COMERCIO-COLOMBIA: Tratado con EEUU obliga a cambiar leyes

Colombia debe modificar los códigos penal, de comercio y aduanero, así como las leyes ambientales y de propiedad intelectual, entre otras, para adecuarlas al Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, promulgado este viernes por el presidente Barack Obama.

Manifestación del 1 de Mayo de 2011 en Bogotá con pancartas contra el TLC. Crédito: Constanza Vieira/IPS
Manifestación del 1 de Mayo de 2011 en Bogotá con pancartas contra el TLC. Crédito: Constanza Vieira/IPS
El acuerdo comercial con Estados Unidos se suma a los firmados por este país andino con Canadá, la Unión Europea y Corea del Sur.

En el mismo acto, Obama también puso su firma para habilitar tratados bilaterales similares con Corea del Sur y Panamá.

Con la profundización de la crisis económica estadounidense nacida en 2008, el gobernante Partido Demócrata tuvo que dejar de lado su rechazo a los TLC bajo el argumento de que quitan empleo a los trabajadores de este país.

Exportar se volvió desde enero pasado prioridad nacional para Washington. En la práctica, pasó a segundo plano todo óbice a Colombia por el asesinato de más sindicalistas que en el resto del mundo.
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Hasta las migajas cuentan. La Comisión de Comercio Internacional del gobierno estadounidense (USITC, por sus siglas en inglés) calculó en 2006 que el TLC con Colombia aportará menos de 0,05 por ciento de su producto interno bruto.

Eso sí, la USITC dejó claro entonces qué interesa: echar abajo barreras proteccionistas, garantizar la seguridad de las inversiones y conseguir marcos normativos amigables al libre comercio.

"Los efectos de tales medidas sobre el comercio bilateral y los flujos de inversión pueden llegar a ser más importantes en el mediano y largo plazo", sentenció la USITC.

Colombia y Estados Unidos discutieron este tratado entre mayo de 2004 y agosto de 2006, pero aún restan asuntos por resolver.

Ahora Colombia tendrá que cambiar o introducir decenas de leyes, como las ambientales y de propiedad intelectual, además de expedir, quizá, cientos de decretos para que la oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) certifique y autorice el tratado. En esa revisión también entran los códigos penal, de comercio y aduanero.

Ya durante la negociación cambiaron o surgieron varias normas e instituciones internas de Colombia para "armonizarse" con el TLC estadounidense.

Su texto de 1.300 páginas reglamenta exportaciones, importaciones, inversión extranjera, agricultura, industria, servicios, telecomunicaciones, propiedad intelectual, adquisiciones públicas, régimen laboral, asuntos ambientales, sanitarios y culturales, "en fin, todo", como declaró Jorge Robledo, senador del izquierdista Polo Democrático Alternativo.

"El TLC incluía cláusulas de propiedad intelectual que le iban a ocasionar a Colombia sobrecostos en medicamentos del orden de 1.500 millones de dólares anuales", recuerda Emilio Sardi, columnista del diario El País, de la ciudad de Cali.

La Iglesia Católica, el grupo civil Misión Salud y la organización no gubernamental Oxfam formaron un grupo de presión que logró que la dirigencia demócrata del Congreso legislativo estadounidense "reversara este daño con el Protocolo Modificatorio que hizo firmar a las partes", precisa Sardi.

Ejecución del TLC por fases

En dos años más comenzarán a entrar a Colombia, progresivamente, manufacturas muy baratas e incluso remanentes de segunda. La clase media se sentirá a gusto por la oferta de productos importados a bajo precio. Los supermercados se inundarán de arroz, maíz, huevos, lácteos y carne de pollo y cerdo estadounidenses.

El retraso colombiano en infraestructura será de diaria discusión. Hace decenios que Colombia no usa el ferrocarril ni navega sus ríos.

Juan Martín Caicedo, presidente de la Cámara Colombiana de la Infraestructura, advirtió, de cara al TLC, de "problemas graves" en los corredores viales de acceso a los puertos del mar Caribe, en el norte, y Buenaventura, en el océano Pacífico, al occidente.

Toda negociación comercial busca "ceder parte del mercado interno a cambio de ganar parte del externo", definió el codirector del Banco de la República (emisor), Carlos Gustavo Cano, exministro de Agricultura.

El que con el TLC haya ganadores y perdedores mantiene el ambiente agridulce. Para los críticos, Colombia cedió en numerosos renglones a cambio de nada.

"El gobierno deberá resarcir (a Estados Unidos) cualquier desmedro que, por acción del Estado colombiano, sufran sus inversionistas en las utilidades que esperan realizar en este país", remarcó el analista Sardi.

El nuevo régimen, supone Bogotá, consolidará el aparato productivo, atraerá inversión extranjera, promoverá empleos dignos e irrigará riqueza a más capas de la sociedad y a más regiones.

La depreciación del dólar llevó a que los productos colombianos fueran menos competitivos. El Departamento Nacional de Planeación estima que con el TLC en vigor las exportaciones aumentarán solo 6,4 por ciento, mientras las compras 12 por ciento.

Los principales beneficiados son los importadores, banqueros, comerciantes y algunos sectores industriales como partes de vehículos, plásticos, confecciones y la biocombustibles.

Aunque los expertos coinciden en que el sector agropecuario colombiano saldrá perdedor en su conjunto, también sostienen que se benefician con el TLC sectores como exportadores de flores, hortalizas y frutas, lácteos, cárnicos y tabaco.

El pesimismo en el empresariado agropecuario se debe a que Estados Unidos otorga subsidios a sus productores por 51 por ciento del producto interno bruto del sector, mientras que Colombia solo 11 por ciento. "No podemos competir", dicen a lo largo y ancho de este país sudamericano.

Esos subsidios son la forma preferente de protección estatal a su agricultura en Estados Unidos. Colombia lo ha hecho mediante aranceles, que tienden a esfumarse por el libre comercio.

"La asimetría del tratado no favorece sino a la contraparte: Colombia reduce sus aranceles de 13 por ciento a cero y Estados Unidos de tres a cero. Aquí desmontamos todo control de capitales y la regulación cambiaria", remarcó la columnista del diario El Espectador Cristina de la Torre.

Otros renglones de producción afectados son minas y energía, cueros, maderas, una serie de manufacturas y servicios y finca raíz, según el senador Robledo.

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