérrez

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