Cuba ante el reto de implicar hogares en generación de energía limpia

Carlos Emigdio Albona permanece junto a su auto de combustión a gasolina, modelo Fiat Polski al cual le ha instalado celdas fotovoltaicas para el aprovechamiento de la energía renovable en el exterior de su vivienda donde tienen instalados paneles solares para el autoabastecimiento de energía eléctrica, La Habana del Este, Cuba. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

LA HABANA – Estimular la producción de electricidad desde las viviendas, con el auxilio del sol, ayudaría a las aspiraciones de Cuba de elevar hasta cerca de un tercio el peso de las fuentes limpias en su matriz energética para 2030. 

“Pero además de una cultura al respecto, faltan estímulos claros para que cada vez más familias cubanas vean oportunidades y mejor calidad de vida en la incorporación de equipamiento para producir energía renovable”, sostuvo el taxista privado y emprendedor Carlos Emigdio Albona.

El ingenio de este cubano de 56 años, quien se reconoce como un promotor de las fuentes de bajas emisiones, acopló un panel solar a su Fiat Polski, a fin de mantener la potencia del alternador y cargar la batería del pequeño auto que conserva desde 1985.

Con el apoyo de su pareja, la contadora y artesana Ileana Ruiz, de 47 años, emplazó paneles solares fotovoltaicos -respaldados por un equipo de almacenamiento- que garantiza la autosuficiencia energética del apartamento que ambos comparten en la comunidad de Alamar, en el municipio de La Habana del Este, uno de los 15 que integran la capital cubana.

“Si tenemos tanto sol, ¿por qué no potenciar su uso? Naciones con menos iluminación como Países Bajos destacan en este tema. ¿Te imaginas si ubicáramos paneles solares en los techos de viviendas, edificios multifamiliares y los terrenos disponibles al lado de las casas cuánta energía aportarían?, reflexionó Albona al dialogar con IPS durante una visita a su hogar.

A lo anterior se suma un aerogenerador artesanal, “que funciona, pero necesita una batería para aumentar la producción de energía”, acotó.

“Si tenemos tanto sol, ¿por qué no potenciar su uso? Naciones con menos iluminación como Países Bajos destacan en este tema. ¿Te imaginas si ubicáramos paneles solares en los techos de viviendas, edificios multifamiliares y los terrenos disponibles al lado de las casas cuanta energía aportarían?”: Carlos Albona

En octubre de 2021 recibió la autorización para constituir La Wasabanga Ecológica, una cooperativa no agropecuaria familiar especializada en la instalación y montaje de tecnologías de energías renovables, que funcionó apenas un año debido a trabas burocráticas y problemas con el financiamiento, “aunque no renuncio a un proyecto similar en un futuro”, recalcó. 

Albona explicó que la práctica del triatlón, como atleta aficionado, lo llevó en 2018 a una competencia en la estadounidense ciudad de San Francisco.

Además, comentó que apreciar “en los techos de almacenes y edificios la cantidad de paneles solares y generadores eólicos, al igual que en los parqueos, me alumbró sobre todo lo que se podía hacer. También he estudiado las experiencias de México y España al respecto”. 

El innovador refirió que los primeros paneles los trajo de Estados Unidos, costeados de su bolsillo. Luego compró otros en Cuba.

Aunque la potencia instalada es de casi cuatro kilovatios hora (kWh), el consumo del apartamento no sobrepasa los 800 vatios hora, así que el excedente lo entrega al sistema eléctrico nacional (SEN).

“La lectura del metrocontador indica que desde que se instaló hace unos tres años hemos inyectado al sistema 8150 kWh. El mes pasado el pago por ese aporte sobrepasó los 1000 pesos. Mientras más ahorres en casa, mayor será el excedente de energía, y ahí está la ganancia”, manifestó Albona.

El taxista privado y emprendedor Carlos Emigdio Albona junto con su pareja, la contadora y artesana Ileana Ruíz, posan junto a los paneles solares fotovoltaicos que garantizan la autosuficiencia energética en el apartamento que comparten en la comunidad de Alamar, en el municipio de La Habana del Este. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Contexto

Ubicada en la franja tropical y con una superficie de más de 110 000 kilómetros cuadrados, Cuba recibe a diario una radiación solar aproximada de cinco kWh por metro cuadrado. Este valor es prácticamente igual todo el año y en todo el país.

Sin embargo, el recurso natural se encuentra aún muy poco explotado en este país de 11 millones de habitantes. 

Con una capacidad instalada de 260 megavatios (MW), los parques solares fotovoltaicos en la isla representaron 2 % de la generación eléctrica anual a fines de 2023, según datos oficiales.

El 95 % de la generación eléctrica en la isla descansa en el consumo de fuentes fósiles, que incluye el gas acompañante del petróleo nacional, unidades flotantes (patanas) alquiladas a Turquía, así como grupos electrógenos y motores a base de diésel y fueloil.

Apenas 5 % corresponde a las fuentes renovables. Un plan gubernamental proyecta elevar esa participación hasta cerca de 30 % en 2030.

El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, informó el 14 de marzo sobre la firma de dos contratos para la instalación de 92 parques solares en las 15 provincias cubanas, con un potencial de 2000 MW. 

Para mayo de 2025 debe cumplirse el primero de los contratos por 1000 MW y el segundo, en 2028. Cada uno, además, cuenta con 100 MW adicionales en capacidad de almacenamiento, precisó el titular.

