Mujeres dominicanas enfrentan barreras de acceso a la energía y a los empleos verdes

La dominicana Rosa González sufre con los frecuentes cortes de energía en la comunidad donde vive, en el municipio de El Pino. Imagen: Heliana Medina

EL PINO, República Dominicana – “Yo me levanto casi siempre antes de las seis de la mañana, porque una nunca sabe cuándo va a haber luz”, cuenta Rosa González, madre de cinco hijos en una comunidad del municipio de El Pino, en la provincia de Dajabón, en el noroeste de República Dominicana. “Aquí la electricidad llega por ratos, y hay días en que no llega en el día que es cuando más la necesitamos”, detalla.

Para poder empezar el día, enciende una pequeña lámpara de gas y prepara el desayuno en la penumbra. “Uno tiene que resolver con lo que hay. A veces toca hacer todo rápido cuando llega la luz, porque después se va otra vez”, dice.

González ha escuchado sobre proyectos de energía solar en otras comunidades, pero en la suya esa realidad no llega.

Mientras tanto, en la capital Santo Domingo, se anuncian nuevas inversiones en energía renovable y proyectos que prometen acelerar la transición energética del país. Sin embargo, esa transformación no está llegando de la misma manera a todos los territorios ni a todas las personas. Y, en ese proceso, muchas mujeres siguen quedando al margen.

De acuerdo con la ONU, las mujeres y las niñas tienen más probabilidades de cargar con el peso de la pobreza energética y de sufrir los efectos adversos de la falta de acceso a energía segura.

El escenario no es diferente en la República Dominicana. De acuerdo con el último Plan de Acción de Género y Cambio Climático para la República Dominicana, el país se encuentra entre las diez naciones más afectadas por eventos climáticos en el mundo y, en materia de igualdad de género, es el cuarto país con mayor desigualdad de América Latina y el Caribe, después de Haití, Panamá y Guatemala.

Las mujeres enfrentan brechas tanto en el acceso a la energía como en su participación en los sectores que están liderando la transición energética. ONU Mujeres advierte en el informe Igualdad de Género en la Transición Energética Sostenible de 2023, que la transición energética no es automáticamente inclusiva, mientras que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en su Panorama sobre Género y Cambio Climático, señala que las desigualdades de género limitan el acceso de las mujeres a recursos y oportunidades económicas en sectores emergentes como la energía.

En este contexto, el concepto de transición energética justa ha ganado relevancia en la agenda climática global, al vincular la acción climática con la reducción de desigualdades, la generación de empleo y el desarrollo sostenible. Este enfoque ha sido reforzado en decisiones adoptadas en las Conferencias de las Partes (COP), donde se ha insistido en que la transición energética no solo implica reducir emisiones, sino también asegurar que sus beneficios se distribuyan de manera equitativa en la sociedad.

Aunque en República Dominicana no existen datos oficiales desagregados por género sobre pobreza energética, a nivel regional, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) indica que los hogares encabezados por mujeres presentan menores ingresos que aquellos liderados por hombres, lo que incrementa su exposición a condiciones de vulnerabilidad.

Parque eólico. Imagen: Ege-Haina

El mercado se expande, pero no garantiza la igualdad de género

La Comisión Nacional de Energía (CNE) señala que República Dominicana ha dado pasos firmes en los últimos años para diversificar su matriz energética. Con la expansión de parques solares y eólicos, el país ya alcanza cerca de 25 % de generación eléctrica a partir de fuentes renovables, con la meta de elevar esa participación a 30 % para el año 2030.

“La República Dominicana está viviendo un momento decisivo en su transición energética. Ya no estamos hablando de una visión aspiracional, sino de una realidad que se construye con proyectos concretos”, explica Lluvia García, presidenta de WEN-RD y gerente sénior legal de EGE Haina.

Desde su experiencia, el desarrollo de proyectos eólicos, solares e híbridos evidencia la madurez del sector, aunque advierte que aún existen retos estructurales vinculados a la planificación, la transmisión y la incorporación de almacenamiento energético.

Más allá de la infraestructura, la transformación también es conceptual. “Hoy entendemos que la energía no es solo infraestructura. Es competitividad, sostenibilidad, inversión y desarrollo territorial”, añade.

Aunque el sector energético está en expansión, la participación de las mujeres en la industria de las energías renovables continúa siendo desigual, especialmente en áreas técnicas y en espacios de toma de decisiones.

“Cuando inicié mi carrera, la presencia femenina era mucho menos visible, especialmente en los espacios técnicos y de decisión. Hoy eso ha cambiado, pero todavía queda camino por recorrer”, señala García.

A nivel global, las mujeres representan apenas 32 % de la fuerza laboral en energías renovables, y su participación disminuye a medida que aumentan los niveles de especialización y liderazgo, según el estudio Energías Renovables. Una Perspectiva de Género, publicado por la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena).

En República Dominicana, la Superintendencia de Electricidad reporta que 49,92 % de su personal está compuesto por mujeres. Sin embargo, no compartió datos que permitan conocer cuántas ocupan posiciones de liderazgo.

