IRAQ-POLONIA: No es fácil decir adiós

El flamante gobierno liberal de Polonia descubre que los intereses nacionales hacen más difícil abandonar Iraq que enviar tropas a ese país, ocupado por Estados Unidos desde 2003.

Polonia envió 2.500 soldados para colaborar con la fuerza multinacional desplegada en territorio iraquí, pero analistas advierten que una retirada precipitada puede enviar una señal errónea a insurgentes o terroristas que relaman la retirada de las tropas extranjeras.

En las elecciones parlamentarias adelantadas del 21 de octubre se impuso la opositora Plataforma Cívica. Su líder y ahora primer ministro Donald Tusk prometió en la campaña electoral poner fin a la misión polaca en Iraq.

Antes de las elecciones, el 3 de octubre, el embajador polaco en aquel país resultó herido en un ataque en el que murieron un oficial de seguridad del gobierno y dos ciudadanos iraquíes.

Los intereses de Varsovia recibieron otro golpe el 8 de octubre, cuando un coche bomba explotó cerca de la embajada polaca, matando a un civil iraquí.
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Dos grupos insurgentes chiitas —una de las dos ramas del Islam, mayoritaria en Iraq— se adjudicaron la responsabilidad por el primer atentado y exigieron la retirada del contingente polaco.

"Queremos decirle a Polonia que sus intereses en Iraq serán blanco de ataque de la resistencia, incluidos diplomáticos, soldados y empresas. Sólo excluimos a los periodistas", dijo un miembro de uno de esos grupos en una declaración.

El atentado fue una represalia contra las torturas a prisioneros en que participaron soldados polacos, agregó.

Las tropas de Varsovia capturaron recientemente a varios sospechosos de terrorismo.

Oficiales polacos desmintieron las acusaciones, argumentando que sus soldados no están a cargo de ninguna prisión en Iraq.

Luego de los ataques, el ex primer ministro polaco, Jaroslaw Kaczynski, se comprometió a "no abandonar Iraq" y su ministro de Defensa, Aleksander Szczyglo, advirtió a la oposición que cualquiera que planteara el asunto cargaría con "la total responsabilidad" por el bienestar de las tropas.

Pero, inevitablemente, la cuestión se convirtió en uno de los ejes de la campaña electoral: 80 por ciento de los polacos se oponen a la presencia de soldados en Medio Oriente.

Una encuesta reveló que 70 por ciento de los consultados creen que la participación de Polonia en las misiones militares en Afganistán e Iraq convierten al país en un blanco potencial para el terrorismo internacional.

El gobierno del nuevo primer ministro espera completar el retiro de las fuerzas a mediados de 2008, pero el presidente Lech Kaczynski, quien apoya la presencia militar polaca en Iraq, podría vetar esa decisión si la considera apresurada.

Tusk dijo que la situación debe cambiar de forma lenta y gradual, pero aclaró que se haría "en acuerdo con nuestro principal aliado, Estados Unidos". Sin embargo, señaló que la misión en Iraq "ya carece de sentido".

"Ya sabemos que el gobierno quiere poner fin a la misión tal como está planteada ahora", dijo a IPS Jacek Przybylski, editor de política internacional del mayor diario polaco, Rzeczpospolita.

"Tusk no dijo exactamente qué quiere hacer, pero dirigentes de su partido comentaron que se reducirá el número de tropas en 2008 y que las restantes serán retiradas gradualmente en consulta con los aliados", agregó.

Se especula que Polonia podría coordinar su repliegue en Iraq con Gran Bretaña, que también anunció su intención de reducir su presencia cuando Gordon Brown reemplazó a Tony Blair como primer ministro meses atrás.

Analistas polacos creen que Washington no se sentirá molesto por el cambio de política, dado que la guerra en Iraq es impopular en Estados Unidos. También estiman que reducirá su presencia luego de las elecciones presidenciales de noviembre de 2008.

"La retirada no afectará las relaciones bilaterales, porque estará precedida por consultas. Dudo que Washington no entienda: un país tras otro están retirando a sus tropas", comentó Przybylski.

Las tropas polacas están desplegadas en la zona central y meridional de Iraq, donde deben enfrentarse no con terroristas sino con movimientos de resistencia chiitas que cuentan con amplio respaldo popular.

En este momento, tanto el público polaco como los expertos dudan sobre las posibilidades de lograr estabilidad en Iraq, mucho menos una democracia. Opinan que Polonia ha hecho mucho más de lo que se le podría pedir y que mantener las tropas no hará ninguna diferencia.

La misión polaca en Iraq, que duraría sólo un año según lo anunciado, comenzó en 2003, durante el gobierno izquierdista del primer ministro Leszek Millar. Hubo entonces poca oposición a esa iniciativa, que se suponía iba a estrechar los lazos con Estados Unidos.

Muchos polacos creen que la soberanía del país no está completamente asegurada y que sólo una fuerte alianza con Washington puede protegerlos de las amenazas externas.

El contingente inicial de 2.500 soldados se redujo a 900 en la actualidad.

La guerra en Iraq le costó a Polonia 27 muertos y unos 365 millones de dólares. La creencia generalizada es que el país no ha cosechado —o no lo han dejado cosechar— oportunidades de inversión luego de la invasión.

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