COMERCIO: Ronda de Doha entre papeles de lija

El intento de la OMC de allanar las diferencias que entorpecen las negociaciones comerciales de la Ronda de Doha mediante dos bosquejos de acuerdos sobre agricultura y productos industriales, encontró reparos apenas los divulgó.

Los 150 Estados adheridos a la OMC (Organización Mundial del Comercio) evitaron de manera oficial las reacciones sustantivas inmediatas, aunque Estados Unidos y la Unión Europea, las dos mayores potencias comerciales, saludaron con expresiones cautelosas la aparición este martes de los papeles, como se los llama en la jerga negociadora.

En cambio, delegados de países en desarrollo ya respondieron con críticas al proyecto elaborado por el presidente del comité de negociaciones sobre productos industriales, el canadiense Don Stephenson.

Las respuestas más airadas provinieron de miembros del grupo NAMA 11 (siglas en inglés de acceso a mercados no agrícolas), que reúne a naciones dispuestas a aceptar menores reducciones arancelarias para la importación de bienes industriales.

Si no reaccionamos ahora con firmeza, en septiembre, cuando la OMC reanude las negociaciones, "nos pasarán por encima", dijo a IPS el delegado de uno de esas naciones, que pidió reserva de su nombre.
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Los países del grupo NAMA 11, entre los que figuran Sudáfrica, Argentina, Brasil e India, examinarán el documento de Stephenson este miércoles.

La investigadora Céline Charveriat, de la organización internacional humanitaria Oxfam, sostuvo que ese texto sobre productos industriales entendió totalmente al revés el mandato de las negociaciones, "pues le exige a un país en desarrollo como Brasil una reducción arancelaria del doble que a Estados Unidos".

Charveriat aludía al ciclo de negociaciones lanzado en noviembre de 2001 en la capital de Qatar, que tomó el nombre de Ronda de Doha para el Desarrollo porque debía restablecer el equilibrio en las relaciones comerciales internacionales, sesgadas a favor de las naciones industrializadas desde la anterior Ronda Uruguay (1986-1994).

La experta de Oxfam opinó que la propuesta de Stephenson fuerza a un puñado de países en desarrollo, con poblaciones numerosas y en aumento, "a soportar el peso del acuerdo de la OMC". Eso conducirá a la pérdida de empleos y obstaculizará los esfuerzos de las naciones en desarrollo por avanzar a sectores industriales de mayor valor agregado, dijo.

La propuesta del presidente del comité de negociaciones agrícolas, el neocelandés Crawford Falconer, tampoco mereció aprobaciones unánimes.

Charveriat aceptó que ese documento contiene algunos progresos pues supera las ofertas de liberalización presentadas por Estados Unidos y la Unión Europea, pero alertó de los peligros que pueden aparecer cuando se negocien los detalles.

En uno de los puntos críticos de la negociación agrícola, el monto de las subvenciones que Estados Unidos puede otorgar a sus agricultores, Falconer propone que la cifra final oscile entre 13.000 millones de dólares y 16.380 millones de dólares por año.

Los negociadores estadounidenses habían ofrecido fijar un monto de 17.000 millones en ese rubro denominado apoyo interno. Esa cifra supera el promedio de 15.400 millones de dólares que Washington destinó anualmente entre 1995 y 2005 para sufragar el déficit de las explotaciones agrícolas improductivas.

Por su parte, el Grupo de los 20 (G-20), integrado por países en desarrollo con intereses agrícolas y liderado por Brasil e India, reclama a Estados Unidos que reduzca esas subvenciones anuales a 12.100 millones de dólares.

Con relación a la propuesta de Falconer sobre aranceles agrícolas, Charveriat observó que esa iniciativa condena a los países en desarrollo con grandes poblaciones rurales a efectuar reducciones de esos derechos de importación más pronunciadas que las aplicadas por los países ricos a causa de la Ronda Uruguay.

Fuentes allegadas al G-20 anunciaron que el grupo discutirá esta semana la propuesta de Falconer. Otro núcleo de naciones interesadas en la negociación agrícola, el Grupo de Cairns, de 19 países agroexportadores, se reunirá también en la semana con los mismos fines.

La OMC, que entrará en receso durante el mes de agosto, ha citado a los comités de agricultura y de productos industriales para debates preliminares de los dos textos. Una discusión más profunda se efectuará en sesiones del comité de negociaciones comerciales, el 26 de este mes, y del consejo general de la institución, al día siguiente.

Pascal Lamy, director general de la OMC, que apoyó el trabajo realizado por Stephenson y Falconer, admitió que los Estados miembros "no estarán plenamente satisfechos con los textos" aunque estimó que "lo que hoy los separa es menos de lo que los une".

Con una visión crítica del proceso de Doha, un grupo de organizaciones no gubernamentales interesadas en las negociaciones comerciales sostuvieron que "lo que debía ser la ronda del desarrollo ha sido prácticamente lo opuesto".

El programa de Doha ha sido manipulado para ponerlo al servicio de los intereses de las potencias industrializadas del Norte que buscan ampliar el acceso al mercado para sus empresas transnacionales, dijeron.

Las entidades de la sociedad civil, entre las que figuran ActionAid, la Asociación para la Fijación de Impuestos a las Transacciones Financieras para Ayudar a los Ciudadanos (Attac), Amigos de la Tierra, el Instituto de Política Agrícola y Comercial y Focus on the Global South, afirman que la OMC "está sumida en una crisis de legitimidad".

Declarar la muerte de Doha no significa el fin del sistema mundial de comercio, advierten. Por ese motivo, exhortan a admitir el fracaso de la ronda y a establecer una moratoria de dos años para repensar el modelo y el proceso de negociaciones mundiales en materia de comercio.

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