PORTO ALEGRE, Brasil – Edson Paes, de 53 años, cultiva 12 mil plantas de café arábica orgánico en tres hectáreas de tierra desde que tenía 14 años. El trabajo de toda su vida crece en la localidad de Poço Fundo, en el sur de Minas Gerais. Este estado del sureste de Brasil es una de las principales regiones cafetaleras del país.
Sin embargo, en los últimos años, su trabajo se ha vuelto cada vez más difícil debido al cambio climático. Cuenta que la sequía del año pasado trajo consigo 45 días sin lluvia.
“El café sufrió mucho”, dice Paes. El aumento de las temperaturas también está pasando factura. En su terreno, las hojas de café con manchas marrones revelan quemaduras solares, un problema relacionado con temperaturas demasiado altas para el cultivo. “Pasar todo el día bajo este sol se está volviendo difícil”, cuenta en una calurosa tarde de enero.
Paes no es el único que se enfrenta a estos retos. Cinco cosechas consecutivas de café arábica se han visto afectadas por fenómenos climáticos como olas de calor, sequías y heladas. Un estudio de la Universidad Federal de Itajubá (Unifei) de Brasil, publicado en 2024, indica que, a medida que se intensifican el calentamiento global y el estrés hídrico, entre 35 % y 7 % de las zonas de Brasil actualmente plantadas con café arábica podrían dejar de ser económicamente viables a finales de siglo.


Estos desafíos relacionados con el clima han impulsado los precios a medida que se reduce la oferta mundial. A pesar de que las exportaciones cayeron 20 % entre 2024 y 2025, Brasil —que ya es el principal productor y exportador de café del mundo— registró unos ingresos por exportación récord de 15.500 millones de dólares el año pasado.
Asia se está convirtiendo en el nuevo centro de crecimiento del mercado mundial del café, y el aumento del consumo en China, India, Indonesia y Vietnam está convirtiendo a la región en una fuerza importante que da forma a la demanda, la cultura del café y las futuras tendencias del sector.
Una región impulsada por el café
El café “lo hace todo posible” en Poço Fundo, según Rosiel de Lima, alcalde de la localidad. Sus 16 000 habitantes dependen de la agricultura familiar como motor de la economía local.
Gran parte de los granos se destina a la exportación. Casi toda la producción de Paes se envía a Europa, Japón y Estados Unidos a través de Coopfam, una cooperativa formada por cerca de 500 agricultores familiares que actualmente está tramitando la autorización para exportar a China.


Para Coopfam, entrar en el mercado chino supone una oportunidad de crecimiento estratégico más allá de sus compradores europeos tradicionales, que actualmente absorben más del 90% de sus exportaciones. La cooperativa considera que la creciente demanda de café de China es un mercado con un “potencial infinito”.
También cafetalero y miembro de Coopfam, el alcalde Lima perdió 75% de su cosecha en una granizada en 2021. El año pasado, una sequía en plena temporada de lluvias redujo la calidad de los granos, lo que contribuyó a una caída de 40 % en sus ingresos por café.
“Cada año hay algún tipo de fenómeno meteorológico adverso: granizo, heladas, vientos fríos, sequía, lluvia durante la floración, en el momento menos oportuno”, explica el alcalde.
Muchos productores se están adaptando sustituyendo las plantas más viejas por variedades más productivas y resistentes al estrés hídrico y a las enfermedades.
Muchos productores se están adaptando sustituyendo las plantas más viejas por variedades más productivas y resistentes al estrés hídrico y a las enfermedades.



Otros, como Paes, están utilizando árboles para ayudar a proteger sus cultivos. Ha plantado cedros y caobas africanas para dar sombra a sus cafetos. También practica técnicas que mejoran la retención de humedad del suelo, como aplicar más fertilizante y mantener cubierta la tierra entre los cafetos plantando césped y leguminosas. Confiado en la cosecha de este año, sostiene una rama cargada de granos.
Pero luego añade: “Ves una buena parcela de café, pero justo delante de ella otra que no tiene nada. No es tan uniforme como solía ser”.
“Es así en prácticamente todas las plantaciones de la zona”, afirma Alexander Ferreira, ingeniero agrónomo y técnico de Coopfam.
En los últimos cuatro años, los productores han gastado más de 40 millones de reales brasileños (7,9 millones de dólares) en préstamos federales para restaurar los cultivos de café, casi todo ello en el estado de Minas Gerais, donde el cambio climático ya está alterando el calendario de producción y los rendimientos.
La autora del estudio de Unifei de 2024, Cássia Gabriele Dias, es meteoróloga e investigadora de la universidad. Explica que las sequías se han alargado, el calor se ha intensificado y las precipitaciones se han vuelto más irregulares en el estado. Esto afecta a etapas cruciales, como la floración y la formación de los granos de café.


