IRÁN: De picnic frente a la cárcel de Evin

Afuera de la infame cárcel de Evin, en la capital de Irán, cientos de personas esperan impacientes, algunas con el almuerzo servido sobre alfombras desplegadas en un estacionamiento cercano.

El lugar se ha vuelto un segundo hogar para aquellos con familiares arrestados en las redadas masivas ordenadas tras las elecciones del 12 de junio. La represión no discrimina: hay ricos y pobres, jóvenes y ancianos, habitantes de zonas rurales y de ciudades.

El paisaje frente a la prisión es un recordatorio de la incertidumbre política y de los cambios registrados en Irán en las últimas tres semanas, cuando las autoridades declararon reelecto por una mayoría abrumadora al presidente Mahmoud Ahmadineyad.

Cientos de miles de disidentes salieron entonces a las calles para protestar ante un resultado al que consideraban imposible, en manifestaciones que no tenían precedentes en los 30 años de constituida la República Islámica de Irán. En los choques murieron 17 personas, según el balance del gobierno.

Ahora, las familias esperan noche y día la liberación de los presos.
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Una pequeña camioneta blanca y verde avanza con dos soldados de poco más de 20 años que tuvieron la mala suerte de ser convocados a cumplir el servicio militar obligatorio en tiempos de caos político.

La camioneta tiene un letrero que dice "Estación de policía número 109" en lugar del habitual, que reza "Policía moral". Esos vehículos eran utilizados antes de las protestas para arrestar a mujeres con vestimenta considerada inapropiada. Luego, fueron usadas para detener a manifestantes.

En otro estacionamiento, pero directamente debajo de la prisión de Evin, una pequeña multitud dentro de sus automóviles espera que se abra una puerta de hierro al cabo de una escalera ascendente. Cada vez que se abre, cientos de miradas esperanzadas se dirigen hacia allí, por donde son liberados los presos.

Una mujer sentada en su automóvil aguarda por su esposo.

"Lo arrestaron hace 12 días", dijo. "Su único delito era vivir cerca de la plaza Azadi", donde se realizaron varias protestas masivas, recordó. "Volvíamos a casa de un funeral cuando detuvieron nuestro automóvil, lo sacaron y lo arrestaron. Los agentes decían que pretendía ir a la manifestación, pero no era así."

"Pagamos la fianza en un Tribunal Revolucionario ayer. Me dijeron que lo liberarían anoche, pero aquí estoy, esperando todavía", se lamentó.

Algunos presos comenzaron a salir, pero el ritmo de las liberaciones es errático.

"Un grupo de prisioneros ya salió. Esperamos que otros dos salgan esta noche", dijo Arman, un hombre de 30 años cuyo primo fue arrestado durante una protesta espontánea que se realizó al día siguiente a las elecciones en su acomodado barrio de Yousefabad.

"Aparentemente, liberaron a 160 presos anoche. Pero ahora los funcionarios están cenando o en sus oraciones vespertinas, por lo que tendremos que esperar", agregó.

Según Arman, los tribunales revolucionarios publican la lista de presos a ser liberados. Por lo tanto, la sede de esos organismos constituye otro escenario del juego de interminables esperas burocráticas.

Los familiares van a los tribunales de mañana y hasta la noche, esperando información. Ni siquiera saben el paradero de algunos de los seres queridos por los que preguntan. Éstos, simplemente, desaparecieron.

"Si dicen el nombre de alguno, debes pagar la fianza y, al final, los liberan", dijo Arman. "Según los tribunales, mi primo figura en una lista de 230 que no serán liberados pronto, pero vengo aquí de todos modos."

Las listas no han sido actualizadas. No hay información de los presos fuera de Evin. La mayoría de los detenidos por su trabajo como periodistas o por su actividad política o de defensa de los derechos humanos no figuran en las listas, pero se sabe que muchos están en el pabellón 209 de Evin, a cargo del Ministerio de Inteligencia.

En las puertas de la cárcel hay unas 60 carillas de papel con unos 1.200 nombres. Algunos guardias de seguridad esperan allí para responder a las preguntas.

Una mujer bien vestida se acerca. "El nombre de mi hijo tardó cinco días en aparecer. Casi muero de los nervios. No sabía si estaba vivo o muerto. Estaba desaparecido."

"Ahora que tanta gente quedó atrapadas en este sistema de violación generalizada de los derechos humanos, el público finalmente sabrá las injusticias que ocurren en este país", dijo Saeed, un activista que solicitó que no se publicara su apellido.

La puerta vuelve a abrirse. Tres hombres de poco más de 20 años bajan la escalera. Lucen barba oscura y camisa blanca por encima de los pantalones.

Los familiares que están allí se refieren a ellos como "hermanos". Irónicamente, claro. El término utilizado para aludir a los seguidores de la Revolución Islámica sirve ahora para mencionar a quienes usan el Islam como excusa para reprimir al público.

Los "hermanos" se dirigen a sus automóviles y se retiran del lugar. A quienes esperan a sus familiares les parece obvio que se trata de interrogadores, tal vez del Ministerio de Inteligencia.

"Somos de Kurdistán", dice un joven que se encuentra con otros tres. "Arrestaron a mi hermano, estudiante de la Universidad de Teherán, hace 10 días. No sabemos por qué. Nos llamaron sus amigos, así que vinimos aquí a ponernos al tanto de su situación."

El padre del joven informa que ya pagó la fianza, y que pronto será puesto en libertad. "Pero no estamos seguros si lo harán esta noche", añadió.

El hombre dice que es miembro del partido de Ahmadineyad, y que, obviamente, votó por él. "Pero yo voté por (Mehdi) Karrubi", acotó su hijo. Los reformistas Karrubi, el tercer candidato más votado, y Mir Hussein Musavi, el segundo, son quienes convocan las protestas.

"Musavi y Karrubi son los más votados en Kurdistán", admitió el atribulado padre.

El activista Saeed no cree que la mayoría de los activistas estudiantiles, políticos y sociales sean liberados pronto. "Tememos que muchos de ellos sean juzgados e incluso condenados a muerte y ejecutados cuando acaben las protestas", dijo.

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