ROMA – El creciente uso de plástico reciclado en los envases de alimentos ofrece claros beneficios medioambientales, pero también plantea preocupaciones en materia de seguridad química, alertó un análisis de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) divulgado este miércoles 13.
“Los residuos plásticos son un problema mundial cada vez mayor, pero al mejorar en la reducción de la contaminación y en el reciclaje, también debemos asegurarnos de que, al intentar resolver un problema, no creemos otros nuevos”, dijo Vittorio Fattori, responsable de Seguridad y Calidad Alimentaria de la FAO.
Los envases alimentarios desempeñan un papel fundamental en los sistemas alimentarios modernos. Ayudan a preservar la calidad de los alimentos, prolongar su vida útil y reducir las pérdidas y el desperdicio.
Los aperitivos, las comidas preparadas, la comida rápida, los dulces y las bebidas embotelladas ilustran cómo los cambios en los patrones de consumo y en el estilo de vida están impulsando la demanda de envases para alimentos.
Su mercado está creciendo rápidamente, pasando de 505 270 millones de dólares estimados en 2024 a unos 815 510 millones de dólares previstos para 2030.
A diferencia de muchos otros productos reciclados, los envases alimentarios deben cumplir estrictas normas de seguridad química. Pueden contener miles de sustancias utilizadas durante su fabricación, entre ellas estabilizadores, recubrimientos, pigmentos y plastificantes.
Y, durante el reciclaje, pueden introducirse contaminantes adicionales en el flujo de residuos debido a una clasificación inadecuada, a la exposición ambiental o al uso previo por parte de los consumidores.
Los estudios citados en el análisis revelan que los plásticos reciclados pueden contener sustancias como metales, retardantes de llama y contaminantes orgánicos persistentes en niveles más elevados que los plásticos vírgenes.
Aun así, los expertos enfatizan que los plásticos reciclados aprobados para uso alimentario pueden ser tan seguros como los plásticos nuevos cuando se someten a rigurosos procesos de limpieza, descontaminación y revisión normativa.
En la Unión Europea, por ejemplo, los materiales reciclados autorizados para el contacto con alimentos deben cumplir las mismas normas que los plásticos vírgenes.
El análisis de la FAO examina materiales de envasado alternativos, como los bioplásticos, las fibras vegetales y los materiales a base de proteínas, que se promocionan como sustitutos más sostenibles de los plásticos convencionales.
Sin embargo, “de origen biológico” no siempre significa biodegradable. Algunos materiales fabricados a partir de fuentes renovables, como el maíz o la caña de azúcar, son químicamente similares a los plásticos derivados de combustibles fósiles, mientras que otros están diseñados para descomponerse en condiciones específicas.
El informe advierte de que los envases de origen vegetal pueden presentar riesgos relacionados con su origen agrícola, como residuos de plaguicidas, toxinas naturales, micotoxinas y metales pesados. Los materiales a base de proteínas también pueden permitir que alérgenos, como el gluten, migren a los alimentos.
Al igual que los plásticos convencionales, muchas alternativas también dependen de aditivos químicos para mejorar su rendimiento, y algunas aún carecen de datos suficientes sobre su seguridad a largo plazo.
El mensaje es claro: las alternativas pueden ayudar a reducir los residuos plásticos, pero aún necesitan una rigurosa evaluación de la seguridad alimentaria antes de su uso generalizado.
El informe también aborda la creciente preocupación pública por los microplásticos y los nanoplásticos que se encuentran en los alimentos y las bebidas.
Los científicos ya han detectado minúsculas partículas de plástico en la sangre, los pulmones, la leche materna y la placenta de los seres humanos, lo que confirma una exposición generalizada de la población.
Sin embargo, a pesar de la creciente preocupación, las autoridades reguladoras carecen de métodos fiables y armonizados para detectar y medir de forma sistemática esas partículas, lo que dificulta determinar con claridad los riesgos para la salud humana.
El análisis señala que las propias instalaciones de reciclaje pueden contribuir a la contaminación por microplásticos, especialmente durante los procesos de reciclaje mecánico que rompen los plásticos en fragmentos más pequeños.
“Todo tiene que empezar con procesos de reciclaje bien controlados, que incluyan la limpieza y la eliminación de contaminantes químicos”, afirmó Fattori.
El informe señala que actualmente los países aplican enfoques regulatorios diferentes sobre los plásticos reciclados y los materiales en contacto con alimentos, lo que podría generar desafíos para el comercio y la protección de los consumidores.
Se espera que las conclusiones contribuyan a las discusiones en curso en la Comisión del Codex Alimentarius, el organismo internacional de normas alimentarias establecido por la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS).
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