La mayoría de las plantaciones de café de Minas Gerais se concentran en altitudes más elevadas, lo que, por el momento, mitiga los efectos del calentamiento global. “Las regiones más al sur, como el sur de Minas Gerais, tienden a seguir siendo más adecuadas. Pero no están exentas de riesgos”, explica Dias.
Lima afirma que el aumento de los precios del café ha supuesto una cierta compensación para los productores afectados por el clima. Según Ferreira, el precio de un saco de 60 kilos de café convencional a principios de 2025 se disparó hasta más del doble del precio de 2023.
Sin embargo, los costos de mantener la productividad ante el cambio climático están aumentando, lo que reduce los beneficios reales. Rosângela Paiva y su marido, Luis Carlos, están considerando instalar un sistema de riego para hacer frente a los periodos de calor y sequía cada vez más frecuentes, especialmente entre julio y octubre, cuando tiene lugar la floración.


La producción orgánica se resiente
Sin embargo, los costos de mantener la productividad ante el cambio climático están aumentando, lo que reduce los beneficios reales. Rosângela Paiva y su marido, Luis Carlos, están considerando instalar un sistema de riego para hacer frente a los periodos de calor y sequía cada vez más frecuentes, especialmente entre julio y octubre, cuando tiene lugar la floración.
“Producir hoy en día es muy caro”, se queja Paiva. En Poço Fundo, cultiva 5,5 hectáreas para la línea de café orgánicoo de Coopfam. Seguir métodos orgánicos, que evitan el uso de fertilizantes y pesticidas sintéticos, puede aumentar los costos de producción del café hasta en 30 %.La fuerte demanda ha llevado a los productores a dar prioridad a las ganancias rápidas en productividad, pasando así de la agricultura orgánica a la convencional. En Coopfam, el número de miembros orgánicos ha caído casi un 60% en dos años, hasta los 75 caficultores.
Ferreira estima que el café orgánico volverá a ser más rentable cuando se estabilice la oferta de granos en el mercado, lo que podría ocurrir ya en esta cosecha. Las condiciones climáticas más estables de este año han llevado a la Conab, la agencia gubernamental responsable de las estadísticas y políticas de suministro agrícola, a pronosticar una cosecha récord para 2026: 66 millones de sacos, de los cuales casi la mitad se producirán en Minas Gerais.
Rosana Mendes y Avair de Oliveira, también residentes en Poço Fundo, pasaron de la agricultura orgánica a la convencional en 2025. Afirman que aplican pesticidas únicamente a las hierbas y las malezas, no a las plantas de café.
Además, la certificación europea de Comercio Justo de Coopfam prohíbe o restringe el uso de los pesticidas más potentes, como el glifosato, lo que proporciona una capa de protección medioambiental incluso para los cultivos no orgánicos.
Algunos productores de café de Poço Fundo han decidido abandonar los métodos orgánicos y volver a utilizar pesticidas como respuesta al aumento de los costos, aunque los están aplicando con más prudencia que antes. Imagen: Lucas Ninno / Dialogue EarthLa pareja también ha replantado su cultivo de café con variedades de arábica más productivas y resistentes, una estrategia que ha ido ganando terreno entre los productores del sur de Minas Gerais. Con estas adaptaciones, planean aumentar la producción en un 260 % para 2027.
“El futuro del cultivo del café es un misterio”, afirma Mendes. “Estamos estudiando y aprendiendo cada día del clima, de la naturaleza y de la propia planta, para adaptarnos a lo que sea necesario”, añade.
El poder de los árboles
Para mitigar los efectos adversos del clima extremo, las plantaciones de café con sombra de árboles, como la de Paes, están ganando terreno entre los pequeños productores del sur de Minas Gerais. João Ademir Pereira ha plantado árboles de ipê (Tabebuia), peral, cambucá (Plinia edulis) y jabuticaba (Plinia cauliflora) en un tercio de las tres hectáreas que cultiva. “Los árboles ayudan a equilibrar el clima y a suavizar el sol”, afirma.
A la sombra, los cafetos producen una cosecha cada año; sin ella, tienden a alternar entre temporadas de alto y bajo rendimiento. Para este ciclo, Pereira espera cosechar más de 30 sacos por hectárea, lo que se ajusta a la media nacional. Casi toda su cosecha se destina a la exportación.

