ANTÁRTIDA: Visitas peligrosas en tiempos de cambio

El turismo excesivo y el cambio climático son los principales desvelos de organizaciones ambientalistas y de los gobiernos de los países firmantes del Tratado Antártico, que cumplió 50 años de entrada en vigor.

Congregados en Buenos Aires por dos semanas desde el 20 de junio en la XXXIV Reunión Consultiva del Tratado, unos 300 representantes de los países vinculados al acuerdo, expertos y activistas analizan los nuevos retos que afronta el continente helado.

Verónica Cirelli, de la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) y que participa de la cita como representante de la sociedad civil, advirtió en conversación con IPS que hay preocupación por los "severos impactos" del aumento global de la temperatura en la región.

"Las emisiones de gases de efecto invernadero, que provocan el cambio climático, no se generan en la Antártica, pero se sufren allí, al oeste de la península", precisó la también coordinadora del programa Antártica y Océano Austral de la FVSA.

El IPCC, como se conoce por la sigla en inglés al Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, señala que al oeste de esa península la temperatura promedio aumentó cuatro veces más que en el resto del planeta.
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Si bien suele ser más conocido el impacto del recalentamiento en el Ártico, los expertos sostienen que el hielo marino en la Antártica cubre hoy una superficie 40 por ciento menor que hace 26 años en el occidente de la península.

Esta alteración tiene un alto impacto en especies emblemáticas como los pingüinos adelia y emperador y también sobre el krill, los crustáceos que están en la base de la cadena alimenticia y que son en sí mismo alimentos de especies como la ballena.

Cirelli indicó, además, que los Estados Parte del Tratado Antártico observan un "alarmante crecimiento del turismo" a la zona, una actividad que, si bien no debe ser prohibida, tiene que ser regulada de manera de mantener esta frágil región como un continente prístino.

La Secretaría del Tratado Antártico, creada en 2004 y que tiene sede permanente en Buenos Aires, informa que aproximadamente unas 46.000 personas visitan el continente cada año, una influencia que deja marcas.

Por su parte, la Coalición Antártica y del Océano Austral, integrada por unas 150 organizaciones ambientalistas de diversos países, asegura que esos paseos, que se realizan desde 1950, crecieron "dramáticamente" en los años 90.

En el verano austral de 1990-1991 fueron 4.698 los turistas que llegaron a la Antártica en barcos y aviones y el número saltó a 36.875 para la temporada de 2009-2010, según la Coalición, de la que la FVSA forma parte.

"Esta actividad debe ser regulada en forma exhaustiva de manera de evitar cualquier impacto", sostuvo Cirelli. Actualmente sólo existen guías y directrices para el turismo, pero no reglas adecuadas para un bien como el que se busca preservar. Los amantes del turismo de aventura dispuestos a pagar precios muy elevados por la excursión, pueden vivir una experiencia única al pasear por esos mares helados entre témpanos y icebergs

Pero también deben saber los riesgos que corren y cómo afecta a la rica biodiversidad antártica su sola presencia, aún transitoria, explicó la experta. De hecho, recordó los frecuentes accidentes con buques varados en el hielo y los eventuales derrames de crudo.

El Tratado Antártico se firmó el 1 de diciembre de 1959 en Washington, en una época en que se creía que las amenazas principales sobre esta región pasaban por la eventual explotación minera o por una incursión militar, incluyendo ensayos de armas atómicas en esta región vulnerable.

Al firmarlo, los países con reclamos territoriales suspendieron sus pedidos y declararon a la Antártida zona de paz, donde sólo es posible tener asentamientos para la investigación científica en un ambiente de cooperación internacional.

Al comienzo fueron 12 los gobiernos firmantes. Los mismos que realizaban actividades científicas en la Antártica, Se trataba de Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Francia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Gran Bretaña, Sudáfrica y Rusia.

Luego se sumaron 16 miembros plenos y 20 adherentes. Todos avanzaron en un conjunto de protocolos y acuerdos de protección ambiental que hoy forman parte del sistema de regulaciones del tratado.

Periódicamente, los miembros se reúnen en una Reunión Consultiva que es precedida por la cita más técnica del Comité para la Protección del Medio Ambiente en la Antártida. La de este año finalizará el 1 de julio.

De la conferencia participa con un asiento por la sociedad civil la Coalición Antártica y del Océano Austral, pero sólo hay cinco presentes esta vez, una de las cuales es la Fundación Vida Silvestre Argentina, representada por Cirelli.

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