BRATISLAVA – Las organizaciones humanitarias han acogido con satisfacción el alto el fuego de 10 días acordado entre Israel y el Líbano, pero advierten de que solo un cese permanente de los combates permitirá llevar a cabo la respuesta necesaria para hacer frente a la grave situación humanitaria del país.
El 16 de abril entró en vigor una tregua de 10 días para permitir las negociaciones de paz entre ambos países. Tras ese periodo, podrá prorrogarse por mutuo acuerdo de ambas partes.
El alto el fuego se produce tras más de un mes de conflicto a raíz de la ofensiva de Israel tras ataques con cohetes del grupo militante Hezbolá, respaldado por Irán.
Desde que comenzó la ofensiva israelí, el 2 de marzo, más de 2000 personas han perdido la vida y 7000 han resultado heridas en los ataques israelíes, según el Ministerio de Sanidad libanés.
Además, más de 1,2 millones de personas —una quinta parte de la población total libanesa estimada— se encuentran desplazadas internamente, entre ellas más de 400 000 niños, según organizaciones humanitarias, y los ataques israelíes han destruido infraestructuras civiles esenciales y han afectado gravemente a los servicios sanitarios.
Esto ha agravado una situación humanitaria que ya era frágil tras años de problemas económicos, la crisis de los refugiados sirios y la ofensiva anterior de Israel en el sur del Líbano.
Y aunque los ataques hayan cesado, por una imposición de Washington asumida con renuencia por Tel Aviv, muchas personas siguen enfrentándose al desplazamiento, a la destrucción masiva del sur -incluidos puentes y otras infraestructuras básicas- y a la falta de acceso a servicios básicos, y el verdadero alivio solo llegará con el fin definitivo de los combates.
«Acogemos con satisfacción la tregua como una pausa crucial en la violencia, pero no es suficiente. Solo un alto el fuego permanente permitirá una respuesta a la escala necesaria, una que llegue a las familias de todo el Líbano, incluidas las de las zonas fronterizas, que siguen siendo las más vulnerables», dijo a IPS Suzanne Takkenberg, directora nacional en el Líbano de la organización humanitaria Acción contra el Hambre (ACF, en inglés).
Tras el anuncio de la tregua, comenzó el regreso de un gran número de personas desplazadas a sus lugares de origen, pese a saber que sus áreas fueron destruidas.
Sin embargo, las organizaciones humanitarias han advertido de que es probable que muchos regresen y se encuentren con que ya no tienen hogar, o que, aunque lo tengan, las condiciones sean tan malas que les resulte imposible permanecer allí.
«Las familias están empezando a regresar a sus hogares, pero la magnitud de la destrucción es abrumadora. Muchas se encuentran con sus casas dañadas o completamente destruidas, sin acceso al agua, la electricidad ni los servicios básicos. Las personas que huyeron sin apenas nada regresan ahora con aún menos, enfrentándose a condiciones que hacen imposible una vida digna», afirmó Takkenberg.
La destrucción ha sido especialmente inclemente en el sur del país. Con el argumento de crear una «zona de seguridad», Israel ha destruido el sur de Líbano y manteniendo tropas en un área de unos 10 kilómetros de profundidad en el interior del sur del país. Los informes sugieren que muchas aldeas y pueblos de esa zona han quedado completamente destruidas.
«Esta nueva zona de amortiguación de la que habla Israel —por los vídeos que he visto— está completamente demolida. No esperamos que permitan [a la gente] regresar allí, y no creo que la gente intente volver a esa zona de amortiguación», dijo a IPS Elizabeth Cossor, directora de la oficina nacional en Líbano de Tierra de Hombres, una organización intgernacional suiza que presta ayuda humanitaria a los niños y sus familias en el país.
«Se prevé que cientos de miles de personas sigan desplazadas. No van a poder regresar. Eso es realmente devastador [para ellos]», añadió.

Las repercusiones de los ataques sobre la población civil han alarmado a los grupos de derechos humanos y a las organizaciones humanitarias.
Una coalición de oenegés publicó poco antes del alto el fuego un informe que documenta los efectos de los ataques israelíes sobre la población civil.
En él se destaca cómo el desplazamiento continuado en el país está generando importantes riesgos para la salud y la protección, y que las mujeres, los niños, las personas mayores y las personas con discapacidad se ven afectadas de manera desproporcionada.
Los informes indican un elevado número de infecciones respiratorias debido a las bajas temperaturas en los refugios colectivos, casos de gastroenteritis relacionados con la insuficiencia de alimentos y de instalaciones para cocinar, y la interrupción del tratamiento de pacientes con enfermedades crónicas.
Los refugios están invariablemente superpoblados y carecen de una infraestructura adecuada de agua y saneamiento, lo que limita gravemente la privacidad, la dignidad y la seguridad psicológica de los residentes, señaló el grupo de organizaciones humanitarias.
Además, aproximadamente 88 % de los desplazados vive fuera de los refugios colectivos, muchos de ellos en automóviles, espacios públicos u otros entornos inseguros, según los grupos.
Los niños se han visto especialmente afectados por los ataques israelíes.
Las organizaciones de ayuda que trabajan con niños han destacado graves problemas de nutrición infantil. Según Acción contra el Hambre, mientras que 24 % de la población se enfrenta a una inseguridad alimentaria aguda, alrededor del 15 % de los niños de entre seis y 23 meses en las zonas de desplazamiento se alimentan únicamente de leche.
Mientras tanto, uno de cada cinco niños en el Líbano se ha visto obligado a abandonar su hogar por el conflicto, y muchos sufren angustia psicológica aguda y ansiedad, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
«La situación humanitaria de los niños en el Líbano es grave y profundamente alarmante. En los últimos 46 días, los niños han pagado un precio devastador, con informes de al menos 172 niños muertos y 661 heridos», dijo a IPS Ricardo Pires, director de Comunicación de Unicef.
Y añadió: «Más de 415 000 niños han sido desplazados, algunos por tercera o cuarta vez. Sus necesidades más urgentes son la seguridad, la atención sanitaria, el agua potable, la nutrición, el apoyo psicosocial, la protección infantil y el acceso a la educación».
«Los niños han sido desarraigados repetidamente, muchos sufren estrés agudo y los servicios esenciales se han visto gravemente interrumpidos. El sistema sanitario sigue funcionando, pero bajo una gran presión», detalló.
Pires explicó que «loss hospitales y el personal sanitario han sido blanco de repetidos ataques, las instalaciones han sufrido daños o se han visto obligadas a cerrar, y el acceso a la atención sanitaria es cada vez más difícil en las zonas de alto riesgo y aisladas».
«La destrucción ya causada en hogares, escuelas, hospitales, sistemas de abastecimiento de agua y carreteras significa que es probable que muchos niños y familias se enfrenten a graves dificultades durante algún tiempo, incluso si cesan los combates. Esto sigue teniendo graves consecuencias humanitarias para los niños y las familias», lamentó.
Cossor, de Tierra de Hombres, afirmó que el conflicto podría tener un impacto a largo plazo en una generación de niños libaneses.
«Todavía no tenemos una idea clara de cuántos niños han perdido a sus padres, a sus cuidadores. Estamos visitando hospitales donde los niños se despiertan y descubren que han perdido a sus padres y, ya sabes, es simplemente devastador», dijo.
«Para aquellos que tampoco pueden volver al hogar de su infancia, ya se sabe, no van al colegio, echan de menos a su familia, han perdido sus hogares… Están perdiendo parte de su infancia, su vínculo con el lugar de su familia, el lugar de su comunidad. Esto tiene repercusiones a muy largo plazo para los niños», explicó.
Además de destacar el daño causado a la población civil, el informe de las oenegés señaló graves preocupaciones respecto al cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH), en particular los principios de distinción, proporcionalidad y precaución en los ataques.
Del mismo modo, el DIH otorga protección especial al personal y las infraestructuras médicas y humanitarias, pero el conflicto se ha caracterizado por un número preocupante de ataques que afectan a la atención sanitaria y por crecientes restricciones al acceso humanitario, señalaron las organizaciones.
También hicieron un llamamiento para que todas las partes en el conflicto respeten el DIH, así como para que la comunidad internacional proporcione financiación urgente, sostenida y flexible con el fin de satisfacer las crecientes necesidades de las personas desplazadas y de quienes permanecen en zonas vulnerables.
La ayuda internacional será vital dados los daños causados, independientemente de los esfuerzos que realice el gobierno libanés para ayudar a la población.
«El gobierno reparará lo que pueda en las ciudades del norte —repito, al norte de esa zona de amortiguación—. Harán todo lo posible por restaurar y rehabilitar, pero los servicios se verán gravemente afectados», dijo Ossor.
En el sur de Líbano, «ocho puentes han quedado destruidos, y las fuerzas libanesas han logrado apilar los escombros de tal manera que el último puente destruido es transitable, pero solo un vehículo a la vez. Sin embargo, eso no es suficiente para empezar a traer camiones grandes de ayuda humanitaria ni para empezar a llevar alimentos, verduras, suministros médicos y otras cosas que se necesitan en el sur», añadió.
El hecho, dijo Cossor, es que «las infraestructuras están destruidas, incluso en zonas densamente pobladas. El Gobierno libanés necesitará una ayuda enorme para restaurar estas infraestructuras».
Más allá de estos problemas, otra gran preocupación es la fragilidad del actual alto el fuego: a las pocas horas de su entrada en vigor, ya se registraron informes de violaciones.
Pires, de Unicef, señaló que el alto el fuego ofrecía una oportunidad crucial para mejorar el acceso humanitario y comenzar a restablecer los servicios básicos en todas las zonas afectadas por los recientes ataques. Sin embargo, advirtió de que, si fracasaba, existiría «un grave riesgo de que se produjeran más muertes, heridos, desplazamientos y traumas».
«Las armas deben permanecer en silencio y el acceso humanitario y los trabajadores deben estar protegidos en todo momento», afirmó.
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