ISRAEL-PALESTINA: La paz exige un nuevo realismo

Con la inminente formación de un gobierno encabezado por el derechista Benjamín Netanyahu en Israel, la inclusión o no de Hamás en el proceso de paz con Palestina pasa a ser la prioridad en Medio Oriente.

Brent Scowcroft, Zbigniew Brzezinski y otros ocho ex altos funcionarios del gobierno estadounidense urgieron la semana pasada al presidente Barack Obama incluir a Hamás (acrónimo en árabe del Movimiento de Resistencia Islámica) en las negociaciones.

Pero ¿cómo será posible? Las leyes estadounidenses impiden a Washington tratar con Hamás hasta que ese partido renuncie al terrorismo, adhiera a los compromisos ya asumidos por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y reconozca formalmente a Israel.

Cuando la prensa australiana le preguntó este mes si Hamás estaba dispuesta a cambiar su carta fundacional, que desde 1988 propone la abolición del Estado judío, el dirigente Khaled Meshaal, radicado en Damasco, dijo: "Júzguennos por lo que hacemos hoy, no por lo que se escribió hace más de 20 años."

Además, Hamás anunció que está dispuesto a "respetar", en la práctica, los compromisos de la OLP con Israel, pero no a declarar su adhesión abierta como condición para participar en las negociaciones.
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Meshaal, además, le aseguró a Henry Siegman —jefe del grupo de expertos y ex funcionarios que exhortó a Obama a acercarse a Hamás— que, aunque su partido no está listo para reconocer a Israel, permitiría que un gobierno de unidad nacional negociara un acuerdo de paz definitivo con ese país, el cual sería sometido a referendo.

De todos modos, Hamás ha mantenido esta posición durante varios años, incluso en un acuerdo histórico firmado en 2005 con el presidente palestino Mahmoud Abbas, del secular partido Fatah.

Por ahora, sin embargo, no hay negociaciones de paz palestino-israelíes, con Hamás o sin él. Abbas suspendió el diálogo a raíz de la ofensiva que Israel lanzó entre el 27 de diciembre y el 17 de enero contra Gaza, y dijo que no tomará ninguna decisión al respecto hasta que se forme el nuevo gobierno israelí.

Las negociaciones en El Cairo entre Hamás y Fatah se concentran en la formación de un gobierno palestino de unidad que "persuada" a Israel de levantar su sitio a Gaza y de negociar en conversaciones de paz efectivas.

Hamás considera que el diálogo de paz ha sido un fracaso bajo la dirección de Fatah. Cuando Israel y la OLP, encabezada por ese partido, rubricaron los acuerdos de Oslo en 1993, abrieron paso a negociaciones hacia un acuerdo definitivo de paz para 1999.

Diez años después de cumplido ese plazo, la paz final todavía no fue negociada. Desde 1993, unos 200.000 colonos judíos se radicaron ilegalmente en Cisjordania.

"Hamás no quiere permitirle a Israel que alargue las negociaciones por otros 15 años, como los 15 años que ya ganó gracias al liderazgo de la Autoridad Nacional Palestina", dijo a IPS el parlamentario electo del movimiento Nizar Ramadan, entrevistado a comienzos de marzo en la ciudad cisjordana de Hebrón.

Tres semanas después de la entrevista, Ramadan figuró entre los 10 encumbrados dirigentes políticos detenidos por Israel en Cisjordania sin mediar cargos o juicios.

Hamás quiere presionar por una rápida conclusión de las conversaciones de paz definitivas y también para frenar la construcción de asentamientos judíos en territorios ocupados mientras se procesan esas negociaciones. De hecho, el primer ministro palestino saliente Salam Fayyad lo considera una precondición para reanudarlas.

Hamás muestra más firmeza que Fatah en otros sentidos. Ninguno de sus dirigentes ha manifestado aún su posición sobre las fronteras de Jerusalén oriental y Cisjordania, por ejemplo. Ni tampoco se manifestó sobre el reclamo del derecho al retorno de los seis millones de descendientes de palestinos refugiados en otros países desde 1948, aspecto en el que Abbas ha mostrado extrema flexibilidad.

Por otra parte, el estilo político de Hamás es diferente del de Fatah. Si hace concesiones, no se las hará abiertamente a Israel para sentarse a esperar la reacción de su contraparte, como lo ha hecho Fatah.

En cambio, puede esperarse que negocie con dureza y rapidez, lejos del escrutinio pública y manteniendo las campañas mundiales para apuntalar su posición.

A juzgar por su muy buen, aunque imperfecto, cumplimiento de los ceses del fuego limitados en Gaza de 2005 y 2008, es previsible que Hamás se atenga a un acuerdo en ese sentido si queda incluido en la negociación final de paz.

¿Acaso una fórmula que incluya a Hamás tiene posibilidades de ser adoptada por Washington o por un gobierno de Netanyahu?

A fines de febrero, una encuesta de la organización J Street concluyó que 60 por ciento de los judíos estadounidenses consultados se inclinaban por el trabajo conjunto entre Washington y un gobierno de unidad palestino conformado por Hamás y Fatah.

Prganizaciones judías estadounidenses y sionistas cristianas podrían continuar ejerciendo una fuerte presión en contra. Pero la encuesta demuestra que, de acercarse a Hamás, Obama puede esperar un apoyo sustancial de la comunidad judía estadounidense.

Además, el apoyo de los israelíes encuestados para sondeos de opinión pública a un gobierno de unidad entre Hamás y Fatah asciende hoy a 69 por ciento.

Cuando el gobierno israelí saliente, encabezado por Ehud Olmert, lanzó en diciembre la guerra contra Gaza, aspiraba a debilitar considerablemente a Hamás o a aplastarlo completamente. No logró ninguno de los dos objetivos.

Por el contrario, el apoyo al movimiento aumentó entre comunidades palestinas de Cisjordania y en el mundo árabe.

Diplomáticos en Washington y el resto del mundo comienzan ahora a tratar con esa realidad.

*Helena Cobban es una veterana analista de temas de Medio Oriente. Su blog se encuentra en http://www.JustWorldNews.org.

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