El sector residencial, integrado por más de cuatro millones de hogares, consumen 61 % de la energía eléctrica, de acuerdo con el Ministerio de Energía y Minas.

Según la entidad, los hogares cubanos en este país insular del Caribe consumen un promedio de 174 kWh al mes (unos 5,8 kWh por día). 

Durante el último lustro, las autoridades cubanas afrontan crecientes dificultades para cubrir la demanda de carburantes en medio de la profundización de la crisis económica interna, la caída de las principales fuentes de divisas y el fortalecimiento del embargo estadounidense que obstaculizan el acceso a créditos y servicios de bancos internacionales. 

Los precios internacionales, el incumplimiento de contratos por parte de proveedores, al igual que la obsolescencia tecnológica de las termoeléctricas, con frecuentes roturas y urgidas de reparaciones sistemáticas, se suman a las causas de las cada vez más frecuentes crisis energéticas y una de sus consecuencias más visibles, los prolongados apagones.

Aerogenerador instalado en el exterior de la vivienda de Carlos Emigdio Albona, en La Habana del Este. El ingenio de este cubano de 56 años, quien se reconoce como un promotor de las fuentes de bajas emisiones, también propone utilizar el potencial del viento para generar electricidad. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Barreras

Ante esta situación “la tendencia de muchas personas es comprar o importar plantas portátiles de gasolina, que implica adquirir combustible –caro y escaso-, cambiar filtros, además de la contaminación con dióxido de carbono y ruido”, apuntó Albona.

“Lo ideal sería que más personas instalaran paneles solares en sus casas y contaran con equipos de almacenamiento de energía para cuando falle el fluido eléctrico; o usar la acumulada en los horarios de máxima demanda. Eso favorecería una disminución del pico eléctrico”, completó. 

Al respecto existen muchos obstáculos, comenzando por los precios, reconoció el emprendedor.

En la isla, el salario medio mensual equivale a unos 40 dólares; unos 12 dólares en el mercado informal.

Cuando la empresa estatal Copextel, encargada de la comercialización y servicios posventa empezó a vender paneles solares de 1 kW de potencia, sin baterías, a fines de 2021, costaban 55 000 pesos, unos 2300 dólares al cambio oficial de entonces.

Los pocos que se han vendido con el equipamiento para acumular energía cuestan medio millón de pesos, unos 4200 dólares al cambio oficial actual.


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Otra barrera para la expansión de la energía solar fotovoltaica en el sector residencial radica en el subsidio de la tarifa eléctrica, que se cobra en una moneda devaluada.

Muchas personas argumentan que con lo que cuesta un panel solar y sus accesorios pueden pagar la electricidad durante muchos años, casi tantos como el tiempo estimado de vida útil de esos equipos –de 20 a 25 años-; o, por el contrario, comprar el combustible para las plantas portátiles en caso de apagón.

Las tarifas eléctricas en Cuba tienen una escala progresiva; el precio del kWh aumenta a mayor consumo. Hasta el momento no se contempla la posibilidad de tarifas diferenciadas según los horarios, con el objetivo de reacomodar las cargas y compulsar al ahorro.

Estadísticas muestran que alrededor de 6 % de las viviendas cubanas sobrepasan los 500 kWh mensuales. Desde marzo se dispuso un aumento de 25 % de la tarifa eléctrica para ese grupo, con el fin de eliminar subsidios.

Carlos Emigdio Albona y su pareja Ileana Ruíz muestran en su vivienda, en La Habana del Este, el funcionamiento de lámparas Leds que emplean celdas fotovoltaicas para su recarga. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Oportunidades

La instalación de paneles solares, la cogeneración para autoconsumo y la venta al Estado de excedentes de electricidad provenientes de energías verdes pudieran compensar el monto de las elevadas facturas.

La Resolución 238 de 2023, del Ministerio de Finanzas y Precios, duplicó a seis pesos (0,05 centavos de dólar al cambio oficial), el precio del kWh procedente de fuentes renovables entregada al SEN por productores independientes del sector residencial.

En años recientes la Aduana flexibilizó disposiciones para que ciudadanos y empresas importen paneles solares. A falta de datos oficiales, no se aprecia un aporte significativo de tales medidas.

“Existen pocos estímulos para la producción de energías renovables en los domicilios, pero tampoco hay un conocimiento generalizado de que es posible. Y en eso los medios deberían tener un papel más activo”, analizó Albona.

A su juicio, deberían adoptarse mejores decisiones para potenciar el ahorro. “¿Cómo es posible que en nuestras tiendas un equipo de tecnología inverter, por ejemplo, un refrigerador o un Split (aire acondicionado), con mayor eficiencia energética, sea más caro que un equipo tradicional que gasta más?”, cuestionó.

También sería importante, dijo, concebir proyectos escalables, con precios diferenciados y facilidades de pago, “porque no todas las viviendas gastan lo mismo y algunas pudieran acceder a ofertas más ajustadas a su consumo”.

Por otro lado, “deberían aligerar los trámites para acceder a préstamos bancarios, porque algunos son un viacrucis para que los autoricen, y a veces solo necesitas una parte del dinero”, manifestó el innovador.

Se refirió asimismo al potencial de personas arrendatarias de viviendas para el turismo, “que utilizan equipos de climatización, quienes pudieran beneficiarse con mejores tarifas por el uso de paneles solares y aporte de energía, así como con algún tipo de sello medioambiental, algo que favorece el marketing y atrae a personas que buscan ese tipo de servicios”.

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