El parlamento de Canadá ratificará a fines de octubre o en noviembre el Protocolo de Kyoto sobre cambio climático, cumpliendo el compromiso asumido por el primer ministro Jean Chretien en Johannesburgo y a pesar de la creciente presión empresarial.
Chretien anunció ante la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, que concluyó el 4 de este mes en la nororiental ciudad sudafricana de Johannesburgo, que acelerará el trámite de ratificación del Protocolo .
Industriales, autoridades provinciales y altos funcionarios federales procuran que el gobierno retrase el proceso de ratificación para que una modificación del acuerdo internacional beneficie a Canadá por sus exportaciones de gas natural y de energía hidroeléctrica, a las que considera fuentes limpias.
La Unión Europea y organizaciones ambientalistas se han negado a contemplar esa posibilidad, que reduciría 30 por ciento la disminución de las emisiones de gases invernadero requeridas a Canadá por el Protocolo.
No se puede ratificar el Protocolo de Kyoto sólo en parte, advirtió el director de Atmósfera y Energía de la organización no gubernamental Sierra Club de Canadá, John Bennet.
El gobierno puede intentar una negociación de créditos de energía después de ratificar el Protocolo, pero creo que, a fin de cuentas, el parlamento hará lo que el primer ministro diga y lo ratificará, pronosticó Bennet.
El Protocolo establece cuotas de reducción de las emisiones de gases invernadero, a los que la mayoría de los científicos atribuyen el recalentamiento planetario. El principal de esos gases es el dióxido de carbono, generado por la quema de combustibles fósiles como petróleo, gas y carbón.
Según el tratado, 38 países industrializados deberán reducir para 2012 sus emisiones de gases invernadero 5,2 por ciento respecto de las de 1990. Las emisiones de Canadá aumentaron 20 por ciento desde ese año.
Las autoridades canadienses pueden intentar acuerdos con otros países sobre 'créditos de energía' después de ratificar el acuerdo y aunque una vez que el proceso parlamentario concluya el Protocolo tendrá fuerza de ley, afirmó Bennet.
Chretien atribuyó su inesperado anuncio ante la Cumbre en Johannesburgo a las graves consecuencias del cambio climático en los territorios árticos de Canadá y en la llanura central, el corazón agrícola del país, que sufre una grave sequía por tercer año consecutivo.
Los eventos climáticos extremos afectan al pueblo inuit, en el Artico canadiense, y a los agricultores en las praderas, así como a pueblos de todo el mundo. La acción global es imperativa y así lo sentimos los canadienses, dijo Chretien ante la Cumbre.
Los votos en el parlamento del Partido Liberal, al que pertenece Chretien, del Partido Socialdemócrata y del regional Bloc Quebecois son suficientes para aprobar la ratificación del Protocolo de Kyoto.
Un grupo de industrias canadienses contrataron a la agencia internacional de relaciones públicas APCO Worldwide y a la firma Hill and Knowlton para coordinar una campaña contra el tratado en la provincia de Ontario, altamente industrializada, de donde proceden la mayoría de los parlamentarios liberales.
La presión sobre el gobierno, tanto de la industria petrolera como de la automovilística y del sector bancario, es enorme, dijo Bennet.
Compañías industriales y petroleras reunieron todo un arsenal para convencer a la población de Ontario de que perderán empleos en el sector automovilístico. Pero el Protocolo de Kyoto creó puestos de trabajo en la provincia, pues los obreros debieron fabricar automóviles para sustituir a los viejos, agregó.
Deberemos afrontar gran cantidad de propaganda mentirosa, afirmó Bennet.
El director de la organización no gubernamental Democracy Watch, Duff Connacher, sostuvo que la campaña contra el Protocolo es masiva, formidable, pero Chretien se retirará pronto del gobierno y no se verá afectado por la presión porque no volverá a ser candidato.
La inminente ratificación de Canadá, así como la de Rusia, eleva la cantidad de países industrializados que cumplieron el trámite casi a los 55 necesarios para asegurar la vigencia del tratado. En total, unos 70 países lo ratificaron.
El anuncio de Chretien fue un duro golpe al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quien anunció el año pasado que su gobierno no propondría la ratificación del Protocolo ante el Congreso legislativo a pesar de que su antecesor, Bill Clinton, firmó el convenio.
Poco después del anuncio de Bush, Chretien sugirió que Canadá podría seguir su ejemplo, pues la adhesión al Protocolo podría significar una desventaja competitiva para las empresas canadienses ante las de su poderoso vecino y socio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
El gobierno canadiense también recibe presiones desde la petrolera y rica provincia de Alberta, en el occidente del país. El gobierno provincial contrató al ex primer ministro Peter Lougheed como portavoz en su campaña contra el Protocolo y contrató publicidad en los principales diarios nacionales.
El jefe del gobierno de Alberta, Ralph Klein, exige una reunión con sus pares de las nueve restantes provincias y de los tres territorios canadienses antes de someter el Protocolo al parlamento, y advirtió que, de no convocarse la conferencia, apelará a la justicia.
Es el 'plan B' luego de ejercer presión sobre la opinión pública junto con el sector privado para convencer al gobierno federal de que necesitamos mucho más trabajo y muchas más respuestas, dijo Klein.
Ratificar el Protocolo de Kyoto sería como firmar una hipoteca sobre una propiedad que nunca viste a un precio que nunca discutiste, advirtió. (FIN/IPS/tra-eng/mb/ml/mj/en ip/02


