LA HABANA- La salud en Cuba, por muchos años un orgullo en el país por una buena oferta pública, univeral y gratuita, muestra ahora su peor cara en décadas con un deterioro de la atención médica y una ínfima producción e importación de medicamentos, en uno de los impactos sociales del bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos.
De recibir gratuitos o subsidiados sus fármacos, los cubanos se ven forzados a pagarlos ahora en el mercado negro, en uno de los cambios más visibles en el deterioro del acceso a la salud.
“La atención médica ya no es como era antes. Todo ha bajado un montón. Para operarte en un hospital, debes llevar hasta las jeringuillas y los hilos para que te cosan”, dijo a IPS Raúl Hernández, un ingeniero eléctrico que trabaja en el sector privado.
La viceministra de Salud Pública, Carilda Peña, explicó el martes 9 de junio cómo desde finales de enero el bloqueo petrolero ha repercutido en la aplicación correcta de los protocolos médicos en los distintos niveles de atención, llegando a limitar el seguimiento de pacientes con enfermedades crónicas.
“Los enfermos crónicos tienen una consulta de seguimiento, estudios diagnósticos y procesos de rehabilitación. Eso hoy no es posible para todos nuestros enfermos. Esos tratamientos, que pudieran prolongarse para una mejor calidad de vida, hoy no pueden ser”, dijo.
Peña informó que, al cierre de la primera semana de junio, permanecían pendientes de cirugía general 95 555 pacientes, mientras que otras 5152 personas aguardaban por intervenciones oncológicas.
El actual escenario de crisis cada vez más asfixiante ha obligado al Ministerio de Salud Pública (Minsap) ha emprender una profunda reorganización de sus procesos y recursos, que Peña definió como una “reingeniería del Sistema Nacional de Salud”.
“Constantemente tenemos que estar buscando cómo darle solución a problemas que van apareciendo. Estas medidas de reingeniería tienen una premisa fundamental: no cerrar ninguna unidad”, afirmó.
La viceministra destacó que no se han cerrado ninguno de los más de 10 000 consultorios médicos, 451 policlínicos y 149 hospitales que conforman el sistema de salud cubano, todos con íntegro financiamiento estatal
El otro aspecto de esa “reingeniería” consiste en priorizar el programa materno infantil, la vigilancia epidemiológica, y la atención a urgencias y emergencias, especialmente a pacientes oncológicos y aquellos con tratamiento sustitutivo renal en hemodiálisis.
“Ninguno ha dejado de recibir el tratamiento que sabemos que significa. No tener el tratamiento significa también su vida”, agregó la viceministra.
Pero la crisis ha golpeado con fuerza la atención médica —con escasez de fármacos y de médicos—, en los consultorios comunitarios, que constituyen la base del sistema de atención primaria en esta nación insular caribeña de 9,6 millones de habitantes, medular para un modelo de salud pública con un enfoque preventivo.
Según el artículo 72 de la actual Constitución, aprobada en 2019, “la salud pública es un derecho de todas las personas y es responsabilidad del Estado garantizar el acceso, la gratuidad y la calidad de los servicios de atención, protección y recuperación”.
El ahora crujiente sistema de salud de Cuba, público, universal y gratuito, ha sido uno de los logros que más ha exhibido el país desde la revolución de 1959.
Para 2026 el gobierno destinó 21 % de su presupuesto anual para la salud pública (en 2025, fue el 24 %), cerca del doble del promedio mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Pero las crónicas sanciones de Washington se agudizaron con el bloqueo petrolero, impuesto por Donald Trump el 29 de enero, e impiden que Cuba pueda realizar pagos a proveedores incluso cuando dispone de financiamiento, generando un bloqueo sistemático de las transacciones en el sistema bancario global por temor a sanciones secundarias, según lo han descrito las autoridades del Minsap.

Dificultades en la atención a la maternidad.
Las penurias económicas, agudizadas día a día, también impactan drásticamente en instituciones sociales que controla Salud Pública, como los hogares maternos, centros de cuidado y seguimiento a las embarazadas con riesgos en su período de gestación.
La viceministra Peña reconoció que existen dificultades para garantizar los requerimientos nutricionales de las mujeres ingresadas.
“La nutrición de nuestras gestantes en los hogares maternos hoy, tenemos que decir que no es lo que realmente se requiere”, dijo la viceministra en una intervención televisiva el martes 9.
Las condiciones en el Programa Materno Infantil de Cuba ya se denotaba dificultades desde antes, incluso.
De acuerdo con datos preliminares publicados el 2 de enero por la Dirección de Registros Médicos y Estadísticas del Minsap, al cierre de 2025, la mortalidad materna fue de 44,1 madres fallecidas por cada 100 000 bebés nacidos vivos, frente a 40,6 en 2024.
Asimismo, la tasa de mortalidad infantil en menores de un año fue de 9,9 por cada mil nacidos vivos, contra 7,1 en 2024.
Celine Zulueta, de 25 años y residente en La Habana, es madre desempleada con una niña de tres años. Según las normas cubanas, su hija debería recibir de manera subsidiada leche hasta los siete años. Pero de tres kilogramos de leche en polvo que recibía mensualmente, desde hace meses recibe un solo kilogramo.
“Solo recibo una bolsa al mes. Bueno, de vez en cuando. Hay meses en que no vino y priorizaron (el Estado) a los niños menores de un año. En esos momentos, tengo que salir a pedir dinero prestado o arreglarme la vida para comprar una bolsa en la calle que vale 3000 pesos (unos cinco dólares)”, dijo a IPS.

