KABUL – Afganistán se enfrenta a una grave escasez de médicos, pero aun así el régimen islamista del país ha impuesto restricciones a las estudiantes para que no puedan graduarse, lo que agrava aún más la la crisis. Para peor, a las licenciadas en medicina se les prohíbe presentarse a los exámenes que les otorgan la titulación profesional necesaria para ejercer como médicas.
La joven Nilab (nombre ficticio para proteger su identidad) se licenció en Medicina hace tres años en la Universidad Al-Birun, en la oriental provincia de Parwan. No ha podido ejercer su profesión porque los talibanes han prohibido a las mujeres presentarse al examen final de Medicina.
Ese examen final es una prueba destinada a evaluar la competencia de los licenciados en Medicina. Se realiza tras siete años de estudios. Una vez superado el examen, se concede al licenciado la licencia para ejercer la medicina. Quienes han obtenido la licencia también pueden solicitar formación de especialización en hospitales universitarios.
«Si un médico no aprueba el examen final obligatorio, la situación es la misma que si fuera un estudiante que acaba de terminar el instituto. Al solicitar un puesto de trabajo en cualquier centro de salud, la primera pregunta es: ‘¿Ha realizado el examen final?’. Sin él, no se puede trabajar en ningún hospital, ni siquiera como enfermera», afirma Nilab.
El examen final se celebró por última vez para las mujeres en 2021, el año que en agosto retornaron al poder los talibanes, tras haber gobernado el país entre 1996 y 2001. Desde entonces, solo se ha permitido a los hombres presentarse al examen.
Esa situación está agravando la ya grave escasez de médicos en Afganistán
«Estudié durante 19 años. De ese tiempo, viví en una residencia en otra provincia durante siete años, lejos de mi familia. Fue una época difícil. En la etapa final, un solo examen, el examen final, ha frenado todo mi progreso. Ahora me han arrebatado mi futuro», detalla apesadumbrada Nilab.
Ella vive con su madre en Kabul, y su familia tiene siete hermanos: cuatro chicas y tres chicos.
Dos de sus hermanas y dos de sus hermanos también se han graduado en la universidad, pero su futuro es incierto.
Su hermana menor obtuvo una de las puntuaciones más altas en el examen nacional de acceso a la universidad y fue admitida para estudiar medicina, pero no pudo completar sus estudios. Otro de los hermanos de Nilab se graduó en literatura rusa, pero está desempleado.
Los únicos ingresos de la familia provienen de su madre y de una de sus hermanas, otra médica llamada Khalida (otro nombre ficticio), que trabajan como profesoras de niñas de primaria en una escuela pública. Con sus escasos salarios, soportan la carga económica de toda la familia.
Nilab ha intentado ganarse la vida por otros medios. Hasta hace poco, a las mujeres se les permitía estudiar en escuelas técnicas de salud no universitarias.
«A pesar de todas las dificultades, trabajé como profesora en una escuela de salud de dos años. Sin embargo, en enero de 2025, también perdí esa oportunidad cuando los talibanes cerraron las escuelas de técnicas de medicina», dice Nilab.
Los años de educación desperdiciados le han causado una pesada carga psicológica, estrés y ansiedad.
«Hemos visto cómo muchas mujeres jóvenes se han quitado la vida en los últimos años. La confianza de las jóvenes en el gobierno, la justicia y los derechos humanos se ha desplomado hasta llegar a cero. Cuando se silencian las voces de las mujeres y estas permanecen encerradas dentro de nosotras, se convierte en un dolor insoportable. El dolor nos desgasta, se convierte en una herida que no cicatriza», describe.
La decisión de los talibanes ha afectado a todas las estudiantes femeninas de último curso de medicina que completaron sus estudios en 2022 y años posteriores. Ahora hay escasez de mujeres en medicina interna, odontología, cirugía, cardiología e incluso obstetricia y ginecología.
Khalida, la hermana de Nilab, tuvo la suerte de graduarse en una universidad privada de medicina de Kabul en 2022, cuando las restricciones talibanes para las mujeres aún estaban en proceso de consolidación.

«Nuestras vidas han quedado completamente destrozadas al no poder presentarnos al examen final. El futuro con el que una vez soñamos se ha esfumado. Trabajamos duro para este futuro, lo que incluyó 12 años de colegio, un año de preparación para el examen de acceso a la universidad y siete años en la universidad, pero todo ese esfuerzo se ha perdido ahora», indica Khalida.
Tras graduarse, Khalida trabajó durante un tiempo en varios hospitales privados sin cobrar para adquirir experiencia en el campo. Al mismo tiempo, se especializó en ecografías. Sin embargo, no se organizó el examen final ni el examen necesario para la especialización, y finalmente se vio obligada a quedarse en casa.
A veces, las médicas se ven obligadas a realizar trabajos que no se ajustan a su formación y que están muy mal remunerados.
«También trabajé durante un tiempo en un hospital distribuyendo suplementos nutricionales a pacientes desnutridos. Sin embargo, este es un trabajo que puede hacer incluso alguien con estudios de secundaria. Somos médicas que hemos estudiado medicina durante siete años, y deberíamos atender a las mujeres en los ámbitos relacionados con nuestra profesión», cuenta.
Khalida está estudiando inglés fuera de la universidad, con la esperanza de aprobar el examen nacional de dominio del inglés para poder obtener una beca y continuar sus estudios en el extranjero.
Como su hermana, lamenta que 19 años de estudios en Afganistán no le han permitido aliviar el sufrimiento de los demás ni el suyo propio. Sigue dependiendo del apoyo económico de su familia. Sin él, teme verse obligada a permanecer entre las cuatro paredes de su casa.
Como consecuencia de las numerosas restricciones impuestas por los talibanes a las mujeres, muchas han perdido interés en sus propias vidas. Algunas han perdido la fe en el matrimonio, mientras que otras se han visto obligadas a casarse.
«Soy soltera y no tengo ningún deseo de casarme en Afganistán en las circunstancias actuales. No quiero permitir que la sociedad tenga una nueva generación que sea aún más infeliz que la mía», afirma Khalida.
Los expertos de las Naciones Unidas han advertido de que las restricciones a la educación y el empleo de las mujeres en Afganistán están agravando la crisis sanitaria del país, sobre todo al reducir el número de médicas y otras profesionales sanitarias que podrían tratar a las mujeres.
«Las médicas no podemos atender a las mujeres de nuestra sociedad a pesar de nuestros años de formación. En cambio, nos hemos convertido en una carga para nuestras familias. No hay nada más difícil para una mujer con estudios que esto. Sufrimos simplemente por ser mujeres que vivimos bajo el régimen talibán», lamenta Khalida.
T: MF / ED: EG


