BIRMANIA: El sacrificio de la resistencia

Un hombre vive en la clandestinidad desde agosto de 2007 en algún lugar de la ruinosa ciudad birmana de Rangún para evitar caer en manos de la dura dictadura de ese país de Asia meridional. Desde ahí organiza la resistencia.

Además debió cambiar más de 10 veces de escondite, y nada augura que mejore su situación.

Cada vez que Tun Myint Aung cambia de refugio se desplaza con dos armas que se volvieron indispensables. Un teléfono móvil y una radio china que le permite escuchar emisoras opositoras a la junta militar gobernante, como la Voz Democrática de Birmania, que transmite desde Oslo.

Birmania vive en dictadura de 1962, cuando el ejército dio un golpe de Estado.

"El celular y la radio son muy importantes para mí. Siempre los llevo conmigo. Están junto a mí cuando duermo", señaló Tun Myint Aung, con cierto nerviosismo, en entrevista telefónica con IPS.
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"Me permiten seguir en contacto con la gente de afuera, con mis amigos y seguir las noticias del país", indicó.

Su radio Tecsum de onda corta tiene un valor agregado por el clima de opresión que se vive en Birmania por los acontecimientos de los últimos meses.

"Se convirtió en un arma social para mí y para nuestro movimiento", remarcó en conversación telefónica, práctica que lo puede llevar a prisión. "Se trata de cómo se difunden nuestros mensajes contra el régimen militar y los de otros".

Tun Myint Aung se refería a la organización Estudiantes de la Generación 88, integrada por profesionales universitarios que han estado a la vanguardia de las manifestaciones pacíficas contra la junta gobernante.

Esa organización tomó su nombre de un levantamiento popular prodemocrático de 1988, víctima de una brutal represión del ejército que terminó con unos 3.000 manifestantes muertos.

Tun Myint Aung trabajó a la sombra de líderes de Generación 88 como Min Ko Naing, una de las personas más respetadas del país s por su cruzada prodemocrática, luego de la líder opositora y premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi.

Pero Min Ko Naing fue detenido en agosto de 2007 junto a otros destacados líderes de la organización en un intento del ejército de frenar la ola de protestas que suscitó el alza del precio de los combustibles en 500 por ciento, sin previo aviso y de la noche a la mañana.

Tun Myint Aung, cerca de cumplir 40 años, debió abandonar su hogar para no ser detenido. La huída lo obligó a estar en permanente movimiento, a veces a dormir en la calle, convirtiéndolo en el nuevo líder de Generación 88.

Hay otros dos activistas en su misma situación, Nilar Thein y Soe Htun.

El primer mes de Tun Myint Aung como líder se vio ensombrecido por la ira desatada contra la junta en las calles de Rangún y otras ciudades en septiembre de 2007.

Decenas de miles de personas, lideradas por monjes budistas, manifestaron en forma pacífica por la insostenible angustia económica, la detención de líderes de la Generación 88 y de activistas políticos, incluida Suu Kyi, en arresto domiciliario durante 12 de los últimos 18 años.

La junta militar respondió con fuerza matando a un gran número de manifestantes, incluidos monjes, y llevando a cientos a prisión.

La junta luego anunció su intención de realizar un referendo en mayo sobre una nueva y polémica Constitución. En ese contexto, la organización de una campaña contra el plebiscito desde la clandestinidad es todo un desafío.

"Estamos trabajando con 11 organizaciones para informar a la población que la nueva Constitución no fue redactada por representantes suyos. También les advertimos que el referendo no será libre ni justo", indicó Tun Myint Aung.

"Pero si quieren votar, los instamos a hacerlo por el ‘No’. Deben oponerse al intento del ejército de perpetuarse en el poder, legalizándolo", apuntó.

También se pretende organizar una manifestación masiva contra el referendo.

"Queremos un movimiento silencioso en todo el país. Nos hemos contactado con personas de nuestra red, por teléfono y mediante otras formas, para difundir el mensaje", reveló.

"Nuestra intención es reunir la mayor cantidad de gente en una manifestación silenciosa. Siempre trabajamos así. Nunca en función de una sola persona", explicó Tun Myint Aung.

La ira de los nuevos líderes de Generación 88 hacia la dictadura quedó en evidencia a mediados de este mes, cuando señalaron en un comunicado que el referendo de mayo era una "declaración de guerra del régimen militar contra los birmanos".

Le siguió otro comunicado en el que condenaban al gobierno chino por "financiar" a la junta militar y llamaban a boicotear los Juegos Olímpicos de Beijing, a realizarse en el próximo verano boreal.

No le hace ninguna gracia a Tun Myint Aung su nuevo papel al frente de la oposición birmana en el país.

"Es una tarea muy difícil, pero hay que afrontarla. No me deprime, estoy ansioso por lanzar la mayor cantidad de acciones contra el ejército que podamos. Es la forma de ayudar a nuestro pueblo y a mis hermanos y camaradas en prisión", indicó.

Ni las horas de soledad que debe soportar para no ir preso desaniman a Tun Myint Aung, pues ya experimentó algo peor. Estuvo tres años en la Prisión Insein de Rangún.

Entonces estudiaba geografía en la Universidad de Rangún. Su "delito" fue encabezar el levantamiento en defensa de la democracia de 1988. Diez años después, volvió a ser detenido y estuvo en prisión hasta 2005. Una vez más, el motivo fue su activismo político.

"No hablo con mis padres desde hace muchos meses. No puedo contactarlos porque nuestra casa en Rangún está vigilada por los servicios de inteligencia", se lamentó. "Extraño eso y conversar con mis sobrinos. Pero ya están acostumbrados a no verme en casa".

A veces, la tensión de luchar por seguir en libertad y evitar caer en manos del ejército lleva a largas noches sin dormir. "Si escucho ruidos extraños en la calle o demasiados perros ladrando de noche, me despierto", relató Tun Myint Aung.

Una visita médica a un hospital o a una clínica está fuera de sus posibilidades. "No puedo enfermarme. Es demasiado peligroso. Siempre cuido mi salud ahora", añadió.

Pero hay algo que juega a su favor en caso de tener que consultar un médico. Su rostro es un misterio para la junta y no figuró en una campaña pública que mostró las caras de los disidentes.

"Es una suerte no haber dejado que me tomaran fotografías en las manifestaciones del año pasado", indicó Tun Myint Aung con alivio.

Pero los días de anonimato no durarán mucho, reconoció. "La junta quiere detener a todos nuestros líderes. No puedo predecir mi futuro, si voy a ir o no a prisión".

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