CUBA: Sequía aumenta riesgos de inseguridad alimentaria

El tono predominante en los campos de la oriental provincia cubana de Camagüey es ahora el ocre, los animales ya no tienen hierba fresca para comer y la tierra cuarteada clama por agua, que no cae del cielo ni llega hasta los hogares.

”Es una situación crítica, nunca vista por estas tierras”, dijo, en conversación telefónica con IPS, la pintora Ileana Sánchez, de 45 años y residente ”de toda la vida” en la capital provincial, que lleva el mismo nombre, distante 570 kilómetros de La Habana.

Camagüey, cuyos 15.990 kilómetros cuadrados de extensión la hacen la provincia más extensa de Cuba, limita con Ciego de Avila, más al centro del archipiélago, y con Las Tunas al este, otras dos provincias que viven también el impacto de la sequía.

Región ganadera por excelencia, Camagüey produce en tiempos normales entre 23 y 25 por ciento de la leche del país y una porción similar de carne. También dispone del mayor rodeo equino y ovino de Cuba.

La falta de precipitaciones pluviales, ya evidente a fines de 2003, fue responsable de que la provincia terminara el pasado año con cerca de 2.000 fuentes de agua agotadas y alrededor de un millón de litros de leche menos que lo acostumbrado.

”No llueve, nada cae del cielo. A mi casa no entra agua desde fines de mayo. Las tuberías están secas y suerte que tengo un pozo en el patio, construido en 1991. De ahí sacábamos agua sólo para beber, porque es muy pura, pero ahora es para todo”, relató Sánchez.

Añadió que no pierde una gota del vital líquido. ”Lo reciclo, nada se pierde”, explicó. Con aguas sobrantes de menesteres hogareños, según el grado de suciedad, limpia los pisos o riega sus tres árboles frutales y sus decenas de plantas.

Según dijo, en los mercados agrícolas de la ciudad es evidente la falta de verduras. ”Se consigue tomate, pero es de mala calidad, creo que por falta de riego. Además subió de 1,50 a seis pesos cubanos la libra”, contó.

Sin embargo, los puestos de venta están bien abastecidos de huevo, a 1,50 pesos la unidad, y pescado. ”Tengo la impresión de que las autoridades han reforzado la venta de esos productos para disminuir el impacto de otras carencias”, opinó.

Un dólar en Cuba es igual a 26 pesos al canje en las Casas estatales de cambio, pero oficialmente la paridad es de uno por uno.

Las enormes filas de gente ante los camiones cisternas que distribuyen agua se repiten en Las Tunas y Holguín, también al este de La Habana, las otras dos provincias donde la sequía se ha hecho sentir con especial fuerza y grave riesgo para la seguridad alimentaria de su población.

Esta semana, la oficina en Cuba del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la Organización de las Naciones Unidas inició un proyecto de ayuda alimentaria de más de 161.000 dólares en beneficio de 114.195 niños y niñas menores de cinco años de esos tres territorios.

En un comunicado, el PMA recordó que la sequía que enfrentan provincias de la región central y oriental del país ha sido catalogada como una de las más severas de la última década.

El plan prevé la distribución complementaria de una ración de arroz, frijoles y aceite, dentro de la canasta básica que a precios subsidiados por el estado puede adquirir en el mes cada núcleo familiar.

”Este proyecto comenzará a ejecutarse aproximadamente en 15 días y estará vigente durante un mes a partir de la primera entrega de alimentos que se realice, dijo el PMA en un comunicado emitido el 1 de julio, pero que comenzó a circular sólo esta semana.

Sin dejar de reconocer que se trata de un respaldo importante para familias de escasos recursos, Sánchez consideró que el paliativo es insuficiente. ”La libreta de racionamiento no cubre todas las necesidades alimenticias de una familia”, advirtió.

La situación podría agravarse tras el inicio de la temporada ciclónica, que va de junio a noviembre. Las tormentas tropicales traen gran cantidad de agua para llenar los embalses, pero también inundaciones y vientos que arrasan cosechas agrícolas y viviendas.

Entre octubre de 2001 y octubre de 2002, Cuba fue azotada por tres huracanes que causaron estragos en casi todo el país, con pérdidas económicas que sólo en el caso del Michelle (noviembre de 2001) sumaron 1. 800 millones de dólares.

El gobierno de Fidel Castro encargó a una comisión especial la búsqueda de alternativas de corto, mediano y largo plazo, para enfrentar la notable disminución de precipitaciones en el país. Según fuentes oficiales, junio quedó entre los meses más secos de la historia.

A su vez, los agricultores barajan diversas fórmulas para sembrar variedades más resistentes y regar los campos con menos agua y combustible, nunca abundante en este país cuya matriz energética sigue dependiendo fundamentalmente del petróleo.

La escasez de alimentos que traen aparejados los prolongados períodos de seca es una de las secuelas más temidas por los 11,2 millones de cubanos, cuyo consumo disminuyó considerablemente con la crisis económica de principios de los 90 del pasado siglo.

A mediados de esa década, la ingestión diaria descendió hasta 1.863 calorías y 46 gramos de proteína. Esas cantidades representan 74 y 61 por ciento, respectivamente, de las necesidades reconocidas como básicas.

El fenómeno repercutió en la salud de la población. Al déficit acumulado de vitaminas, sobre todo las del complejo B y algunos aminoácidos esenciales, se atribuye el recrudecimiento de las enfermedades neurológicas desatado en 1993.

En la segunda mitad de los años 90, la ingestión se había elevado a 2.400 calorías y 65 gramos de proteína por personas cada día, cifras aún inferiores a las necesidades básicas. En 2003, el consumo subió a 3.193 calorías y 82,8 gramos, de acuerdo a datos oficiales.

En 1998, el gobierno de Cuba y el PMA acordaron la implementación de un proyecto de vulnerabilidad alimentaria en la región oriental del país, ”por considerarse ésta la de mayor retraso relativo general al nivel nacional”.

De acuerdo con ese estudio, la sequía figura entre los mayores riesgos que enfrenta la región oriental, definida ésta como ”un período de condiciones meteorológicas anormalmente secas, suficientemente prolongado como para que la falta de precipitación cause un grave desequilibrio hidrológico”.

A ese peligro se suma el de las inundaciones y las penetraciones costeras que ocurren generalmente asociadas a precipitaciones torrenciales que acompañan a fenómenos meteorológicos como los ciclones tropicales, las bajas extratropicales, los frentes fríos moderados y fuertes o la combinación de varios de ellos.

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