La encrucijada por la paz en Colombia pasa por La Habana

El presidente colombiano, Gustavo Petro (I) y Antonio García, primer comandante del Ejército de Liberación Nacional (ELN), se saludan tras la firma de los acuerdos en La Habana el 9 de junio. En medio, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

LA HABANA –   El hallazgo y rescate con vida  de cuatro niños perdidos durante más de un mes en la selva colombiana de Guaviare sorprendió al presidente Gustavo Petro justo a su regreso de La Habana, donde se firmó un acuerdo de cese al fuego bilateral, nacional y temporal con el guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN).

“Hoy hemos tenido un día mágico, lleno de alegrías. Nos acercamos a tocar la paz, en el acuerdo que avanza con el ELN”, dijo en un tuit el mandatario colombiano, aunque la  noticia de los niños sobrevivientes de un accidente aéreo 40 días antes desplazó rápidamente de las primeras planas el acuerdo con la guerrilla.

Para algunos observadores, es reflejo del desinterés,  desconfianza o escepticismo de muchas personas hacia estos estos procesos de diálogo. “La gente no cree mucho”, coincidieron dos periodistas colombianas ya jubiladas en breves y cautelosos comentarios a IPS.

Sin embargo,  sabedor, de que “más difícil que hacer la guerra, es hacer la paz”,  Petro confía en su agenda de “paz total” y antes de viajar a la capital cubaba para el cierre del tercer ciclo de negociaciones,  insistió en que quiere construir el camino que se merece Colombia “con el pueblo movilizado”.

Acuerdos en La Habana

El tercer ciclo de la mesa de diálogo finalizó el viernes 9 con el anuncio de dos acuerdos de inmediato cumplimiento. El primero especifica los preparativos para la participación de la sociedad en la construcción de la paz, que incluyen la conformación de un Comité Nacional, que se instalará públicamente el 25 de julio.

El segundo acuerdo precisa fases y fechas del proceso de alistamiento del Cese al Fuego Bilateral, Nacional y Temporal (CFBNT). Hasta el 5 de julio se desarrolla un proceso que incluye la preparación para la puesta en marcha del Mecanismo de Monitoreo y Verificación (MMV).

“Nosotros entendemos que este cese busca fundamentalmente un propósito humanitario y bajar la intensidad del conflicto para que en Colombia haya un mejor clima para la participación de la sociedad en este proceso de paz”: Pablo Beltrán.

Las órdenes de cese de operaciones ofensivas por las partes se harán vigentes el 6 de julio, el 10 del mismo mes se prevé una  reunión plenaria y presencial de la Mesa de Diálogos de Paz para aprobar los protocolos elaborados y a partir del 3 de agosto comienzan a contar los 180 días de vigencia del CFBNT.

Esta fase de cese al fuego temporal contará con un mecanismo de monitoreo y verificación acompañado por las Naciones Unidas, la Iglesia católica, los países garantes y representantes de la sociedad civil y según lo acordado  “tendrá vocación de continuidad, previa evaluación de las partes”.

Este tipo de acuerdo es una luz de esperanza de que los conflictos pueden resolverse “por la vía diplomática, por la vía política”, apuntó Pablo Beltrán, comandante guerrillero que encabezó la delegación del ELN  en la mesa de diálogo, que cuenta con Brasil, Cuba, Chile, México, Noruega y Venezuela como países garantes.

El cuarto ciclo de conversaciones sesionará en Venezuela entre el 14 de agosto y el 4 de septiembre en el cual, entre otros temas, se hará un balance del cumplimiento de los acuerdos suscritos.

Fundado en 1964, el ELN  opera actualmente en más de 200 municipios de Colombia y sus integrantes se estiman entre 2000 y 4000 integrantes, según  autoridades de ese país.

Acto de clausura del tercer ciclo de la mesa de diálogo de paz entre el
gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), en el
que se anunció un acuerdo de cese al fuego bilateral, nacional y
temporal, La Habana, el 9 de junio. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Participación de la sociedad

El énfasis en la participación social es tan importante  como la tregua para resolver los problemas de un país como Colombia, donde 1 % de la población es dueña de 81 % del territorio y solamente 10 % de la población más rica recibe 11 veces más que 10 más pobre del país.

“Esto es una brecha de desigualdad dramática. Además, de las formas de pobreza multidimensional que en los hogares rurales colombianos corresponde a tres veces más que en las zonas urbanas”,  considera en entrevista al diario español El País Carlos Esteban Mejía Solano, director ejecutivo de Oxfam Colombia.

De ahí que entre los objetivos de lo convenido figura  generar las condiciones necesarias para que la población civil —los liderazgos sociales, los pueblos étnicos, las mujeres, los defensores de derechos humanos— ejerzan sus derechos con libertad en sus propios territorios.

Líderes del grupo guerrillero sostienen que el conflicto es integral, es social, económico, político y militar, y el camino de solución política tiene que atacar esas causas, y tiene que haber un comprometimiento del Estado en que se requieren reformas, cambios en la estructura social, económica y política.

“Nosotros entendemos que este cese busca fundamentalmente un propósito humanitario y bajar la intensidad del conflicto para que en Colombia haya un mejor clima para la participación de la sociedad en este proceso de paz”. Consideramos que ese es uno de los aportes importantes de los acuerdos que hemos suscrito acá, dijo Beltrán, tras la firma de los acuerdos.

El punto puede resultar clave a la hora de dialogar bajo la presidencia de Petro, para quien con “voluntad, políticas de redistribución y un programa de justicia”, es posible “una Colombia más igualitaria y con más oportunidades para todos y todas”.

El presidente colombiano, Gustavo Petro interviene
durante la clausura del tercer ciclo de la mesa de diálogo de paz
entre el gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional
(ELN), el 9 de junio. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Diálogos en Cuba

La capital cubana fue también sede de las conversaciones de paz de casi cuatro años entre el gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)  que culminaron con un acuerdo refrendado en un plebiscito en octubre de 2016.

En el pasado, también acogió varios intentos negociadores del ELN que no fructificaron. El más reciente comenzó en 2017 en Ecuador, país que en abril de 2018 renunció a su papel de garante de las negociaciones.

Ese proceso fue  trasladado entonces a La Habana, donde fueron suspendidas  por el antecesor de Petro, Iván Duque (2018-2022), tras un atentado suicida perpetrado en Bogotá por un miembro del ELN.


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Cuba rechazó una demanda de Duque de extraditar a la comandancia guerrillera y el costo no se hizo esperar. A instancias del mandatario colombiano, nueve días antes de abandonar la Casa Blanca, Donald Trump (2017-2021), reinstauró la calificación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo el 12 de enero de 2021.

Las consecuencias más duras de mantener a Cuba como Estado patrocinador del terrorismo se derivan del mayor riesgo asociado a cualquier tipo de ayuda humanitaria, negocio, inversión y comercio que implique a Cuba y, por extensión, a los ciudadanos cubanos, alerta la independiente Oficina para Asuntos Latinoamericanos (Wola), con sede en Washington.

El vasto aporte cubano a los diálogos de paz deja a la actual administración estadounidense de Joe Biden el reto de retirar esa certificación que agudiza el impacto del embargo vigente desde 1960, coinciden analistas.

Estos diálogos de paz comenzaron en noviembre de 2022 en Caracas y continuaron en Ciudad de México en febrero-marzo pasados.

ED: EG

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