MÉXICO: Heridas del 2 de julio aún sangran

Un tercio de la población mexicana mantiene la creencia de que la izquierda perdió las elecciones hace un año por fraude, pero sus augurios de que el gobierno se derrumbaría por presión social o sería débil no se cumplieron, y casi 70 por ciento de la población está satisfecha con su desempeño.

En el primer aniversario del polémico proceso, en el que los jueces electorales detectaron irregularidades importantes pero insuficientes para anular la votación u ordenar un recuento integral de sufragios, la izquierda se vuelve a proclamar la ganadora de esos comicios y se dice unida contra el gobierno "espurio", aunque está más débil y tiene fisuras internas.

Mientras, el presidente conservador Felipe Calderón, que asumió en diciembre tras ganar a su principal contrincante por medio punto porcentual, recibe hoy el apoyo de entre 65 y 70 por ciento de la población, según las encuestas, y la mayoría de las instituciones del Estado operan sin mayores problemas. Además, la economía marcha sin sobresaltos.

Pero el Frente Amplio Progresista (FAP), coalición de izquierda que agrupa al Partido de la Revolución Democrática (PRD), el Partido del Trabajo y el Partido Convergencia, se mantiene en la tesis de no colaborar con Calderón y denunciar el fraude, actitud que según encuestas hizo que al menos un tercio de lo que votaron hace un año por su candidato presidencial, Andrés López Obrador, hoy dicen que ya no lo harían.

"El país no se fue al caos, el país no tiene dos gobiernos y no hay una situación extrema, pero una buena parte de la población y del mundo político se mantiene dividida y eso impide consolidar la democracia,", dijo a IPS Zulia Merino, politóloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

"Aquí no perdió López Obrador o ganó Calderón. A la larga todos perdimos con las elecciones del 2 de julio", indicó Merino.

Para la politóloga María Amparo Casar, del Centro de Investigación y Docencia Económicas, a un año de la elección "no queda sino mirar para adelante y asegurarse de que, a través de una reforma electoral, no vuelva a presentarse una crisis de la magnitud de la que vivimos en el 2006".

"Mirar para adelante es lo que hizo Calderón después del 2 de julio. Sólo así me puedo explicar que el 80 por ciento de los que votaron por él volverían a hacerlo (encuesta del diario Reforma), que 69 por ciento apruebe su desempeño (sondeo de la firma GEA-ISA), que obtenga un 7,1 de calificación (encuestadora Consulta) o que tenga 48 por ciento de aprobación entre los propios perredistas (encuestadora Bimsa)", apuntó la observadora.

Calderón ha ignorado en la mayoría de las ocasiones las movilizaciones de López Obrador, quien en noviembre se declaró "presidente legítimo" y nombró a su propio gabinete. No obstante, el mandatario también se ha reunido con gobernadores seguidores de ese ex candidato y ha hecho llamados a concertar.

Sin el PRD y los otros partidos del FAP dispuestos a negociar asuntos legislativos, Calderón se concentró en negociar y aprobar algunos proyectos con el concurso de sus correligionarios del Partido Acción Nacional y del ex gobernante Partido Revolucionario Institucional (1929-2000). Juntas, esas fuerzas hacen mayoría.

Un día antes de cumplirse el aniversario de las elecciones del 2 de julio, López Obrador reunió a unos 90.000 seguidores en la plaza del Zócalo, la principal de la capital. Allí llamo a sus seguidores a mantenerse unidos, a no negociar con Calderón y avanzar en la conformación de un frente ciudadano que trabaje junto al político del FAP.

López Obrador promovió la creación de la Convención Nacional Democrática para generar, desde la sociedad, un contrapeso a Calderón y proponer reformas constitucionales. La Convención además, fue la que lo designó "presidente legítimo".

Pero a un año de las elecciones de julio y a siete meses de la investidura de Calderón, todas las encuestas coinciden en que si se repitieran los comicios, la izquierda perdería de forma apabullante.

En las cuatro elecciones estatales celebradas en lo que va de este año, los partidos del FAP no pudieron mantener su unidad y presentaron candidatos separados.

Más de 1,5 millones de personas se han afiliado a la Convención en los últimos meses, dicen sus organizadores. No obstante, ese grupo no se ha traducido aún en una fuerza de alta visibilidad o que realice acciones de peso.

Un documento interno del PRD conocido por IPS indica que "si la presidencia de Calderón se consolida y eso se traduce en un mayor control político del país y en triunfos electorales de la derecha, ello podría conducir a un hecho de gran importancia y de enorme gravedad: la conversión del PAN en el partido mayoritario del país".

Esto se traduciría en "una sociedad polarizada al extremo, con vías democráticas muy delgadas que propiciarían la violencia institucional y la represión constante de los movimientos sociales", añade el documento preparado por los líderes de las diferentes corrientes que integran el PRD.

El texto, que circula de manera restringida entre miembros del PRD, advierte que es urgente consolidar a la izquierda como una opción política-electoral, que se fortalezca dentro del FAP y que coordine acciones con la Convención Nacional Democrática.

Eduardo Huchin, coordinador del área de Reforma Electoral del FAP y asesor de ese frente, reconoce que la Convención "sólo existe para los seguidores fervientes" de López Obrador.

Merino, de la UNAM, sostuvo que mal haría Calderón en sentirse como el ganador y en minimizar a la izquierda, pues las ofertas que ese sector político presentó en las elecciones del 2 de julio de 2006, como el combate frontal a la pobreza y la lucha contra la inequidad, deben ser atendidas.

La indigencia en México, que incluye a quienes reciben hasta 1,6 dólares diarios en el área rural y hasta 2,2 dólares en la urbana, afecta a 18,2 por ciento de la población.

Mientras, la pobreza, medida con base a quienes reciben hasta 3,6 dólares diarios en el área rural y hasta 5,5 en la urbana, aflige a 47 por ciento de la población, estimada en poco más de 103 millones.

"La democracia debería exigir acabar con esa lacras, pero eso se ve muy difícil con una sociedad que sigue dividida y en la que un sector sigue convencido de que hubo fraude", sostuvo Merino.

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