EGE Haina (empresa dominicana de generación de electricidad que opera plantas térmicas y de energía renovable) reporta que cuatro de los 11 miembros de su comité ejecutivo son mujeres. Este contraste evidencia que, aunque la participación femenina ha crecido, persisten brechas estructurales que limitan su acceso a posiciones clave dentro de una industria en plena transformación.

Para cerrar la brecha de género en el sector energético, Yomayra Martinó, doctora en Derecho y fundadora de Greenergy Dominicana, destaca la importancia de formar más talento femenino desde etapas tempranas, a través de becas, orientación vocacional, pasantías y certificaciones técnicas vinculadas a áreas como energía, redes, renovables y digitalización.

Martinó insiste, además, en que la agenda de género debe vincularse directamente con la competitividad del sector. “Incorporar más mujeres en energía no es solo una cuestión de equidad, también implica mejorar la gobernanza, impulsar la innovación y tener una mejor lectura del riesgo”, señala.

Martinó enfatiza que el desafío no termina con el acceso al sector. “Muchas veces no basta con entrar; el verdadero reto es permanecer, crecer profesionalmente y ser escuchada en los espacios donde se toman decisiones estratégicas”, afirma. En ese sentido, considera que más allá de abrir oportunidades, es necesario transformar las condiciones dentro de la industria. “Abrir la puerta es importante, pero lo esencial es garantizar que no vuelva a cerrarse”, añade.

A esto se suman factores culturales que históricamente han asociado estos sectores con lo masculino, así como la falta de referentes femeninos en posiciones de liderazgo.

Paneles solares. Imagen: Ege-HainaTambién existen limitaciones en el acceso a financiamiento y oportunidades laborales dentro de esta industria. En América Latina, la CepalL advierte que las mujeres enfrentan mayores barreras para acceder a empleo formal y recursos productivos.La tasa de desempleo femenino alcanza 8,6 %, frente a 6,6 % en los hombres, lo que confirma que las mujeres enfrentan mayores dificultades para acceder a empleo formal, una realidad que también ha sido destacado por ONU Mujeres en sus análisis sobre género y cambio climático.

Diversas organizaciones internacionales han alertado sobre la necesidad de incorporar un enfoque de género en las políticas energéticas en América Latina. Irena y ONU Mujeres han señalado que integrar a más mujeres en el sector no solo es una cuestión de equidad, sino también de eficiencia: los equipos diversos toman mejores decisiones y generan soluciones más sostenibles.

Elisandra Herrera, ingeniera electromecánica y líder de mantenimiento mecánico en AES Andrés, está de acuerdo con que la diversidad agrega al trabajo de todo el sector.

“Si más mujeres ocuparan posiciones de decisión, el sector energético se fortalecería a partir de una colaboración más equilibrada entre hombres y mujeres. La diversidad en los equipos de liderazgo permite integrar distintas formas de pensar, comunicar y resolver problemas, lo que se traduce en decisiones más completas y sostenibles. No se trata de sustituir, sino de sumar capacidades y construir, de manera conjunta, un sector más innovador, eficiente y humano”, señala Herrera.

Mujeres en una depauperada comunidad del municipio dominicano de El Pino. Imagen: Heliana Medina

Lideresas demandan más participación en la toma de decisiones

Para muchas mujeres, la relación con la energía no es solo técnica, sino cotidiana. Son ellas quienes gestionan el uso de la electricidad en los hogares y quienes enfrentan las interrupciones del servicio.

“Aquí muy pocas veces tenemos luz. A veces tenemos que levantarnos de madrugada para aprovecharla, porque en el día no es seguro”, cuenta Manuela Castillo, una lideresa de la comunidad de El Limón, cerca del municipio turístico de Semaná, donde el acceso a la electricidad sigue siendo limitado.

“Nosotras queremos ser parte de esos proyectos de energía que están llegando a otros lugares. Que también nos incluya, que piensen en estas comunidades donde la luz todavía no es segura”, plantea Castillo.

Esta desconexión entre las políticas y las realidades locales limita el impacto de las soluciones y reduce las posibilidades de construir una transición energética verdaderamente inclusiva.

Organismos como ONU Mujeres, en su informe «Género, cambio climático y reducción del riesgo de desastres“, y la Cepal, en publicaciones como “La autonomía de las mujeres en escenarios económicos cambiantes”, han advertido que las mujeres, especialmente en contextos de vulnerabilidad, enfrentan mayores riesgos frente a eventos climáticos extremos, menor acceso a recursos productivos y una mayor carga en la gestión del hogar.

En ese contexto, alertan que dejar fuera sus voces en el diseño de soluciones energéticas no solo perpetúa desigualdades, sino que también debilita la efectividad de la transición.

Sin embargo, la incorporación de este enfoque aún es desigual y, en muchos casos, se limita a iniciativas puntuales en lugar de formar parte estructural de las políticas públicas.

Este artículo se elaboró con el apoyo de Climate Tracker América Latina.RV: EG

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