GINEBRA – Cerca de 8000 migrantes murieron o desaparecieron el año pasado en todo el mundo, lo que eleva a más de 82 000 la cifra de esas víctimas desde el año 2014, mostró este martes 21 un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
“Detrás de estas cifras hay personas que emprenden viajes peligrosos y familias que esperan noticias que tal vez nunca lleguen”, dijo Amy Pope, directora general de la OIM. Se estima que al menos 340 000 familiares han sido directamente afectados por la muerte de migrantes.
La ruta más mortífera sigue siendo el Mediterráneo central, donde perecen en naufragios de frágiles botes centenares de migrantes procedentes de África que tratan de alcanzar las costas del sur de Europa desde Libia o Túnez.
Pero también el año pasado aumentaron las muertes en la bahía de Bengala de los rohinyá, la etnia minoritaria y perseguida del norte de Myanmar, forzada a huir por tierra hacia Bangladés o por mar a otras naciones del sureste asiático.
Los casi 8000 migrantes y refugiados muertos o desaparecidos el año pasado “evidencian la persistencia y el agravamiento de un fracaso global para poner fin a estas muertes evitables”, aun cuando la cifra sea inferior a las 9200 vidas perdidas en 2024, señala el informe de la OIM.
En lo que va de 2026 ya se ha registrado la muerte o desaparición de 1723 personas en las principales rutas migratorias, a saber: el Mediterráneo central, la ruta atlántica de África occidental, el Cuerno africano y la costa de África oriental, el Mediterráneo oriental y el occidental, y la ruta de América Central.
Con respecto a esta última, el informe señala que a lo largo de 2025 los movimientos migratorios hacia el norte experimentaron una marcada disminución.
Un indicador representativo útil es el de los encuentros de migrantes en la frontera suroeste de Estados Unidos, que se redujeron en 89 %, al pasar de 1 646 230 en 2024 a 179 800 en 2025.
El procesamiento de migrantes irregulares en México cayó 87 %, y las muertes de migrantes disminuyeron 72 %.
Y rompiendo con los patrones observados antes de 2025, surgieron movimientos hacia el sur a lo largo de esta ruta, registrándose 22 578 personas que viajaban desde Panamá hacia Colombia, en su mayoría ciudadanos venezolanos.
En Europa, el número total de llegadas ha disminuido y el perfil de los flujos migratorios ha cambiado. Según la OIM, los ciudadanos bangladesíes se han convertido en el grupo más numeroso, mientras que la llegada de sirios ha disminuido tras los cambios políticos y estratégicos en ese país.
En la ruta atlántica desde África occidental, las llegadas a las Islas Canarias han disminuido considerablemente tras una mayor cooperación en las fronteras, pero los viajes se han vuelto más largos, más arriesgados y geográficamente más dispersos.
En el Cuerno de África, los movimientos migratorios hacia Arabia Saudí fueron ligeramente inferiores a los de 2024, pero se mantuvieron por encima de los niveles de 2023.
Los flujos desde África oriental hacia África meridional aumentaron a finales de año debido a la cambiante demanda de mano de obra en el sur de Etiopía.
A pesar de la disminución de las llegadas en algunas regiones, los datos muestran que las rutas migratorias en lugar de estabilizarse están evolucionando -por cambios en los controles, a causa de conflictos o por presiones ambientales-, y los riesgos siguen siendo altos a lo largo de trayectos cada vez más peligrosos.
Según la OIM, el descenso registrado el año pasado “está vinculado en parte a una disminución real del número de personas que intentan utilizar rutas migratorias irregulares y peligrosas”, especialmente en las Américas.
“Pero también podría explicarse por las restricciones financieras impuestas a los actores humanitarios que documentan las muertes de migrantes en las principales rutas migratorias”, añadió la agencia de la ONU con sede en esta ciudad suiza.
En todas las regiones, los datos de la OIM revelan presiones persistentes a lo largo de las rutas migratorias.
Miles de migrantes se han encontrado varados en zonas fronterizas, con acceso limitado a alojamiento, atención médica y protección, mientras que los retornos y reubicaciones han aumentado, lo que ejerce una mayor presión sobre los servicios locales y complica la reintegración.
En general, estos hallazgos demuestran que cambiar de ruta no implica necesariamente una reducción del riesgo. A medida que los viajes se vuelven más fragmentados y peligrosos, las muertes, las desapariciones y el sufrimiento tienen graves consecuencias para las familias que quedan atrás.
De cara al Foro Internacional de Examen de la Migración que se celebrará en mayo, la OIM hizo un llamamiento para que se renueven los compromisos de proteger a los migrantes, prevenir las muertes y las desapariciones, y brindar un mejor apoyo a las familias afectadas por las tragedias relacionadas con la migración.
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