PUNE, India – Dharashiv es uno de los distritos más pobres del estado de Maharashtra, en el oeste de la India. Ubicado en la región semiárida de Marathwada, carece de ríos importantes y de buenos embalses, mientras la calidad del suelo es deficiente y no retiene el agua, ni siquiera durante las lluvias intensas.
Los agricultores dependen de pozos perforados y pozos de riego. Los estanques agrícolas se secan cada año después de febrero, dejando a los agricultores sin agua, porque el nivel freático se mantiene bajo durante la mayor parte del año.
De carácter predominantemente rural, con la agricultura como principal actividad económica, Dharashiv se compone principalmente de parcelas con un promedio de entre 1,5 y 2 hectáreas. El desempleo rural es alto y un gran número de hombres y mujeres en edad laboral emigran a las ciudades durante las épocas de escasez.
Pero en los últimos dos años, un “Banco de Herramientas”, con maquinaria y otros implementos, impulsado por la organización social y educativa Jnana Prabodhini en la aldea de Harali, ha comenzado a revertir gradualmente esta situación.
El gobierno indio propuso por primera vez la idea de un banco de herramientas hace algunos años. Un par de gobiernos estadales también la impulsaron.
Sin embargo, no tuvo éxito por diversas razones. Para comprender la necesidad e importancia de un banco de herramientas, es fundamental entender la situación general en el distrito de Dharashiv, particularmente en el bloque de Lohara, donde se encuentra la aldea de Harali.

Escenario en el bloque Lohara
La aldea de Harali, en el bloque Lohara del distrito de Dharashiv, está ubicada a unos 70 kilómetros de las ciudades de Sholapur y Latur y está cerca de la frontera entre los estados de Karnataka y Maharashtra.
No hay grandes ríos en los alrededores; las únicas fuentes de agua son riachuelos como Benitura, que es afluente del caudaloso río Godavari, que discurre a varios kilómetros de distancia.
El nivel de alfabetización es bastante bajo y entre sus pobladores también hay algunas tribus nómadas.
La población local, la mayor parte de la cual depende de la agricultura, enfrenta condiciones de vida difíciles debido a la falta de buenas escuelas y universidades, agua inadecuada, mala calidad del suelo y un suministro de electricidad fluctuante.
De todos modos, todo el bloque de Lohara, que comprende 25 aldeas, es semiárido y propenso a la sequía. La precipitación media anual ronda los 735 milímtros (mm). Sin embargo, debido al cambio climático, en los últimos años ha recibido lluvias monzónicas superiores a lo normal (hasta 147 %) y fuertes lluvias premonzónicas, lo que ha provocado inundaciones y pérdidas de cosechas para los agricultores.
Tras el terremoto de Latur en la década de 1990, Jnana Prabodhini, una organización con sede en Pune, se estableció en Harali para realizar labores de socorro y rehabilitación. Pune es la segunda ciudad más poblada de Maharashtra, solo por detrás de Mumbai, la antigua Bombay, y la séptima urbe más poblada de India.
Con el deseo de marcar la diferencia, Jnana Prabodhini fundó una escuela en la zona. En 1996, la escuela se trasladó a sus instalaciones permanentes. Poco después, se añadió una sección de preescolar y, en la década de 2000, se estableció en el recinto una facultad de agricultura: el Krishi Tantra Vidyalaya, con su granja experimental.
Para facilitar el aprendizaje práctico de los estudiantes, fue necesario adquirir diversos aperos de labranza. Así surgió la idea de crear un banco de herramientas para los agricultores locales.
“El desempleo rural es una gran preocupación aquí. Por eso, pensamos en capacitar a nuestros estudiantes, jóvenes de la zona, en el manejo de implementos agrícolas. También popularizamos el curso entre los agricultores. Ahora tenemos un grupo de operadores de herramientas. Los jóvenes alquilan las herramientas y trabajan para los agricultores durante la siembra y la cosecha, obteniendo así un ingreso estable”, afirma Suresh Margale, coordinador de Jnana Prabodhini Harali (célula juvenil) y director del Banco de Herramientas.
