ROMA – La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) solicitaron 202 millones de dólares para proteger a casi nueve millones de personas, en 22 países, del previsible impacto de gran intensidad del fenómeno meteorológico El Niño.
En América Latina y el Caribe, la ayuda en recursos para la agricultura y la alimentación se dirigirá a poblaciones vulnerables en Colombia, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras y Venezuela.
El Niño es un fenómeno recurrente (entre cada dos a cada siete años) de vientos cálidos sobre el océano Pacífico ecuatorial, con lo cual se alteran los ciclos regulares de sequía y lluvias que suelen causar inundaciones en varias regiones del planeta, con severos daños en comunidades urbanas y explotaciones agrícolas.
La financiación solicitada de modo conjunto por la FAO y el PMA respaldará medidas preventivas, adaptadas a los contextos locales donde están bajo amenaza la seguridad alimentaria, los medios de vida y la producción agrícola, a lo largo de este año y del próximo, según el plan.
Entre ellas se incluyen la ayuda en efectivo, la distribución de semillas resistentes a la sequía y/o a las inundaciones, medidas de protección del ganado, sistemas de recogida y almacenamiento de agua, infraestructuras de protección contra inundaciones, asesoramiento agrícola e información de alerta temprana.
Las intervenciones previstas ayudarán a los hogares vulnerables a proteger sus medios de vida, estabilizar el consumo de alimentos, salvaguardar la producción agrícola y reforzar la resiliencia ante futuras crisis, indicaron las agencias.
El llamamiento se centró en 22 países, sopesando consideraciones clave como los riesgos derivados de las previsiones sobre El Niño y su impacto, los patrones climáticos históricos, los calendarios agrícolas, los niveles actuales de inseguridad alimentaria y la preparación operativa.
Fuera de la América Latina, se seleccionó en África a Camerún, Etiopía, Kenia, Madagascar, Malaui, Mozambique, Nigeria, Somalia, Sudán, Sudán del Sur, Uganda y Zimbabue, y en Asia y el Pacífico a Afganistán, Filipinas, Pakistán y Timor-Leste.
Se prevé que El Niño se intensifique desde la segunda mitad de 2026, lo que provocará condiciones más secas de lo habitual en algunas zonas, y condiciones más húmedas, con riesgo de inundaciones, en otras.
Ello lleva a perturbaciones en la siembra, las temporadas de cultivo, las cosechas, los pastos y la disponibilidad de agua.
Ese panorama se presenta mientras millones de personas ya se enfrentan a una grave inseguridad alimentaria provocada por los conflictos, la inestabilidad económica, los desplazamientos, las crisis relacionadas con el clima y las perturbaciones económicas vinculadas al conflicto en curso en Medio Oriente.
La FAO y PMA aseguraron que ya están preparados para llevar a cabo medidas preventivas en favor de 1,2 millones de personas que, según las previsiones, se verán afectadas por El Niño.
Con una inversión adicional de 167 millones de dólares, ambos organismos están en condiciones de ampliar rápidamente la ayuda a otros 7,6 millones de personas en 22 países prioritarios, lo que elevará la cobertura total a 8,8 millones de personas.
Basan su llamamiento en pruebas sólidas de que las medidas preventivas son a la vez muy eficaces y rentables. Cada dólar invertido en una respuesta preventiva supone hasta siete dólares en pérdidas evitadas y costos de respuesta.
Beth Bechdol, directora general adjunta de la FAO, dijo que “la experiencia demuestra sistemáticamente que actuar con antelación es más eficaz y menos costoso que responder una vez que la crisis se ha agravado”.
“Disponemos de los datos, las herramientas y las pruebas para identificar los riesgos antes de que se conviertan en emergencias. El reto consiste en garantizar que la financiación esté disponible con la suficiente antelación para poder actuar”, expresó.
Carl Skau, director ejecutivo en funciones del PMA, dijo que “no podemos permitirnos las consecuencias de otra crisis alimentaria. Con El Niño en el horizonte, disponemos de un margen de tiempo muy reducido para actuar, de modo que las familias no se vean obligadas a tomar decisiones imposibles más adelante”.
“La intervención temprana garantiza que haya comida en la mesa y protege a quienes corren mayor riesgo. Con los recursos adecuados, podemos actuar más rápido, reducir los costos y llegar a la población antes de que la crisis se agrave”, insistió.
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