CAFÉ-BRASIL: La maldición agroexportadora

Brasil encabeza la producción y exportación mundial de café desde hace más de un siglo y medio, pero nunca logró extender ese liderazgo al grano industrializado, debido a barreras externas e internas que persisten en algunos casos.

La industria brasileña de torrefacción volvió a reclamar al gobierno la liberación de importaciones de café, una vieja pretensión cuya finalidad es justamente poder mezclar el producto extranjero con el nacional para así incrementar las escasas exportaciones del tostado.

Pero todo indica que el pedido será nuevamente rechazado, debido a la presión en contrario de los caficultores, más numerosos y fuertes políticamente que los industriales del área.

Los grandes mercados consumidores "cambiaron mucho en los últimos 10 años y requieren mezclas con cafés de nuevos orígenes", como Etiopía, Kenia o América Central, justificó ante la consulta de IPS Nathan Herszkowicz, director ejecutivo de la Asociación Brasileña de la Industria de Café (ABIC).

Esa diversificación responde a distintos atractivos, como sabores y aromas preferidos, la imagen de buena calidad de grano de algunos países, exigencias ambientales y sociales, explicó.

Una demanda firme ya identificada permitiría a Brasil quintuplicar sus exportaciones de café tostado en los próximos dos años, si se mezcla con el de otros países, afirmó. De los 35,6 millones de dólares que dejó esta actividad en 2008, se pasaría a un total de entre 150 millones y 180 millones de dólares.

Es muy poco comparado con las exportaciones de café crudo, que el año pasado alcanzó los 4.131 millones de dólares.

La importación correspondería a sólo un tercio del volumen adicional a exportar, es decir unos 200.000 sacos de 60 kilogramos, equivalentes a casi 0,5 por ciento de la producción interno bruto, destacó Herszkowicz.

El peligro de introducir nuevas plagas en el país a través del café importado representa un primer obstáculo. Un análisis de los riesgos que prepara el servicio de defensa agropecuaria del Ministerio de Agricultura es indispensable y puede demorar, reconoció el director de ABIC.

Pero "el problema sanitario es el mas sencillo" de resolver, más complejo sería sufrir la competencia desigual, ante la diferencia de las leyes ambientales y laborales, mucho mas rígidas en Brasil, señaló el diputado Carlos Melles, presidente del Frente Parlamentar del Café y de una cooperativa de caficultores en el estado de Minas Gerais.

Brasil no necesita importar porque produce "todos los cafés del mundo" y puede atender los más variados con sus mezclas propias, dijo a IPS.

Además, desarrolló variedades de calidad reconocida en mercados exigentes, acotó.

"Si fuera ministro (de Agricultura) no haría la locura de abrir las importaciones", afirmó. Pero se manifestó dispuesto a discutir las posibles ventajas para la industrialización del café en Brasil, evaluando todos los aspectos, como el papel de las empresas transnacionales que ocuparon buena parte de la torrefacción en el país e incluso el cambio, con la sobrevaluación del real (moneda local respecto del dólar) encareciendo el producto nacional.

La industria quiere importar ahora "por razones económicas" y no por una efectiva necesidad de mezclar cafés extranjeros, sospecha José Luis Rufino, investigador del centro de café de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), órgano estatal que fue decisivo en el gran aumento de la productividad agrícola en Brasil.

La industria quiere aprovechar los precios del café foráneo, hoy más baratos que el nacional a causa del cambio, opinó Rufino, un agrónomo especializado en economía y coautor del libro recién publicado "Mercados Interno y Externo del Café Brasileño".

No es por falta de café extranjero en el "blend" (mezcla) que la industria brasileña de torrefacción tiene dificultades de exportar, sino por su "falta de competitividad en mercadeo y publicidad", acusó. "No logró crear internacionalmente una imagen de calidad como lo ha hecho el café colombiano", ejemplificó.

Los recursos invertidos por Brasil en promover su café en el exterior son "irrisorios" y ahora es difícil competir con la industria europea que acumuló "100 años de conocimiento" y además cuenta con la protección de barreras arancelarias, comentó.

Los tostadores brasileños de hecho estuvieron históricamente volcados al mercado interno, que absorbe como promedio 40 por ciento de la producción nacional de café, reconoció Herszkowicz.

Pero el café es el único producto que tiene totalmente prohibida su importación y Brasil es el único gran productor que adopta esa medida, impidiendo que su industria de torrefacción pueda competir en igualdad de condiciones, arguyó.

La situación actual está obligando a algunas industrias brasileñas a instalar filiales en el exterior, "exportando empleos e ingresos", lamentó, ejemplificando con una empresa que tiene una planta en Estados Unidos para procesar mezclas de cafés brasileños y de otros orígenes.

Brasil, además de mayor productor y exportador mundial, es el segundo mayor mercado consumidor y debe alcanzar el primer lugar dentro de algunos años, superando a Estados Unidos. El consumo interno crece sostenidamente desde que, hace 20 años, la ABIC adoptó un programa de control de calidad, certificando empresas con su "Sello de Pureza".

La mejora de calidad del café tostado, molido y empaquetado permitió recuperar el consumo por persona de los brasileños casi al nivel de los años 60, de 5,9 kilogramos al año. En 1985 ese índice había caído a menos de la mitad. El año pasado se registró 5,64 kilogramos por habitante.

Ese proceso abrió paso también a las exportaciones de café tostado, molido o no, en pequeñas cantidades en la década pasada y en rápido crecimiento a partir de 2001, aunque en minúscula proporción sobre el total, que comprende además el grano crudo y el café soluble.

Históricamente el producto más importante en la economía brasileña, por su largo predominio y por haber posibilitado el inicio de la industrialización brasileña, el café es un ejemplo de las dificultades que enfrentan países en desarrollo para superar su condición agroexportadora.

A la ineficiencia de sus industriales se sumaron barreras en los mercados ricos, que eximen de aranceles la importación de materias primas, pero gravan fuertemente los productos manufacturados. Es así que países europeos, como Alemania e Italia, se constituyeron en los mayores exportadores de café tostado con el grano importado de países tropicales.

Una excepción es el café soluble, del que Brasil consiguió ser el gran exportador. Pero viene perdiendo participación en el mercado internacional porque Europa le impone un arancel de nueve por ciento, mientras concede exención a competidores como Ecuador y Colombia para estimular su combate a la producción de cocaína.

El año pasado Brasil exportó 26,1 millones de sacos de 60 kilogramos de café en grano (crudo) y el correspondiente a 3,2 millones de sacos en café soluble y 132.070 sacos del tostado.

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