Un ejemplo es Maruti Badgir, quien actualmente estudia para sus exámenes de bachillerato en una universidad local.
Badgir obtuvo un diploma en operación y mantenimiento básico de implementos agrícolas en el Krishi Tantra Vidyalaya. Ahora alquila herramientas del banco de implementos y trabaja para los agricultores de la zona durante la siembra y la cosecha.
La escasez de mano de obra agrícola es común en la región, y un operario de una urbe cercana cobra 5500 rupias (unos 59 dólares) por manejar una cosechadora.
Un joven local capacitado para operar la máquina, en cambio, cobra solo 3000 rupias (32 dólares). De manera similar, el alquiler de una picadora de forraje o cualquier otra máquina de la ciudad puede llegar a costar hasta 1200 rupias (13 dólares) por hora, mientras que los precios locales son de tan solo 150 rupias (1,61 dólares) por hora.
El Banco de Herramientas cobra 20 rupias (0,22 dólares) por hora de alquiler, lo que equivale a 60 rupias (0,65 dólares) por tres horas. Algunos agricultores que poseen tractores y han recibido capacitación, como Iqbal Sheikh, alquilan implementos al Banco de Herramientas y prestan sus servicios, complementando así sus ingresos.
Tras pagar el alquiler y el combustible, un agricultor puede ganar entre 800 y 2000 rupias (entre ocho y 22 dólares) al día durante la temporada alta de cultivo, ya que se gana un mínimo de 800 rupias (8,61 dólares) por 8 horas de trabajo.
“Durante las temporadas de siembra y cosecha de kharif (siembras al inicio de las lluvias, entre mayo y julio) y rabi (siembras al inicio del invierno, entre octubre y noviembre), estos agricultores pueden ganar entre 30 000 y 40 000 rupias (entre 322 y 430 dólares) al mes, dada la escasez de mano de obra y la demanda de sus servicios”, afirma Abhijit Kapre, responsable del Centro Jnana Prabodhini Harali.
Agricultores como Kondiba Pandhre y Shankar Deokar toman prestadas las herramientas directamente y las utilizan en sus fincas, ya que han recibido formación.
“Nos ahorra mucho dinero”, comentan a IPS Pandhre y Deokar. También les ha ayudado a expandir sus explotaciones agrícolas. Deokar, propietario de nueve acres de tierra, un tractor, una sembradora, una motoazada y otros equipos, ahora alquila máquinas de surco ancho (BBF, por sus siglas en inglés), motocultores, cortadoras, remolques e implementos para el arado de surcos.
“Hoy en día es difícil encontrar mano de obra agrícola. Con estas máquinas, ahorro mucho en costos laborales y tiempo. Ahora solo necesito contratar a un trabajador para operar una sembradora manual”, comenta.
La exuberante granja de Deokar cultiva una gran variedad de verduras, además de mijo, soja, cebollas y frijol mungo. También ha instalado una planta de biogás que funciona con residuos agrícolas.
Pandhre, propietario de 2,5 hectáreas de tierra y que antes cultivaba urad (frijol mungo), mung (frijol verde), soja, cebolla y zanahorias, ha plantado este años 1600 árboles del árbol de moringa en 0,8 hectáreas de su terreno. Dado que la moringa, un árbol de rápido creciminto nativo de India, tiene alto valor comercial, Pandhre espera obtener una buena ganancia con su iniciativa.
Los agricultores aprecian especialmente la máquina BBF, que crea bancales elevados de 90 a 150 centímetros (cm) de largo, con surcos de 45 cm de ancho y 30 cm de profundidad.
Funciona como sembradora-fertilizante, proporcionando una mejor aireación y un mejor desarrollo de las raíces, y puede contribuir a la conservación del suelo y el agua en zonas de secano que sufren lluvias irregulares, estrés hídrico y encharcamientos.
Los agricultores que cultivan caña de azúcar también pueden utilizar cosechadoras y motocultores, que son especialmente útiles para este cultivo.
