PORTUGAL-BRASIL: Economía domina la cumbre

La terminología se repite año tras año y la VIII Cumbre Luso-Brasileña no fue la excepción. Los gobernantes de los dos «países hermanos», de lengua y gran parte de historia comunes, se reunieron otra vez para profundizar sus relaciones, en especial en el área económica.

Reunidos este jueves en Oporto, la segunda ciudad en importancia de este país y ubicada a 330 kilómetros al norte de Lisboa, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el primer ministro de Portugal, José Sócrates, acordaron objetivos y protocolos que relacionan a la mayor economía de América Latina con una de las de más modesto desarrollo de la Unión Europea (UE).

Entre los acuerdos firmados, tal como en años anteriores, se destacan los del área económica.

Los dos gobernantes colocaron especial empeño en este ámbito, inaugurando un seminario paralelo a la cumbre y que contó con la presencia de 150 empresarios portugueses y de los 35 brasileños que forman parte de la comitiva de Lula, secundada por su ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Luiz Fernando Burlan.

Portugal continúa empeñado en ser "la puerta de entrada de la inversión brasileña en la UE", mientras que los empresarios de los dos países coincidieron en que el aumento de la cooperación económica pasa también por el incremento de la presencia de capitales lusos en el gran país sudamericano.

Brasil ya tiene en Portugal a uno de sus principales inversores del exterior, con colocaciones en especial en sectores de telecomunicaciones, turismo, energía, construcción de carreteras, cemento y distribución, por un total de casi 15.000 millones de dólares en el último lustro.

Le cifra es considerada enorme por los analistas, si se toma en cuenta la dimensión de Portugal, con 10,2 millones de habitantes y un producto interno bruto de 160.000 millones de dólares, frente a Brasil, que en el mismo lapso invirtió 2.091 millones de dólares en el país europeo.

Empero, ese monto es un poco tímido ante el potencial del vasto país latinoamericano, con 184 millones de habitantes y ubicado en el puesto 12 entre las mayores economías del mundo.

A nivel privado, en la cumbre fue firmado un acuerdo entre la Confederación de la Industria Brasileña, representada en especial por los sectores de energía, agronegocios, muebles, joyería, maquinarias, equipos, software y servicios, y sus dos principales congéneres lusitanas, como son la Asociación Industrial Portuguesa y la Asociación Empresarial de Portugal.

También Brasil tiene interés en vender a Portugal etanol, del cual produce 13.000 millones de litros por año a partir de la caña de azúcar, y transferir su tecnología en esa área con el propósito de alcanzar los mercados europeos.

El etanol es la materia prima del biodiesel, un combustible que contribuye a reducir la polución y la reducción de gases de efecto invernadero.

Otro asunto económico abordado por los líderes de ambos países fue el de la presentación de proyectos concretos en el ámbito Sociedades Público-Privadas —lanzadas por Brasilia en 2003 y legisladas a fines de 2004— destinadas a fomentar la creación de "joint-ventures" (inversiones de riesgo compartido) entre el gobierno y las firmas privadas interesadas en participar en estructuras públicas.

Según un estudio de la Confederación Nacional de la Industria de Brasil, serían necesarios unos 17.200 millones de dólares anuales de inversiones para recuperar las infraestructuras del país, mientras que la expectativa del gobierno es de recibir 16.500 millones de dólares, pero en el plazo de cuatro años.

Además de las frases de circunstancia subrayando los "fuertes lazos de sangre" entre las dos naciones, las palabras de los dos gobernantes al clausurar la octava cumbre esta tarde fueron dedicadas casi exclusivamente a la economía.

Sócrates señaló que "llegó la hora de los empresarios brasileños de invertir en Portugal, una buena oportunidad para competir en la economía global", palabras que contaron con el apoyo de Lula, pues "también nosotros debemos invertir aquí, donde la compra y la venta de los dos lados es la fórmula".

