MÉXICO – Amnistía Internacional (AI) demandó investigar el papel de Estados Unidos y Ecuador en el ataque a una embarcación pesquera ecuatoriana, con saldo posible de ocho muertes de inocentes, al cumplirse, este lunes 20, los seis meses de la desaparición del barco en aguas del Pacífico.
“Las familias de las ocho personas cuyo paradero se desconoce temen que se trate de una desaparición forzada a manos de Estados Unidos”, afirmó Ana Piquer, directora para América en la organización humanitaria.
Las autoridades estadounidenses y ecuatorianas “deben confirmar o desmentir si existió participación de agentes estatales de cualquiera de los dos países, llevar a cabo todas las acciones necesarias para dar con la suerte y paradero de las víctimas, y presentar evidencia fehaciente que demuestre lo que pasó”, dijo Piquer.
AI recordó que el Comando Sur de Estados Unidos emprendió una campaña de ataques aéreos contra embarcaciones sindicadas de transportar drogas desde las costas latinoamericanas sobre el mar Caribe y el océano Pacífico.
Desde el 2 de septiembre de 2025 fueron dinamitadas, con ataques cinéticos desde gran altura, más de 60 embarcaciones, con más de 200 personas asesinadas, lo cual “configura una práctica de ejecuciones extrajudiciales y otras violaciones de derechos humanos que debe cesar inmediatamente”, según AI.
El 20 de enero 2026 el barco pesquero Fiorella desapareció en aguas internacionales, tras haber zarpado del puerto de Jaramijó, Ecuador, siete días antes. Desde entonces se desconoce el paradero de ocho de sus 10 tripulantes.
Los indicios apuntan a que Estados Unidos pudo haber asaltado la embarcación como parte de su más reciente política antidrogas “Lanza del Sur”, apoyada en la poderosa fuerza aeronaval que colocó en el Caribe y empleó también para lanzar un ataque relámpago sobre Caracas el pasado 3 de enero.
El Laboratorio de Evidencias de AI reconstruyó el recorrido del Fiorella, confirmando que el barco navegó por aguas ecuatorianas en dirección a las islas Galápagos, que pertenecen a Ecuador.
AI viajó a las localidades costeras de Manta y Jaramijó, y se entrevistó con las familias de los ocho desaparecidos, las cuales buscan a sus seres queridos y exigen respuestas a las autoridades ecuatorianas desde enero.
Además, se reunió con autoridades y analizó declaraciones extraídas del expediente elaborado por la Capitanía de Puerto de Manta, de la Armada ecuatoriana.
El Fiorella era un barco pesquero palangrero dedicado a la captura de especies como marlín, atún, dorado y tiburones mediante un espinel o palangre, que consiste en una línea principal de varios kilómetros de longitud equipada con cientos de anzuelos.
La embarcación zarpó la noche del 13 de enero desde Jaramijó con 10 tripulantes a bordo.
A partir del cuarto día de navegación, la embarcación Fiorella habría comenzado a ser objeto de un seguimiento sostenido por parte de aviones, patrullas y drones con simbología de Estados Unidos.
El capitán de la nave, Juan Carlos Valencia, comunicó diariamente a su familia, a través de mensajes satelitales, su creciente preocupación por esta vigilancia.
Los días 18 y 19 de enero, la tripulación divisó drones, aeronaves y una patrulla marítima. Uno de los supervivientes relató haber visto varios drones y “una embarcación grande con bandera americana”.
Al amanecer del 20 de enero, dos lanchas pesqueras, cada una con dos tripulantes, se desprendieron del barco nodriza Fiorella para tender varios kilómetros de espinel con anzuelos cebados, una tarea habitual en la pesca artesanal de altura.
Una de esas lanchas, la Primer Mandamiento, se mantuvo a una distancia considerablemente mayor del Fiorella que la otra: unas 15 millas náuticas.
Todo transcurría con normalidad hasta las 13:00 horas, cuando por la radio que portaban a bordo escucharon gritos desde la otra lancha: “¡Capitán, capitán, capitán!”. Inmediatamente después, se perdió toda comunicación con ambas embarcaciones.
Los tripulantes de la Primer Mandamiento relataron a la Capitanía de Puerto, que, a la distancia, divisaron una gran columna de humo en dirección al Fiorella, sin poder determinar con certeza si correspondía a un incendio a bordo del barco nodriza.
Estos tripulantes fueron los únicos que lograron regresar con vida de esa jornada. Del Fiorella y de la segunda lancha desprendida no se ha vuelto a tener noticia.
Después de quedar a la deriva, el 22 de enero los dos integrantes de la lancha Primer Mandamiento fueron rescatados por otro barco pesquero y llevados a tierra.
Entre las familias existe la sospecha de que sus familiares pudieran haber sido detenidos arbitrariamente y trasladados a otro país, tal como habría ocurrido en marzo con las tripulaciones de la Negra Francisca Duarte II y el Don Maca, dos embarcaciones de una localidad cercana a Jaramijó.
Piquer deploró que “la respuesta de las autoridades ecuatorianas, únicas ante las que las familias han presentado sus denuncias, ha sido considerablemente limitada”.
Eso a pesar de que el Comité contra la Desaparición Forzada de las Naciones Unidas emitió acciones urgentes en favor de los ocho pescadores, solicitando a Ecuador su búsqueda inmediata y la investigación de los hechos.
No existe detalle de las acciones emprendidas para dar con el barco o su tripulación, y fueron los dueños del Fiorella los que enviaron una nave el 26 de enero para intentar dar con los restos de la embarcación, encontrando el espinel.
Las familias de los tripulantes desaparecidos denunciaron que, al acudir a la Capitanía del Puerto, el comandante les dijo que dejaran de buscarlos porque estaban muertos y debían “atenerse a las consecuencias”, lo que interpretaron como una insinuación de que sus familiares estaban vinculados al narcotráfico.
Si bien existe una investigación penal abierta por desaparición involuntaria en la Fiscalía de Manta, AI pudo constatar, durante su visita en junio, que las diligencias realizadas eran mínimas y no parecían orientadas a esclarecer los hechos.
Entre las falencias más graves sobresale que, a más de cinco meses de ocurridos los hechos, la Fiscalía no había solicitado formalmente información a Estados Unidos para avanzar en la investigación.
“Es como si el barco se hubiera esfumado y a nadie le preocupase cómo lo hizo ni qué pasó con las personas a bordo. ¿Acaso se fue volando?”, preguntó Piquer.
A diferencia de los más de 60 ataques reconocidos hasta el momento, el posible hundimiento del Fiorella no fue anunciado ni por el presidente estadounidense, Donald Trump, ni por el Comando Sur, como suele ser habitual.
“El Departamento de Justicia y las autoridades de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos tienen la responsabilidad de investigar y establecer posibles responsabilidades penales, no sólo con relación al Fiorella, sino de todos los ataques a embarcaciones en alta mar”, concluyó Piquer.
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