En colaboración con la tostadora de café alemana Tchibo, que compra café de Coopfam, el Instituto Federal de Educación, Ciencia y Tecnología de Minas Gerais (IFMG) está investigando formas de controlar las plagas.
Entre ellas se encuentra el minador de hojas, una larva que se introduce en las hojas y daña los granos. Las lluvias irregulares y las temperaturas superiores a la media favorecen su propagación, pero los estudios sugieren que los frutos y las flores de los árboles plantados entre las plantas de café atraen a avispas depredadoras que ayudan a controlar estas invasiones.
“Tenemos que apoyar a los pequeños agricultores, porque son los más vulnerables al cambio climático”, afirma Lêda Gonçalves, ingeniera agrónoma y profesora del instituto.
A más de mil metros de altitud, la niebla y el rocío matutino refrescan los cafetos de Douglas Lago en Santa Rita de Caldas, una localidad vecina de Poço Fundo. Con planes de empezar a exportar, su familia ha convertido tres hectáreas de pastos degradados en una plantación de café para la nueva cosecha, que se suman a las seis hectáreas ya cultivadas.
En contraste con las historias de sequía y calor extremo, el cultivo de Lago se ha visto amenazado por el frío excesivo. En 2021, una fuerte helada acabó con 60 % de las 10 000 plantas de la familia. Tras la replantación, otra helada acabó con otras 2.500.

“El clima es nuestro mayor desafío”, afirma Lago.
La familia de Lago ha plantado árboles para mitigar estos impactos climáticos. Además de ofrecer protección contra el calor, protegen sus cultivos de café de las tormentas de granizo. La familia también ha aumentado la densidad de sus plantas de café para reducir el estrés hídrico, y crían abejas autóctonas, lo que potencia la polinización y la nutrición de los granos.
“Si no llueve, no hay agua en el grano; si no hay agua en el grano, este no produce el azúcar que el café necesita”, explica Lago.
Los resultados son evidentes. En las dos últimas cosechas, la familia ha obtenido rendimientos que duplican la media nacional. El año pasado ganaron el concurso de café de especialidad organizado por las cooperativas de Minas Gerais.
Al recurrir a los árboles en busca de soluciones, los productores de café como Lago están dando sus primeros pasos en la agrosilvicultura, una técnica que sigue siendo en gran medida inexplorada en la región.
Este enfoque se inspira en el entorno natural del café arábica: las tierras altas tropicales de Etiopía.
Si bien plantar árboles en las plantaciones de café puede ayudar a reducir el calor y el viento, la agrosilvicultura integral integra los árboles en un sistema más complejo, en el que regulan la humedad del suelo y el flujo de agua, carbono y nutrientes. La agrosilvicultura puede crear un entorno más estable para el cultivo del café.
“La agrosilvicultura es más autosuficiente”, explica Rafael Furtado, un agricultor local con un máster en agroecología y desarrollo rural. “Produce más recursos de los que el sistema requiere y depende menos de insumos externos”, detalla.


Un estudio publicado en 2020 por la revista Agriculture, Ecosystems & Environment indica que los sistemas agroforestales pueden mitigar los efectos del clima extremo. Con una proyección hasta el año 2050, el estudio concluye que la agrosilvicultura podría preservar hasta 75 % de las zonas cafetaleras de Brasil.
Cuando Furtado se trasladó a su finca de dos hectáreas en Poço Fundo hace cuatro años, heredó una plantación de café que había dependido de pesticidas y fertilizantes químicos. Desde entonces, ha ido eliminando los insumos sintéticos y desarrollando un sistema agroforestal .
“Mi productividad no ha sido satisfactoria hasta ahora, pero hemos logrado una calidad realmente buena”, afirma el agricultor.
Furtado trabaja ahora para que su sistema agroforestal sea económicamente viable: accediendo a créditos gubernamentales para explotaciones familiares; solicitando la certificación orgánica con vistas a la exportación; probando nuevas variedades y evaluando qué cultivos, junto con el café, pueden generar ingresos, como plátanos, aguacates y caoba africana.
El fondo Pronaf Agroecologia del gobierno brasileño proporciona hasta 250 000 reales (50 000 dólares) por agricultor para financiar prácticas orgánicas o agroecológicas. Pero, como muestran los datos más recientes de los últimos 12 meses, la financiación ascendió a solo 10 millones de reales en todos los sectores de la agricultura familiar, desde las hortalizas hasta el cacao y el café.
Por su parte, la financiación sostenible internacional se encuentra en una fase inicial: la plataforma empresarial agrícola china Cofco International está llevando a cabo un proyecto piloto de huella de carbono para el café brasileño; la Fundación Rabo de Europa, junto con Cofco, ha lanzado una línea de crédito de impacto de 1,6 millones de reales para la resiliencia hídrica en Minas Gerais.
Furtado afirma que la agrosilvicultura del café sigue teniendo una “adopción muy baja” en Brasil debido a la falta de conocimientos técnicos, la necesidad de una gestión más compleja y los beneficios mayores en calidad que en productividad. Aun así, considera que este modelo es la mejor solución ante los crecientes retos climáticos:
“Una vez que haya más investigación, apoyo institucional y mayor experiencia, valdrá mucho más la pena adoptar este sistema más diversificado y complejo que seguir con el monocultivo en un escenario de fenómenos climáticos extremos”, concluye.
Este artículo se publicó originalmente en Dialogue Earth.
RV: EG


