MÉXICO: Supermercados sin lugar para pequeños agricultores

Un cafetalero mexicano recibe alrededor de tres dólares por un kilogramo de café no procesado, y el consumidor paga por él 11 dólares. La diferencia la determina, en buena medida, el creciente poder de un puñado de supermercados.

Algunos supermercados no se hacen cargo ni de poner ciertos productos en los anaqueles. Crédito: Wikimedia Commons
Algunos supermercados no se hacen cargo ni de poner ciertos productos en los anaqueles. Crédito: Wikimedia Commons
Las tiendas de autoservicio, como se las conoce en México, concentran 52 por ciento de las ventas de alimentos y productos perecederos del país, aunque en la capital esa proporción es de más de 70 por ciento.

Estos comercios desplazaron a los viejos mercados y también a las tiendas de barrio que, según la estatal Procuraduría Federal del Consumidor, podrían desaparecer en 10 años.

El pequeño campesino enfrenta el "poder voraz y casi absoluto" de los supermercados y de los intermediarios, dijo a Tierramérica Pedro Cervantes, coordinador de Agromercados, firma comercializadora que tiene como socios a cultivadores de café de escasos recursos.

"No es fácil atender los requisitos de abastecimiento que imponen las tiendas de autoservicio y su política de pagar al proveedor hasta tres meses después de entregado el producto, lo que no aguantan la mayoría de los campesinos", explicó Cervantes.
[related_articles]
Muchos cafetaleros prefieren entonces entregar su grano al intermediario y recibir un pago bajo pero inmediato, indicó.

"En ocasiones el café o cualquier otro producto pasa por siete u ocho manos antes de llegar al supermercado en la forma y frecuencia exigidas", relató.

La transnacional estadounidense Wal-Mart y las nacionales Soriana y Comercial Mexicana poseen unos 1.800 supermercados en todo el país, de los cuales 1.033 corresponden a la primera.

En conjunto, esas empresas vendieron en 2007 cerca de 27.744 millones de dólares. Sus proveedores originales están en los campos, donde viven y trabajan 5,6 millones de agricultores y se concentra 75 por ciento de la pobreza del país.

El poder creciente de los supermercados no es un fenómeno mexicano. Visible desde los años 90, está presente en toda América Latina y el Caribe, indica la Evaluación Internacional del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola (IAASTD, por sus siglas en inglés), publicada el 15 de este mes.

Las cadenas de supermercados concentran entre 50 y 60 por ciento de todas las ventas de alimentos en la región. Es "un aumento extraordinario, teniendo en cuenta que hace apenas 10 años controlaban de 10 a 20 por ciento", apunta el estudio, realizado por unos 400 científicos de todo el mundo.

La penetración de los supermercados crece "a pasos agigantados" en las ciudades y hasta en las zonas rurales, precisa la investigación.

Según la IAASTD, la consolidación de los supermercados ensanchó la brecha entre los precios de los alimentos al productor y el que pagan los consumidores.

Esto impacta en toda la sociedad, generando desplazamiento de pequeños productores, pérdidas de empleo y hasta modificaciones en los patrones culturales de campesinos y consumidores, precisa el estudio, patrocinado por el Banco Mundial y cinco agencias de las Naciones Unidas.

La Confederación Campesina de México suscribió en 2005 y 2006 acuerdos con los supermercados para que sus tres millones de afiliados vendieran directamente sus productos a esas firmas, evitando intermediarios y pérdidas.

Pero los acuerdos fracasaron, informaron portavoces de esa organización en enero, pues los campesinos no pueden cumplir con las exigencias de volumen y periodicidad de entregas que imponen las cadenas. Además los pagos se efectúan con mucho atraso, en ocasiones hasta ocho meses después de las ventas, se quejaron.

La mayoría de los agricultores prefieren relacionarse con intermediarios, que acopian grandes volúmenes de productos en la central de abastos ubicada en una zona periférica de la capital.

Allí, al mercado más grande de América Latina —304 hectáreas con casi 1.489 locales comerciales y 1.881 bodegas—, acuden diariamente personal de los supermercados a adquirir sus productos.

Un pequeño agricultor no puede soportar por sí solo las condiciones de un supermercado, como la entrega de grandes volúmenes, abastecimiento periódico, empaquetado y además pago diferido, indicó a Tierramérica Rita Schwentesius, del Centro de Investigaciones Económicas, Sociales y Tecnológicas de la Agroindustria y Agricultura Mundial de la estatal Universidad Autónoma de Chapingo.

Los supermercados prefieren comprar en los centros de abasto de la capital y de otras ciudades, aunque también reciben productos en sus propios lugares de almacenaje siempre que las entregas cumplan con las condiciones y volúmenes que exigen, describió Schwentesius.

Para evitar la intermediación, el gobierno y algunas autoridades locales alientan y financian la integración de los agricultores.

Pero esas iniciativas han funcionado para pocos, señalaron Schwentesius y Cervantes.

"La mayoría no pueden enfrentar las exigencias de los supermercados", afirmó el coordinador de Agromercados, que logró establecer cadenas productivas entre sus socios y ofertar en los supermercados café empaquetado en grano y soluble.

En el caso de los productos terminados, la mayoría de los supermercados exigen su colocación en sus anaqueles por el propio oferente, que además puede promocionarlos en los pasillos.

Si en tres meses la venta es baja, según los parámetros definidos por el supermercado, el producto es regresado y muy difícilmente podrá volver a ser colocado en las estanterías, indicaron a Tierramérica ejecutivos de varias tiendas.

La exigencia de que los proveedores coloquen sus productos en los anaqueles, así como el empleo de niños o ancianos para empaquetar las compras de los clientes a cambio de propinas, son prácticas dirigidas a abatir costos.

La IAASTD recuerda que uno de los argumentos para justificar la presencia de los supermercados es que el consumidor se beneficia con mejores productos y precios.

Pero el estudio observa que la posición dominante de los supermercados disminuye la posibilidad de competencia y reduce esos presuntos beneficios.

Pero en México, la situación puede ser diferente. Hasta fines de los años 80, cuando este país empezó a aplicar agresivas políticas de apertura comercial, el giro de los supermercados estuvo dominado por unas pocas firmas nacionales asociadas, sin competencia abierta entre ellas, reportan varios estudios.

Wal-Mart entró de lleno al mercado mexicano en 1991 invitando a los consumidores a comparar a quién ofreciera precios más bajos y mejores servicios.

Esa estrategia golpeó a la competencia nacional y dio pie a choques con la transnacional que en 2002 derivaron en su expulsión de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales.

Según algunos observadores, la presencia de Wal-Mart, que hoy domina el mercado mexicano, obligó a sus competidores a bajar precios y mejorar servicios.

La IAASTD sugiere enfrentar el amplio poder de los supermercados, realizar tareas de vigilancia y analizar sus estrategias de autorregulación, instando a los consumidores a alentar un comercio más justo.

* El autor es corresponsal de IPS. Este artículo fue publicado originalmente el 26 de abril por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe