El ébola llega a los campamentos de refugiados en la RDC

Un trabajador sanitario cuelga botas desinfectadas en el noreste de la República Democrática del Congo, donde el ébola ha matado a más de 1800 personas. El conflicto armado que persiste en la región dificulta la asistencia a las comunidades afectadas por el brote del mortal virus, que se propaga con facilidad en los campamentos de desplazados por esas luchas. Imagen: Arete S. MUisa / PMA

GINEBRA – La epidemia de ébola que se propaga por todo el noreste de la República Democrática del Congo (RDC) alcanzó ya a los campamentos de desplazados por el largo conflicto armado en esos territorios, confirmó este viernes 7 la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

A la fecha, las autoridades congoleñas reportaron, en cinco provincias, 4072 casos y 1853 muertes por esta enfermedad vírica, muy letal pues causa fiebre hemorrágica que daña los vasos sanguíneos y altera la coagulación de la sangre.

Acnur indicó que reportaron casos de ébola al menos cinco de los 69 campamentos en la provincia de Ituri, fronteriza con Uganda y una de las más castigadas por el conflicto armado que desplazó a millones de personas durante más de una década.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que el brote ya es devastador y el virus está desbordando los esfuerzos de respuesta en el noreste de la RDC, un país de 2,35 millones de kilómetros cuadrados y 115 millones de habitantes.

“Todos coincidimos en que debemos intensificar de forma urgente y masiva todos nuestros esfuerzos en todos los pilares de la respuesta y con la participación de todos los socios”, tuiteó Tedros durante su visita a la capital, Kinsasa.

Las nororientales provincias de Ituri, Kivu del Norte, Kivu del Sur, Alto Uele y Tshopo, donde se han confirmado casos de ébola, acogen a alrededor de 4,4 millones de personas desplazadas internamente.

Coinciden con las más afectadas por el conflicto en el este de la RDC, con el ejército nacional enfrentado a varias insurgencias -que también combaten entre ellas- y entre las cuales destaca la poderosa milicia M23 (Movimiento 23 de Marzo), liderada por individuos de la etnia tutsi y apoyada por la vecina Ruanda.

El conflicto hunde sus raíces en el enfrentamiento entre tutsis y hutus en Ruanda con el genocidio de tutsis en 1994, y en años recientes cobró bríos en la lucha por el control de áreas productoras de oro y otros minerales.

Una característica es la violencia de las milicias y en algunos casos también del ejército contra la población civil en ciudades y comunidades rurales, forzando el desplazamiento de hasta ocho millones de personas a lo largo de los años, con centenares de miles que cruzaron las fronteras hacia países cercanos.

La vecina Uganda confirmó el mes pasado 20 casos de ébola, atribuyó 15 de ellos como “importados” de la RDC, registró dos muertes y el 28 de julio declaró al país “libre de ébola”.

Las personas desplazadas en la RDC, y que viven en campamentos, a menudo carecen de infraestructura de agua y saneamiento, y muchas desconfían de los servicios de salud, lo que crea un entorno propicio para la propagación del ébola.

El virus se propaga mediante contacto directo con fluidos corporales (sangre, saliva, vómito, sudor o semen) de una persona enferma o fallecida.

La actual epidemia se corresponde con la cepa viral de Bundibugyo, cuya tasa de letalidad oscila entre 30 % y 50 %, y para la cual no existe vacuna autorizada o tratamiento específico, según la OMS.

Hasta la fecha las autoridades de la RDC dan cuenta, junto con la cifra de infectados y fallecidos, de que 694 pacientes se encuentran en “aislamiento u hospitalizados” y 793 ya lograron recuperarse de la enfermedad.

Otros brotes de ébola que asolaron el oriente congoleño, en 2018 y 2020, causaron 2300 y 3400 muertes, respectivamente.

La peor epidemia de ébola de la historia, en África Occidental entre 2014 y 2016, registró 28 000 contagios y causó 11 000 muertes, según los registros conocidos.

Ante el brote en la RDC, la OMS pidió más medidas para identificar los casos con antelación, aumentar el seguimiento diario de contactos y acercar los servicios de pruebas, derivación, aislamiento y tratamiento a las comunidades afectadas.

Requirió cooperación para ampliar urgentemente la capacidad de tratamiento, laboratorio, ambulancia y entierro seguro y digno; proteger, equipar, apoyar y remunerar puntualmente a los trabajadores sanitarios de primera línea, y mantener los servicios de salud esenciales para las comunidades afectadas.

Asimismo, pidió mejorar el acceso seguro a las zonas afectadas por la inseguridad derivada de los conflictos armados.

A-E/HM

 

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