LONDRES – En medio de una mortal ola de calor que golpea a Europa, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, pidió este martes 23 desde la capital del Reino Unido una respuesta mundial mucho más ambiciosa frente a la crisis climática provocada por los combustibles fósiles.
En un discurso durante la Semana de Acción Climática de Londres, Guterres sostuvo que la dependencia del petróleo no solo agrava el calentamiento global: también deja a los países expuestos a nuevas sacudidas energéticas.
Como ejemplo, mencionó las interrupciones del transporte marítimo en el estrecho de Ormuz, y la guerra de Irán, Israel y Estados Unidos.
“Estas crisis pueden parecer separadas, pero comparten el mismo origen destructivo: los combustibles fósiles”, afirmó.
Es su opinión, tales crisis “exigen la misma respuesta: una transición rápida y justa hacia la energía limpia, junto con un impulso a la adaptación, la resiliencia y la justicia climática para quienes ya sufren los efectos del cambio climático”.
Junto con acelerar la transición para dejar atrás los combustibles fósiles, Guterres planteó que las grandes empresas de inteligencia artificial (IA) deben hacer pública la huella ambiental de sus centros de datos y los abastezcan con energías renovables antes de 2030.
Su plan también incluye recortar emisiones de dióxido de carbono (CO2) y demás gases de efecto invernadero -responsables del calentamiento planetario-, eliminar subsidios a los combustibles fósiles y ampliar la financiación climática.
La hoja de ruta que defendió Guterres en Londres comienza por reducir las emisiones con rapidez: deben empezar a caer con fuerza esta década para alcanzar cero emisiones netas en 2050 -equilibrio entre lo que emite a la atmósfera y lo que se logra retirar-, con especial atención a la reducción del metano.
“El mundo eliminó la gasolina con plomo. Eliminamos las sustancias que destruyen la capa de ozono. Ahora le toca al metano”, expresó.
Luego, acelerar la energía limpia: mantener el impulso de las renovables, eliminar los subsidios a los combustibles fósiles y gravar sus ganancias para apoyar a las comunidades vulnerables y la transición.
“Las ocho mayores empresas de combustibles fósiles obtuvieron 6500 millones de dólares adicionales solo en el primer trimestre de este año. Insto a los gobiernos a gravarlas”, manifestó.
Esos fondos, dijo, deberían ayudar a las familias y comunidades más vulnerables y acelerar el acceso a energía limpia y asequible.
Asimismo, se debe reducir la huella de la IA: exigir a las grandes empresas que revelen el impacto ambiental de sus centros de datos y los abastezcan con energía renovable antes de 2030.
Aboga por hacer justa la transición: garantizar empleo, apoyo a las comunidades y beneficios de desarrollo para los países en desarrollo.
Asimismo, por reforzar la resiliencia climática: invertir más en adaptación, alertas tempranas y medidas de protección para quienes enfrentan mayores riesgos.
También, movilizar financiación justa: ampliar el acceso de los países en desarrollo a recursos asequibles para energía limpia, adaptación y desarrollo sostenible, y defender la ciencia y la verdad: combatir la desinformación climática y proteger a periodistas y defensores ambientales.
Expuso que más de una década después de que los países acordaran en París limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados (°C), sobre los niveles promedio de la era preindustrial (1850-1900), los científicos respaldados por la ONU advierten que ese umbral podría superarse en los próximos años.
El Acuerdo de París sigue en pie, pese a la nueva retirada de Estados Unidos, formalizada en enero.
A medida que la temperatura promedio aumenta cada año, se constata que “cada fracción de grado importa”, insistió Guterres, y destacó que un calentamiento mayor podría destruir arrecifes de coral, acelerar el deshielo de grandes capas de hielo, transformar las costas y obligar a millones de personas a desplazarse.
Algunos pequeños Estados insulares podrían incluso desaparecer bajo el agua.
“La tarea que tenemos por delante es limitar estrictamente ese sobrepaso, reducir su duración y mantener las temperaturas por debajo de 1,5 °C lo antes posible”, afirmó.
Como nota optimista, afirmó que “la buena noticia es que ahora tenemos una salida clara, una salida limpia”.
Ello porque desde 2010, el costo de la energía solar ha caído casi 90 %; el de la eólica terrestre, más de 70 %, y el del almacenamiento en baterías, 95 %.
Guterres comentó que las energías renovables evitaron más emisiones de CO2 que las que producen en conjunto Estados Unidos, la Unión Europea y Japón en un año.
Además, la inversión en energía limpia ya casi duplica a la destinada a los combustibles fósiles.
Con respecto a las finanzas y la inversión, Guterres recordó que muchos países en desarrollo pagan por sus préstamos entre dos y tres veces más que las economías ricas, lo que limita su capacidad de invertir en energía limpia y resiliencia climática.
“Los países con abundante potencial renovable están quedando fuera de la revolución de la energía limpia”, advirtió.
Dijo que África recibe apenas dos por ciento de la inversión mundial en energía limpia, pese a concentrar 60 % de los mejores recursos solares del planeta.
Indicó que los bancos multilaterales de desarrollo, incluido el Banco Mundial, cuentan con entre 600 000 y 800 000 millones de dólares adicionales de capacidad de préstamo, recursos que deben utilizarse “de forma agresiva” para financiar infraestructura, adaptación climática y desarrollo sostenible.
Los países industriales también deben cumplir sus promesas de financiación, incluido el apoyo al Fondo de Respuesta a las Pérdidas y los Daños (derivados del cambio climático) para los países en desarrollo, y al Fondo Verde para el Clima.
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