El mandatario sudamericano no perdió la oportunidad de recordarle a Lisboa que Brasil "sigue siendo una gran oportunidad para los inversores" y que Portugal puede ser "la puerta de entrada al Mercosur", el Mercado Común del Sur formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

En el ámbito cultural, los titulares de las respectivas carteras, Isabel Pires de Lima, de Portugal, y el destacado cantautor Gilberto Gil, de Brasil, firmaron dos protocolos de cooperación para la preservación del patrimonio histórico y el fomento de la producción y distribución cinematográfica.

Asimismo, se acordó establecer un nuevo convenio para la divulgación conjunta del idioma portugués en terceros países, en especial en América Latina. En este marco, Lisboa apoyará la acción de los institutos culturales Machado de Assis, de Brasil, y Luiz de Camões, de Portugal.

La cumbre también parió dos acuerdos de cooperación en el área de defensa y de protección de información clasificada, firmados por el viceministro de Relaciones Exteriores de Portugal, João Gomes Cravinho, y su homólogo brasileño, Samuel Pinheiro de Guimarães, cuyo tenor no fue divulgado.

Además de los convenios, los dos gobernantes firmaron varios memorandos de entendimiento para crear mecanismos de cooperación en el área de las alteraciones climáticas, teniendo en cuanta el cumplimiento del Protocolo de Kyoto de normas de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero, así como a nivel de seguridad sanitaria de productos de origen animal y vegetal.

En cuanto a las migraciones, un asunto que no estaba en la agenda, las principales novedades fueron más bien de orden cosmético, destinadas a facilitar la vida a los 110.000 brasileños residentes en Portugal, sólo 80.000 de los cuales tiene documentación en regla, y de los 1,3 millones de portugueses que viven en la mayor nación lusófona del mundo.

Sócrates prometió implementar medidas para simplificar el laberinto de la pesada burocracia lusitana para dar cumplimiento al acuerdo firmado entre los dos países durante la primera visita de Lula, en junio de 2003, otorgando un estatuto especial a los brasileños indocumentados que deseasen obtener la visa de residencia.

Sin embargo, esas medidas no incluyen alteraciones legislativas ni la apertura de nuevos procesos y plazos para legalización de indocumentados.

Coincidente con la cumbre, el ministro luso de Interior, Antonio Costa, anunció que los aeropuertos internacionales portugueses van a tener una vía especial de acceso para los países de lengua portuguesa, tal como la de los ciudadanos de la UE, cuyas reglas continuarán siendo cumplidas, tratando sólo de "crear canales privilegiados" de circulación para "nuestros hermanos lusófonos".

Costa explicó que "es bueno que, en el espacio de fraternidad que es la CPLP (Comunidad de Países de Lengua Portuguesa), podamos tener cada vez mayor facilidad de circulación entre los países miembros" de este grupo que forman, además de Portugal y Brasil, Angola, Guinea-Bissau, Cabo Verde, Mozambique, Santo Tomé y Príncipe y Timor Oriental.

Las notas discordantes fueron la negativa de los dos jefes de gobierno de responder preguntas sobre el escándalo de corrupción que afecta al izquierdista Partido de los Trabajadores, de Lula, donde aparecieron mencionadas en la investigación en curso dos grandes empresas portuguesas.

Portugal Telecom y el Banco do Espirito Santo, ambas con fuerte presencia en el mercado brasileño, negaron con vehemencia haber participado en el financiamiento ilegal de partidos políticos, uno de los posibles casos de corrupción que se denuncian en Brasilia.

Otro aspecto incómodo para Lula durante su visita de 24 horas a Oporto lo constituyó una declaración de la dirección de la "Casa do Brasil", lamentando que el presidente, por segunda vez, se negó a visitar la institución y a recibir a sus representantes.

"Es lamentable que Lula, un hombre del pueblo, se niegue a dialogar con ese mismo pueblo. Es la segunda vez que él visita Portugal y que no se encuentra con nuestra comunidad. Somos nosotros, y no las elites quienes representamos a los más de 100.000 brasileños que viven aquí", apuntó la presidenta de la Casa do Brasil en Portugal, Heliana Bibas. (

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