Otra ventaja es el ahorro de semillas. Deokar cita especialmente el caso de la soja. “Antes, necesitaba 30 kilogramos (kg) de semillas de soja para sembrar y obtenía ocho quintales por acre (0,4 hectáreas). Ahora, solo necesito 25 kg y puedo asegurar rendimientos de 10 quintales por acre. Además, el arado profundo elimina las plagas y nos ayuda a ahorrar en pesticidas”, detalla.
Además de que los alquileres son más bajos que en las ciudades y pueblos vecinos, la disponibilidad está garantizada. “Durante las temporadas de cosecha y siembra, incluso si viajábamos a Sholapur, Umargaon o Latur, la disponibilidad nunca estaba garantizada”, cuenta a IPS Vaijnath Kashinath Gavare, de la aldea de Sayyad Hipparga.
Y comprar era prácticamente imposible para la mayoría de los agricultores, ya que la mayoría de los implementos costaban entre el equivalente a 2400 y 4800 dólares.
Una máquina BBF también ayuda a garantizar que un desastre natural no arruine a un agricultor.
El productor Somnath Vinayak Bairajdar, propietario de una finca de unas cinco hectáreas en la aldea de Sayyad Hipparga, en el bloque de Lohara del distrito, comenta a IPS: “Los surcos creados con una máquina BBF aseguran que el suelo retenga el agua en épocas de sequía, mientras que durante lluvias torrenciales e inesperadas, el agua drena fácilmente».
«En los últimos dos años, esta región sufrió fuertes lluvias e inundaciones. Muchos agricultores perdieron todas sus cosechas. Pero las mías sobrevivieron”, explica.
Un motocultor puede ayudar a aligerar el suelo y airear las raíces, mientras que una desbrozadora elimina las plagas, lo que garantiza una mejor cosecha, afirma Bairajdar. “Antes, podía obtener de cinco a seis toneladas de tomates por acre 0,4 hectáreas). Pero ahora, la producción llega a ser de 8 a 9 toneladas por acre”.
Su producción de guandú (chicharo o frijolillo) también ha aumentado de seis a siete quintales (cada quintal equivale a 46 kg) por acre a nueve quintales por acre, mientras que la de judías verdes ha subido de dos quintales por acre a 4,2 quintales por acre, “gracias al uso del motocultor”.
Ciertas herramientas también pueden ayudar a los agricultores a complementar sus ingresos.
Sharad Patil, por ejemplo, propietario de una finca de unas 10 hectáreas, ha podido expandir su negocio lechero. “Antes, solo podía tener cuatro vacas, ya que solo tenía una segadora manual para preparar el forraje ara mis animales. Ahora, alquilo una picadora de forraje, que se acopla a mi tractor, para que haga el trabajo”, cuenta a IPS.
Patil ahora tiene 34 vacas en su establo; alquilar una picadora de forraje durante tres o cuatro días le proporciona suficiente forraje para alimentar a su ganado durante seis meses.
Otro artículo muy solicitado en el Banco de Herramientas es la máquina de armadura eléctrica, dada la irregularidad del suministro eléctrico en Dharashiv. “Los agricultores necesitan electricidad ininterrumpida para sus bombas, sobre todo en verano”, comenta Margale. “El gobierno había puesto en marcha un programa para bombas solares, pero actualmente no está en funcionamiento”, agrega.
En sus dos años de existencia, el Banco de Herramientas ha experimentado un aumento de popularidad, especialmente entre los agricultores de las aldeas de la zona y alrededores.
“Planeamos abrir un par de depósitos más en aldeas vecinas”, dice Margale.
Mientras tanto, inspirados por el progreso y el bienestar de agricultores, como Pandurang Haren y Ballu Hakke, otros productores están interesados en alquilar herramientas del Banco de Herramientas e inscribirse en un programa de capacitación.
El Banco de Herramientas está generando esperanza y optimismo en Dharashiv, al tiempo que ayuda a los agricultores a combatir los peores efectos del cambio climático.
T: MLM / ED: EG


