Una universidad en línea da una mano a las mujeres afganas excluidas de la educación

La autora es una periodista afgana, formada con apoyo finlandés antes de la toma del poder por los talibanes. IPS mantiene su identidad anónima por razones de seguridad.

Desde que los talibanes volvieron al poder, en 2021, a las mujeres y niñas se les ha prohibido progresivamente el acceso a la educación, los espacios públicos y la mayoría de los empleos. Imagen: Learning Together

KABUL – Desde su infancia, el sueño de Khatera, nombre ficiticio a su pedido, era estudiar medicina en la universidad y convertirse en médica. «Cada vez que veía a los médicos con sus batas blancas, me decía a mí misma que ojalá algún día pudiera llevar una bata similar y servir a la gente», recuerda la joven afgana.

Con el paso de los años, sentía que cada día que pasaba la acercaba más a su sueño, al menos hasta hace cinco años, cuando los talibanes volvieron al poder en Afganistán y echaron por tierra el sueño de toda su vida.

Khatera cuenta su historia: «Cuando terminé la escuela, se suponía que debía presentarme al examen de acceso a la universidad y me había preparado a fondo para ello, sin dejar nada al azar. Pero, por desgracia, los talibanes llegaron al poder en Afganistán y todo dio un vuelco. Su primera medida fue prohibir la educación a las niñas y las mujeres».

«En ese momento, sentí como si todos los sueños de mi infancia se hubieran reducido a cenizas. Estaba tan agotada y desesperada que me parecía que mi vida se había detenido en seco. Que te nieguen la educación es verte obligada a vivir en la oscuridad absoluta», afirma sobre como vivió el retorno de los talibanes en agosto de 2021, tras haber gobernado el país entre 1996 y 2001.

Khatera, de 26 años, vive en una aldea remota de la provincia de Badakhshan con sus padres, dos hermanas y dos hermanos. Cayó en una depresión cuando se dio cuenta de que ya no podría continuar con su educación.

«A medida que pasaban los días, mi estado emocional y mental empeoraba. Mi depresión, agotamiento y angustia se agravaban cada día que pasaba. Los talibanes seguían endureciendo las restricciones a las mujeres hasta que ya ni siquiera se nos permitía movernos libremente. Poco a poco empecé a perder la esperanza en la vida», cuenta.

De repente, sin embargo, apareció una luz en el horizonte. Un día recibió una llamada telefónica de una antigua compañera de clase. Su amiga le informó de que existía la posibilidad de cursar estudios universitarios en línea, diseñados específicamente para mujeres.

El economista Abdul Farid Salangi fundó la Universidad Zan en línea, operativa desde 2022. Desempeña el cargo de director de la institución desde el extranjero. El proyecto tiene como objetivo apoyar a las niñas a las que se les ha negado la educación. Para Salangi, proporcionar esa educación es un deber, porque Afganistán no puede desarrollarse sin mujeres educadas.

Khatera solicitó inmediatamente la admisión para estudiar psicología en la Universidad Zan en línea y fue aceptada.

Sin embargo, la conexión a Internet en su pueblo era deficiente, por lo que tuvo que mudarse con su hermana a la ciudad para poder continuar con sus estudios.

Khatera está ahora en su cuarto semestre. Los profesores son de Afganistán y algunos del extranjero, y ella afirma que la calidad de la enseñanza es muy profesional.

Para Khatera, la universidad en línea es más que un lugar para estudiar. Ella la describe como una luz en la oscuridad.

Sin embargo, estudiar en línea no está exento de dificultades. El acceso a internet es intermitente y caro. La madre de Khatera vende leche en el pueblo para cubrir sus gastos.

«La Universidad Zan en línea me ayudó a escapar de una profunda sensación de desesperanza y le devolvió el sentido a mi vida», dice Khatera. Las clases tienen lugar por la noche y tiene que vivir con su hermana en la ciudad, separada del resto de la familia, pero para Khatera todo vale la pena.

Salangi explica la motivación detrás del proyecto.

«Mi objetivo al crear la universidad era apoyar a las chicas a las que se les había negado la educación. Cuando cerraron las escuelas y las universidades, la esperanza y la motivación se desvanecieron para miles de chicas. Sabía que, si esto continuaba, se perdería toda una generación y la sociedad se enfrentaría a profundas crisis», detalla.

«Para mí, esto era una responsabilidad humana», concluye Salangi, que se formó como economista financiero en la Universidad Internacional de Moscú.

La Universidad Zan en línea comenzó de forma modesta. No tenía presupuesto ni respaldo organizativo. Salangi se puso en contacto con colegas y profesores, muchos de los cuales se ofrecieron como voluntarios, y poco a poco las actividades fueron creciendo.

Actualmente, la universidad cuenta con varias facultades, cientos de docentes en Afganistán y en el extranjero, y personal administrativo. Imparte educación a decenas de miles de mujeres, casi de forma gratuita.

Las clases suelen impartirse por las tardes, ya que muchos de los docentes trabajan en otros lugares durante el día. Si no es posible organizar clases presenciales, estas se graban y se distribuyen los vídeos.

Aunque las clases se imparten por la noche, Khatera dice que estudia mucho y se asegura de no perdérselas.

«Compagino las tareas domésticas con la preparación de los seminarios web que me asignan mis profesores. Sinceramente, apenas me doy cuenta de cómo pasan los días y las noches. Con el tiempo, todos los miedos y pensamientos negativos que tenía se han desvanecido. Ahora sigo adelante con sueños y esperanza, imaginando un futuro brillante para mí», dice Khatera con alegría.

T: MF / ED: EG

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