ESTADOS UNIDOS: Obama cumple un año con deudas en política exterior

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se apresta a iniciar su segundo año de mandato, y la cada vez más preocupante situación internacional pesa fuertemente sobre sus espaldas.

En Medio Oriente y Asia meridional, que acapararon la mayor parte de su energía en política internacional desde que asumió, el mandatario ha hecho muy poco o ningún progreso en sus dos principales prioridades regionales: avanzar hacia la "solución de los dos estados" en el conflicto palestino-israelí y estabilizar Afganistán.

Y aunque mantuvo su plazo para retirar gradualmente las tropas de Iraq, los últimos acontecimientos en ese país –incluyendo la proscripción pendiente de unos 500 políticos, en su mayoría sunitas, para presentarse en las elecciones de marzo, así como los mortales bombardeos en el corazón de Bagdad—han subrayado la fragilidad de la estrategia estadounidense.

Mientras, Obama ha exitosamente esquivado la presión de Israel y de sus poderosos aliados en Washington para llevar adelante una política de confrontación con Irán. Sin embargo, no está claro aún cuánto tiempo podrá seguir resistiendo, particularmente ante la falta de una respuesta de Teherán y la mayor unidad de otros miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas: China y Rusia.

Pero, si bien es casi seguro que los desafíos en el mundo islámico —la mayoría heredados de las desastrosas políticas de su predecesor, George W. Bush (2001-2009)— van a continuar en la primera línea de la política exterior durante el segundo año de gobierno de Obama, es Asia Pacífico una región de creciente preocupación, en especial las relaciones con China y Japón, y potencialmente con mayores consecuencias.
[related_articles]
Justo cuando el respaldo popular interno a Obama ha disminuido respecto de sus primeros meses en el cargo (aunque todavía es más alto que cualquier otra figura política nacional estadounidense), la enorme expectativa generada en el exterior por su elección parece desaparecer gradualmente.

El decepcionante resultado de la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, celebrada en diciembre en Copenhague, de cuya negociación final Europa fue literalmente excluida, así como a la escalada militar en Afganistán y la falta de compromisos de parte de sus aliados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), confirmaron para muchos que la política exterior de Obama está más caracterizada por la continuidad que por el cambio.

Incluso en América Latina, la figura de Obama está también perdiendo brillo, y se desvanecen las expectativas de una nueva era en el hemisferio.

Viejos resentimientos resurgieron con su timidez para aliviar el embargo económico de 50 años que Estados Unidos aplica a Cuba, su falta de consultas regionales para un acuerdo sobre instalación de bases militares en Colombia y su abrupto abandono de las demandas internacionales para que el presidente hondureño Manuel Zelaya fuera restaurado en el cargo tras ser víctima de un golpe de Estado en junio.

El hecho de que Obama comience su segundo año en el cargo más debilitado políticamente a nivel interno –lo que fue reciente y drásticamente expresado la semana pasada en la pérdida por parte del gobernante Partido Demócrata en el nororiental estado de Massachusetts del clave asiento número 60 en el Senado—seguramente también reducirá su libertad de acción en la escena internacional.

Sin una mayoría a prueba de obstrucciones en la cámara alta, será más difícil aprobar una importante ley para reducir las emisiones de gases invernadero de Estados Unidos, que la mayoría de los observadores ven como necesaria para que se alcance un nuevo tratado internacional vinculante sobre cambio climático que tome el lugar del Protocolo de Kyoto.

Lo mismo se aplica en gran medida a las esperanzas de Obama de lograr la ratificación del largamente pendiente Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, que expertos consideran clave para la credibilidad de a ambiciosa agenda contra la proliferación atómica que presentó al detalle en un discurso en abril de 2009.

Para prevalecer en ambos temas, Obama tendrá que invertir un precioso capital político, incluso para atraer demócratas conservadores, que forman el sector más vulnerable de cara a las elecciones legislativas de mediados de noviembre, ni que hablar a miembros del opositor Partido Republicano.

Una demora o un fracaso en estas iniciativas significarían un duro golpe a su credibilidad internacional, especialmente entre los aliados europeos de Washington, y a sus esfuerzos para promover una mayor cooperación multilateral.

Asimismo, la percibida debilidad de Obama y las preocupaciones electorales de los demócratas en el Congreso legislativo seguramente le restarán fuerza para presionar a Israel a que haga compromisos significativos en una propuesta "solución de los dos estados" con los palestinos, a pesar de las afirmaciones de su enviado especial, George Mitchell, de que Washington espera concluir un acuerdo dentro de dos años.

Pero la continuada parálisis en ese frente, sin embargo, preocupa profundamente a muchos funcionarios de la administración y expertos independientes, quienes creen que debilita las fuerzas moderadas en todo el mundo árabe y más allá, para beneficio de Irán y de la red radical islámica Al Qaeda.

Algunos, incluso los aliados árabes más cercanos a Washington, alertan sobre una posible nueva Intifada (levantamiento popular palestino contra la ocupación israelí), dependiendo de cómo Estados Unidos e Israel reaccionen. Ese levantamiento podría elevar el sentimiento antiestadounidense en la región a los niveles sin precedentes alcanzados por el gobierno Bush.

Mientras, la fragilidad de la situación política en Iraq, especialmente tras la proscripción de candidatos sunitas por parte de la comisión electoral, causa temores de que renazca una nueva guerra sectaria. Expertos alertan que la crisis podría obligar a Washington a revisar por completo su estrategia.

Al mismo tiempo, altos funcionarios militares estadounidenses predicen un año sangriento en Afganistán, mientras la OTAN intenta revertir la percepción de que la insurgencia del movimiento islamista Talibán está ganando la guerra.

Sin embargo, es Asia Pacífico la región que le ofrece al gobierno de Obama los mayores desafíos a largo plazo.

Luego de casi 15 años de relativa calma, las relaciones entre Estados Unidos y China podrían ingresar a una seria tensión, ante acusaciones de censura y espionaje por Internet contra Beijing, y las protestas chinas contra Washington por un acuerdo de venta de armas a Taiwan.

Al mismo tiempo, la victoria electoral del Partido Democrático de Japón, cuya plataforma de política exterior llamaba a revisar las relaciones de seguridad con Estados Unidos y estrechar vínculos con Beijing y el resto del continente asiático, también causa inquietud en Washington.

* El blog de Jim Lobe sobre política exterior de Estados Unidos puede leerse en: http://www.ips.org/blog/jimlobe/

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe