Grandes potencias silencian con vetos a los jefes de la ONU

Las protestas contra la injusticia racial y la brutalidad policial en Estados Unidos se propagaron por todo el país, incluida la sede de las Naciones Unidas: Nueva York. Pero la cúpula del organismo mundial mantiene silencio sobre la crisis. Foto: Shirin Yaseen/ONU
Las protestas contra la injusticia racial y la brutalidad policial en Estados Unidos se propagaron por todo el país, incluida la sede de las Naciones Unidas: Nueva York. Pero la cúpula del organismo mundial mantiene silencio sobre la crisis. Foto: Shirin Yaseen/ONU

Las protestas masivas en más de 120 ciudades de Estados Unidos por injusticia racial y brutalidad policial se hicieron globales la primera semana de junio, en medio de amenazas presidenciales de usar la fuerza militar contra manifestantes en Washington.

En paralelo, resurgieron las manifestaciones políticas en Hong Kong, ante imposiciones autoritarias en ese territorio autónomo por parte de su poder militar dominante: China.

Según recordó la cadena de noticias CNN, expresiones como «asqueado», «conmocionado y horrorizado» u «horror y consternación»  son las que habitualmente utilizan los gobernantes y diplomáticos estadounidenses para condenar lo que definen como “regímenes despóticos”.

«Pero (ahora) estos términos son los que usan líderes en Gran Bretaña, la Unión Europea y Canadá, respectivamente», para describir el brutal asesinato de un afroamericano desarmado en las calles de la ciudad de Minneapolis que desencadenó protestas en todo el mundo.

Pero, ¿algún secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pasado o presente, reunió el coraje para condenar al liderazgo político en Estados Unidos o China, dos miembros permanentes con derecho a veto en el Consejo de Seguridad, en términos tan duros como esos?

«Nunca», dice un antiguo embajador y representante permanente ante la ONU, «en particular, si un secretario general planea postularse para un segundo mandato y dónde la amenaza de un veto se cierne sobre su cabeza”.

Aun así, un límite en su mandato sería una respuesta al problema, según lo establecido en un estudio de 1996, que recomendó que la Asamblea General adopte una nueva política integral, que incluya un mandato único de siete años, para liberar al secretario general de tensiones y presiones vinculadas a la reelección.

Stephen Lewis, ex representante permanente de Canadá ante la ONU y ex director ejecutivo adjunto del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), dijo a IPS que “no creo que importe mucho si son dos períodos de cinco años o un período de siete años».

Ese no es el problema, pero sí lo es, a su juicio, que tanto Ban Ki-moon, máximo responsable del foro mundial entre 2007 y 2016,  como el actual secretario general, António Guterres, no han prestado atención a las tres palabras más importantes con que da comienzo la Carta de la ONU: «Nosotros, los pueblos …”.

«Ambos rinden homenaje solo a los gobiernos; es como si ‘los pueblos’ del mundo no existieran. Como resultado, no hay transparencia ni responsabilidad», dijo Lewis, quien también fue un enviado especial de la ONU para el  VIH/sida en África, y más tarde cofundador y codirector de AIDS-Free World.

Guterres, criticó, se esconde detrás de la Convención sobre Privilegios e Inmunidades, y con arrogancia se niega a responder las preguntas que se le hacen.

«Por lo tanto, cuando se le pregunta por qué no dice nada sobre la turbulencia en Estados Unidos y, en particular, sobre el uso excesivo de la fuerza, se remite a su portavoz, quien le responde sin sentido», afirmó.

Es similar a la forma en que Ban nunca sintió la obligación de decir la verdad sobre el cólera en Haití, ni de sentir que era necesario explicar por qué el fondo de 400 millones de dólares para atender el problema fue dejado de lado, aseguró.

Quizás una de las pocas excepciones en los 75 años de historia de la ONU, que se cumplen este año, fue Boutros Boutros-Ghali, quien ocupó la Secretaría General entre 1992 y 1996. El diplomático egipcio pagó la pena suprema de ser vetado de un segundo mandato, a pesar de que obtuvo 14 de los 15 votos del Consejo de Seguridad.

Pero Estados Unidos vetó sin pudor su candidatura para un segundo mandato.

Boutros-Ghali relató en un libro ese veto como “una singular distinción” que lo convirtió en el único jefe de la ONU que no logró un segundo mandato. En sus memorias, tituladas: “Indómito: Una saga Estados Unidos-ONU”, se mostró orgulloso de haber pagado un alto precio por defender sus convicciones, aunque admitió que en ocasiones se vio obligado a ceder a los dictados de Washington.

Un estudio realizado en 1996, auspiciado por dos grandes organizaciones de pensadores, acusó implícitamente a las grandes potencias mundiales de manipular la elección del secretario general para garantizar que los jefes de las Naciones Unidas sean figuras sin mentalidad propia o dispuestas a ponerla aparte durante su gestión.

«Es imposible escapar de la impresión de que muchos gobiernos, incluidos algunos de los más poderosos, no quieren un líder fuerte e independiente como Secretario General», dijo el estudio publicado bajo los auspicios de la Fundación Ford, con sede en Nueva York, y la Fundación Dag Hammarskjold, basada en Estocolmo.

Los autores del estudio, Brian Urquhart y Erskine Childers, ambos antiguos altos funcionarios de la ONU, dijeron que la selección del secretario general está, literalmente, en manos del “amiguismo”.

«Las Naciones Unidas son una organización intergubernamental, y los gobiernos no tienen intenciones de ceder el control», aseguraron.

Thomas G. Weiss, miembro distinguido de Gobernanza Global del Consejo de Asuntos Globales de Chicago, dijo a IPS que «Boutros-Ghali habría sido un candidato perfecto,», un “enfant terrible” durante dos mandatos, en lugar de comportarse modosamente un primer periodo. A su juicio ese comportamiento como secretario general era válido en 1990 y en 2016.

En el caso del actual secretario general, el problema, dijo, es que “se ha postulado para un segundo mandato desde enero de 2017”, vale decir, desde el mimo momento que asumió el cargo.

«Nos ha decepcionado a muchos de nosotros por ser tan invisible. Hay que recordar que el ex secretario general Ban Ki-moon se enorgullecía de ser ‘el hombre invisible’ y obtuvo tener el cargo por dos periodos”, dijo Weiss, también profesor de Ciencias Políticas y director emérito del Instituto Ralph Bunche de Estudios Internacionales, en el Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York

“Guterres está utilizando la misma estrategia», añadió.

Lewis argumentó que no hay libertad de información en la ONU, y eso es lo que hace que gobiernos como el de Suecia se sientan frustrados y piensen en acortar el mandato del secretario general.

«Debería exigirse al secretario general que celebre una conferencia de prensa abierta al menos una vez a la semana, preferiblemente dos, donde participe un grupo de medios críticos en la ronda de preguntas. Si fuera así, toda la cultura de su oficina cambiaría», aseguró.

«Es su comportamiento, más que su longevidad, lo que necesita una reforma», declaró Lewis, quien también lanzó la campaña Código Azul para poner fin a la impunidad por abuso sexual por parte del personal de la ONU.

En un contundente artículo titulado «Mientras las protestas barren Estados Unidos, la ONU tuitea tópicos«, Dulcie Leimbach, exeditora de The New York Times y fundadora de PassBlue, una muy seguida publicación digital sobre las Naciones Unidas, escribió: » En medio de los toques de queda en la ciudad de Nueva York, constantes marchas y protestas, sirenas en las calles y helicópteros que zumban en lo alto, el principal líder de las Naciones Unidas, António Guterres, no se ha presentado ante los medios para decir nada directamente sobre las convulsiones”.

Leimbach también criticó que el silencio sobre la muerte del afroamericano George Floyd por una acción brutal de un policía blanco y las protestas dentro y fuera de Estados Unidos por el homicidio se extienda por todas las instancias de la ONU, incluido su Consejo de Seguridad, la Asamblea General y las misiones ante el organismo, comenzando por la estadounidense.

Solo la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, dos veces presidenta chilena y cuya oficina tiene su sede en Ginebra, ha abordado directamente el asesinato de Floyd.

«Pero cuando se trata de criticar a Estados Unidos u otras grandes potencias que controlan la ONU, Guterres se ha forjado una reputación de hacer declaraciones vagas o dejar que otros expertos de la ONU, desde responsables de derechos humanos a responsables sobre refugiados… comenten el último problema o conflicto que viola el derecho internacional o anula los derechos universales», afirmó.

Después de la publicación de su artículo, Leimbach se mostró convencida en un diálogo con IPS de que “para que la ONU siga siendo relevante en nuestro mundo polarizado en constante crecimiento, es necesario que una mujer dirija la organización para un cambio».

A su juicio, eso demostraría que es flexible y responsable ante la mitad de la población mundial, ya que las mujeres deben dirigir organizaciones mundiales para garantizar la igualdad de derechos.

El símbolo de tener a la ONU dirigida por una mujer, la mujer adecuada, sería muy profundo, consideró.

Mientras, cuando se le inquirió el 5 de junio al portavoz de la ONU, Stephane Dujarric, sobre la opinión del secretario general sobre las agresiones a periodistas y manifestantes civiles durante las protestas por cientos de ciudades estadounidenses, su respuesta fue elocuente: «Miren, sobre eso ya hemos hablado”.

«El secretario general, creo, ya lo ha mencionado en sus tuits, y… nuestra posición realmente es la misma en todo el mundo, es que las personas tienen el derecho fundamental de manifestarse pacíficamente, que la policía debe usar la moderación… Pero hay un derecho fundamental de manifestación pacífica que debe ser respetado en todo el mundo y…. esto es algo que decimos cada vez que nos preguntan sobre manifestaciones y violencia», afirmó.

Parecido fue el manejo de Dujarric sobre la situación de Hong Kong y las medidas que ha anunciado China para controlar las protestas en el territorio, así como sobre la propuesta de un grupo de legisladores de Australia, Canadá, Gran Bretaña y Nueva Zelanda de mandar un enviado especial de la ONU a Hong Kong.

“No hemos recibido nada, que yo sepa, oficialmente. Hay procedimientos y precedentes sobre el nombramiento de… y hablo aquí en términos muy generales, sobre el nombramiento de enviados especiales, representantes especiales y… obviamente, involucra a todas las partes involucradas en ese tema, pero lo dejaré así”, afirmó.

Vale decir, tanto Washington como Beijing pueden estar tranquilos sobre que la Secretaría General de la ONU se involucre en sus crisis y en la gestión que los gobiernos hacen de ellas.

T: MF

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