BRASIL: Mujeres enarbolan derechos en favelas pacificadas

La paz forzada que viven más de 200.000 habitantes del conjunto de favelas Complexo do Alemão, ocupado por las Fuerzas Armadas brasileñas en Río de Janeiro, abre camino sin embargo para reconocer los derechos más básicos.

Mientras el tráfico de drogas y las bandas armadas son el problema con el que más se identifica a estos vecindarios hacinados, la violencia contra las mujeres se mantenía hasta ahora velada, aunque muy frecuente, y poco atendida por las autoridades.

Las mujeres "no podían abrir la boca y no tenían a quién recurrir. Era mucha agresión. Maridos violentos que zurran a las mujeres hay en cualquier sociedad, pero por ser una comunidad encerrada, las leyes y la protección, todo se hace más vulnerable", dijo a IPS Sheila Santos de Andrade, de 34 años.

La comisaria de policía Celia Silva Rosa, encargada de atender a mujeres víctimas de agresión o abusos, dijo a IPS que "antes de la ‘pacificación’, eran pocas las quejas de víctimas de las comunidades pobres. Muchas tenían miedo de sufrir represalias del tráfico de drogas".

"Los autores de los crímenes las amenazaban con denunciarlas al jefe local del narcotráfico", dijo.
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En diciembre, un equipo policial permaneció una semana en el Complexo do Alemão para registrar denuncias.

La mayor parte de esas denuncias son sobre lesiones físicas y amenazas, comentó Rosa. "En aquella semana en que estuvimos en las favelas, se denunciaron muchos de esos casos. E incluso dos personas fueron atrapadas en agresión in fraganti. Las mujeres empiezan a reclamar sus derechos", destacó Rosa.

Andrade preside una asociación de mujeres del Complexo do Alemão que quieren dar continuidad a un proyecto efectuado en asociación con el Ministerio de Justicia que se conoce como Mujeres de la Paz.

"Aquí las personas creen que son impunes, y la agresión pasaba sin ser percibida. Prevalecía el pensamiento de que si soy agredida y estoy en una favela, es difícil denunciar", describió.

Andrade vivió la violencia en su propio hogar. Su hija de 13 años fue baleada durante un tiroteo en calle en 2007, cuando la policía efectuó un enorme operativo contra bandas delictivas. Los proyectiles atravesaron la pared de su casa e hirieron a la niña. Entonces murieron 19 hombres, según datos policiales que son desmentidos por organizaciones de derechos humanos.

"Yo fui víctima de la guerra y tuve a mi hija herida de bala. Eso me marcó", relató. Su sueño es que, un día, todos tengan una "meta" constructiva y que no se necesite más al Ejército para vigilar las calles.

La llamada Fuerza de Pacificación, con unos 1.700 soldados, ocupa desde hace casi tres meses el Complexo do Alemão y favelas cercanas en el norte de Río. Cada dos horas, todos los días, patrullas militares recorren las calles a pie o en vehículos.

"Todos piensan que esta es una paz forzada. Lo que queríamos era paz sin acciones policiales. Es un sueño que un día tal vez ocurra", dijo Andrade.

Pero si el ejército "se fuera ahora, no puedo garantizar que no volveríamos" a la violencia, reconoció. "Con la educación de esta nueva generación, los niños van aprendiendo a convivir en paz", dijo.

Hay muchas semejanzas entre la estructura y tácticas utilizadas desde 2004 por las tropas brasileñas en la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití y las que aplican en las favelas.

La actuación en las favelas cariocas "contiene similitudes", admitió el portavoz de la Fuerza de Pacificación, Fabiano de Carvalho.

Se prevé que los militares permanezcan aquí hasta octubre cuando deberían ser reemplazados por las Unidades de Policía Pacificadora (UPP).

Como Sheila Andrade, Anatalia dos Santos y Elaine Moreno también son Mujeres de la Paz, consideradas las grandes madres de la comunidad.

Todas tienen en común un pasado con momentos de violencia, pérdidas y dificultades.

"Somos líderes en la comunidad, abrazamos y llevamos a los jóvenes vulnerables a un curso para profesionalizarlos. Las Mujeres de la Paz los acompañan para que comprendan que vale la pena estudiar", describió Anatalia dos Santos, que reclama más atención a la juventud desempleada.

Dos Santos es una de las 150 mujeres que integran en esta favela el proyecto del Programa Nacional de Seguridad con Ciudadanía del Ministerio de Justicia.

Las Mujeres de la Paz tienen la tarea de identificar a jóvenes entre 15 y 29 años que estén en situación de riesgo y enviarlos a cursos de formación laboral, acompañándolos en el proceso.

"Al principio había temor sobre cómo nos vería la comunidad trabajando con un proyecto social del gobierno. Yo tenía miedo de andar por las calles", confesó Dos Santos, que asumió este trabajo social en 2008, aún antes de que empezaran las acciones de pacificación.

El recelo de las madres era ser confundidas con informantes de la policía.

"Estoy muy feliz de poder ayudar, siempre quise trabajar con un proyecto social, rescatar a las personas y hacer que conozcan sus derechos y quieran cambiar de vida", aseveró.

El Complexo do Alemão concentraba casi 40 por ciento de los delitos cometidos en Río y solía ser conocido como la "franja de Gaza" carioca, en referencia al violento territorio palestino ocupado por Israel.

Pero aquí pasan muchas otras cosas. El embarazo precoz, por ejemplo, es un problema muy vigente para gran cantidad de adolescentes.

Elaine Moreno vive hace más de 20 años en Fazendinha, una de las favelas del Complexo do Alemão, y confirma la dificultad de acceder a consultas ginecológicas.

"Faltan médicos. No es fácil conseguir una cita en el puesto de salud ni información sobre planificación familiar", dijo Moreno.

Para ella es gratificante atender a alguien que no "sabe qué hacer y mostrarle una puerta de salida".

En su opinión, la población local ya no vive con la tensión de antaño y ahora puede exigir sus derechos.

"Con la presencia de la ley, los niños crecen sin ver a los traficantes de drogas bebiendo y fumando. Viven con seguridad. Nadie podía acostumbrarse a lo que pasaba antes", aseguró.

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