Seis burros cargados con sacos de café fueron introducidos este miércoles en la Bolsa de Londres por la organización Oxfam en protesta por las condiciones que las compañías de café imponen a los cultivadores pobres.
Los sacos, arrojados en la Bolsa para simbolizar el derrumbe de los precios mundiales del producto, forman parte del plan de rescate del café de la organización humanitaria Oxfam, con sede en Londres, destinado a lograr un pago digno para 25 millones de cultivadores en 45 países.
De acuerdo a Oxfam, los agricultores enfrentan la ruina económica y muchos pasan hambre por la drástica depreciación del café en los últimos cinco años. Un kilogramo del grano cuesta en promedio 1,10 dólares, cuando el costo de producción es de 1,76 dólares por kilo.
Con estos valores, los cultivadores reciben en promedio apenas 14 centavos de dólar por kilogramo de granos sin procesar. Pero una taza de café en cualquier cafetería de Londres cuesta entre tres y cuatro dólares.
La campaña global de Oxfam procura forzar a las corporaciones que dominan la industria de 60.000 millones de dólares a pagar mejores precios a los agricultores.
El blanco de la campaña son los cuatro gigantes del sector: Kraft, Nestle, Sara Lee y Procter & Gamble, que adquieren casi la mitad de la cosecha mundial de café.
Apenas cinco por ciento de los dividendos generados por la venta de café llega a los cultivadores pobres, alega Oxfam.
Las corporaciones saben que existe un terrible sufrimiento humano en el corazón de su negocio y no hacen nada por ayudar. Es tiempo de avergonzarlas y hacerlas cambiar, sostuvo el director de campañas de la organización, Adrian Lovett.
De hecho se notan algunos cambios. La trasnacional de origen suizo Nestle anunció esta semana que está preparada para adoptar medidas destinadas a detener la caída de precios. El anuncio se produjo luego de varias semanas de negociaciones con representantes de Oxfam.
Nestle considera retomar un acuerdo similar al sistema de cuotas introducido en 1962 para evitar la superproducción y asegurar la estabilidad de los precios. El acuerdo se quebró en 1989, cuando Estados Unidos le retiró su respaldo.
Es buena señal que concuerden con nosotros acerca de la necesidad de acción. Pero nos gustaría ver acción y no sólo palabras, dijo a IPS Eliot Whittington, de Oxfam.
Hasta ahora ninguna de las otras grandes compañías respaldó la propuesta de Nestle.
Una portavoz de Kraft se limitó a contestar que la situación podría mejorar estimulando la demanda.
La crisis se precipitó luego de varias abundantes cosechas en Brasil, sumadas a la enorme producción de Vietnam. Los precios de las semillas de café cayeron a la mitad en los últimos tres años, incluso por debajo de los costos de producción de varios países.
Esto es más bajo que los precios durante la gran depresión económica de los años 30, dijo Néstor Osario, presidente de la Organización Internacional de Café (ICO), con sede en Londres.
Las consecuencias son catastróficas para países como Kenia y Vietnam, asegura la ICO, que nuclea a las naciones productoras de café. En América Central, miles de campesinos se han quedado sin sustento.
La superproducción permitió almacenar reservas de 40 millones de sacos de 60 kilogramos cada uno, asegura ICO, que propone retirar del mercado las variedades de granos de peor calidad para abatir el exceso de oferta y elevar los precios.
Oxfam respalda esta idea. La destrucción de cinco millones de sacos podría elevar los precios 20 por ciento en un año, arguye la organización.
Las naciones industriales deben pagar el costo de esta medida, de 140 millones de dólares, porque la misma representaría beneficios de 1.200 millones de dólares, asegura Oxfam.
La próxima semana, los países productores se reunirán en Londres para discutir estrategias destinadas a sortear la crisis. El encuentro sólo será efectivo si logra suficiente apoyo de líderes políticos y empresarios.
La indiferencia de las corporaciones ha sido acompañada hasta ahora por la complacencia de los gobiernos de las naciones ricas, añadió Oxfam.
Su reacción ante esta crisis probará si la globalización puede funcionar para los pobres, dijo Lovett.
También los consumidores se ven afectados. Los bajos precios también determinan una caída en la calidad. Hay productos que contienen material no reconocible como café, dijo un portavoz de la ICO.
Por eso la campaña de Oxfam también busca la adhesión de los bebedores de café, que deben reconocer la injusticia que se encuentra en su taza.
El hecho de las corporaciones ignoren al último eslabón de la cadena productiva es notablemente miope, pues existen muchas evidencias de que los consumidores están interesados, aunque las compañías no lo estén, dijo Sophia Tichell, de Oxfam. (FIN/IPS/tra-eng/ss/raj/dcl/dv/if/02


