LÍBANO: Las disputas persisten pese al acuerdo

La formación del nuevo gobierno de Líbano está pendiente por las disputas y hechos de violencia, un mes después del acuerdo que puso fin al último conflicto armado interno.

Las facciones enfrentadas firmaron el acuerdo de Doha el 21 de mayo. El conflicto, en el que murieron 67 personas, había comenzado el 7 de ese mes.

Alcanzado trabajosamente en la capital de Qatar, impulsado por el mundo árabe, el acuerdo de paz incluía la elección como presidente de consenso de Michel Suleiman. Pero desde entonces, los políticos libaneses discuten sin pausa el reparto de ministerios.

La escena política de Líbano se dibuja esencialmente en torno a dos facciones principales: la mayoría parlamentaria y la oposición.

La mayoría, respaldada por Occidente y el mundo árabe en general, está integrada por el sunita Movimiento Futuro, el Partido Socialista Progresista de la comunidad religiosa drusa (PSP) y las Fuerzas Cristianas Libanesas (denominadas "falangistas").
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En el otro extremo del espectro está el tándem chiita Hezbolá-Amal, respaldado por Irán y Siria, y aliado con el Movimiento Cristiano Libre Patriótico (FPM) que lidera el general Michel Aoun.

El acuerdo alcanzado en Doha asigna 11 carteras a la oposición y 16 a la mayoría. Los tres ministros restantes tienen que ser designados por el nuevo presidente.

Pero la discusión al respecto continúa. El proceso es lento y doloroso, en medio de violentos altercados entre comunidades, en su mayoría de las regiones del valle de Bekaa y Trípoli.

Las negociaciones entre las varias partes involucradas se convirtieron en una batalla por los ministerios de Defensa, Interior, Finanzas y Asuntos Exteriores.

Las facciones libanesas habían acordado previamente que el presidente Suleiman nombraría a cristianos en dos de las carteras (Interior y Defensa).

Hezbolá y Amal dominaron la cancillería en el último gobierno, y parecen aspirar a mantener esta posición.

"Creemos que todavía hay otro intento por marginar a nuestro partido, el principal bloque cristiano", dijo el legislador Brahim Kenaan, del FPM, que actualmente ocupa 22 escaños en el parlamento de 168 miembros.

En última instancia, este reparto de ministerios podría afectar el resultado de las elecciones legislativas de 2009. Más allá de las carteras, las facciones atienden el equilibrio de poder que surgirá entonces.

El legislador Mustapha Allouch, del Movimiento Futuro, subrayó que el problema principal radica en la negativa de Aoun de mantener en el cargo de ministro de Defensa al ortodoxo Elias Murr. "A Aoun le gustaría reemplazarlo por el general Issam Abu Jamra, miembro del FPM", dijo.

El parlamentario cree que la posición de Aoun es fuertemente apoyada por Hezbolá, que pretende mantener su arsenal a pesar de que le exigen desarmarse e integrar sus milicias al ejército.

"Para Aoun, el Ministerio de Defensa también sería un sustituto satisfactorio de la presidencia", explicó Allouch.

El general Aoun fue uno de los principales candidatos en la carrera por las elecciones presidenciales, antes de que la mayoría y la oposición se pusieran de acuerdo en nombrar a Suleiman como presidente de consenso.

El presidente del parlamento, Nabih Berri, líder del partido Amal, sugirió que si el punto muerto no se resuelve rápidamente, podría formarse un gobierno interino, propuesta rechazada por Allouch.

La formación del gobierno no es el único tema polémico entre Aoun y la mayoría. El líder del FPM también ha sugerido que los derechos constitucionales del primer ministro libanés tienen que ser revisados, provocando críticas de la mayoría y también de algunos de sus aliados, como Berri.

Actualmente la Constitución libanesa declara que el poder ejecutivo está en manos del gobierno, encabezado por un primer ministro sunita.

"El parlamento es el único órgano que tiene permitido gobernar en tales asuntos. Cualquier enmienda constitucional debe ser sometida a votación, lo que en última instancia será determinado por la mayoría que está en el poder", dijo Allouch.

En un país donde la democracia es superficial, el sectarismo y el tribalismo parecen estar en auge, mientras cada comunidad y facción política compite por puestos.

Mientras la esperanza de una solución inmediata se desavanece lentamente, parece que por ahora el actual gobierno provisional seguirá en el poder, mientras se propagan rumores de que, en efecto, puede prolongarse hasta las elecciones de 2009.

Parece que, una vez más, los libaneses son incapaces de construir su nación sin la interferencia de potencias extranjeras. "La única solución que preveo depende de otra intervención árabe más para mediar un nuevo acuerdo", concluyó Allouch.

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