Farmacias casi vacías
Según IPS constató al consultar en cuatro farmacias comunitarias de La Habana, pertenecientes a los municipios de Cerro y Habana Vieja —dos de los 15 municipios de La Habana—, los suministros de medicamentos en la red de farmacias estatales están demorando mucho más de lo usual.
En el último trimestre de 2025 empezaron a normalizarse los cargamentos cada mes, cuando antes llegaban cada 10 días. En 2026, la nueva norma se mantiene, pero la realidad ha duplicado la demora y las farmacias de Cerro recibieron medicamentos por última vez en febrero, mientras que las de Habana Vieja, a finales de abril.
“Uno de los principales problemas es el combustible. Hemos tenido incluso que resolver el combustible por nuestra cuenta para traer el pedido (el cargamento)”, dijo la administradora de una de las farmacias de Cerro, quien prefirió mantenerse en anonimato.
Asimismo, las cantidades entran a esas farmacias no alcanzan para los pacientes de las comunidades correspondientes: apenas estuvieron llegando entre 25-35% de los medicamentos necesarios, estimaron las administradoras.
De acuerdo al Minsap, para septiembre de 2025, el cuadro básico de medicamentos en Cuba, que cuenta con 651 productos distintos —250 importados y 401 de producción nacional—, 69 % de estos se vieron “afectados”, a consecuencia de las sanciones estadounidenses.
La situación en 2026 se da por descontado que ha empeorado. De hecho, en mayo se propagó en las redes un debate cuando la Oficina Nacional de Estadísticas (Onei) publicó su habitual Índice de Precios al Consumidor relativo al mes de abril: el informe enunció una imputación para el segmento de salud de 91,5 %.
Las imputaciones son herramientas que se utilizan en estadísticas cuando los técnicos que la elaboran no encuentran un determinado producto. Entonces hacen una estimación para no romper la cadena de datos de fechas anteriores.
Más allá de las cifras, un dato elocuente es que las farmacias están casi vacías. Algunas producciones de medicamentos se han detenido porque no ha habido suficiente combustible para las fábricas, mientras los vuelos para importar materias primas se han visto limitados
Por otra parte, las finanzas del estado cubano adolecen para cubrir la demanda completa del cuadro básico de medicamentos, cuyo costo durante un año superaría los 339 millones de dólares.

Mercado informal de medicamentos
La escasez sostenida de los fármacos persiste desde hace más de un lustro, pero desde la crisis de la pandemia de covid se ha agudizado, hasta el punto que se ha normalizado que la ciudadanía deba recurrir al mercado informal para obtener las medicinas que le es indispensable.
Sin embargo, en los grupos de Telegram y WhatsApp, donde se comercializan gran parte esos insumos, los precios resultan inalcanzables para la mayoría de la población.
Por ejemplo, un blíster de diez pastillas de enalapril, uno de los fármacos más demandados en el país, usado para la hipertensión arterial, cuesta 0,5 dólar en el mercado negro. Pero con los precios subsidiados de la farmacia, el captopril, sustituto del enalapril desde que este dejó de comercializarse en la red de farmacias el año pasado, vale unos 0,02 dólares.
En Cuba, el salario estatal promedio —sector que emplea a la mayoría de la población cubana— equivale a 11 dólares al mes.
También le pueden interesar:
Crisis de medicinas en Cuba: la salud a merced del mercado informal
Cuba registra altas tasas de vulnerabilidad al VIH
Exportación de servicios médicos: la mayor fuente de divisas en Cuba
Ante el déficit alarmante, en julio de 2021, la Aduana General de la República aprobó, y luego ha renovado cada seis meses, la autorización temporal para que las personas naturales importen medicamentos –al igual que alimentos y aseo- sin carácter comercial en su equipaje acompañado, sin límite de cantidades y exentos del pago de los aranceles.
Si bien esa medida palía el problema de acceso a tales insumos, surge el peligro de que estos no sean bien conservados o tengan dudosa procedencia.
Desde la aplicación de la medida en 2021, la Autoridad Reguladora de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (Cecmed) ha tenido que emitir, en múltiples ocasiones, alertas por la venta de medicinas falsas o adulteradas por vías informales.
“Las medicinas de aquí no tienen buena pinta, pero siempre reviso la fecha de caducidad y, hasta ahora, no me ha pasado nada”, dijo a IPS Nancy García, de 59 años, auxiliar de limpieza de una institución estatal, mientras observaba unas pastillas que ofertaba sobre un cartón un vendedor callejero, junto escobas, cables de electricidad, un chupete para bebé, entre otras mercancías aparentemente ya usadas.
García suele comprar enalapril a unos 0,2 dólares las 10 pastillas, a esos vendedores de la calle Monte, en La Habana, desperdigados en el suelo de los soportales junto a sus muy disímiles mercancías.
“Son más baratas aquí. Por eso las compro. Y si en la farmacia nunca hay, ¿qué hago?”, inquirió con expresión resignada.
ED: EG


