PERÚ: Cifras y promesas de García no convencen

Un cúmulo de números favorables sobre el desempeño de la economía y un amplio y detallado listado de obras inauguradas nutrieron el discurso del presidente de Perú, Alan García, en respuesta a la ola de protestas sociales que jaquean su primer año de mandato.

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En la alocución de 145 minutos que pronunció este sábado en el Palacio Legislativo, García dedicó unos segundos para pedir disculpas a los profesores huelguistas, a quienes había llamado "comechados", porque cobraban sin trabajar.

No obstante, el gobierno tuvo que sentarse a negociar con el Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación del Perú (Sutep) para dar por terminado el conflicto que convulsionaba la capital y otras regiones del territorio, que incluyó la toma de aeropuertos.

Pero las disculpas no se hicieron extensivas a las poblaciones de las regiones pobres del país que también desplegaron acciones de protesta y a cuyos dirigentes García tildó de "locos, suicidas y picones" (resentidos).

El mandatario reconoció que todavía sigue siendo un reto mayor la reducción de la pobreza y la indigencia, pese a que este año se repetiría el crecimiento del producto bruto interno (PBI) de ocho por ciento registrado en 2006, lo que le ha permitido al Estado destinar en sólo 12 meses 1.590 millones de dólares en inversión pública.
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Anunció que concentrará sus esfuerzos para que en el periodo de su gobierno, que finaliza en 2011, se baje el indicador de personas pobres de 50 a 30 por ciento de la población en las zonas urbanas y de 45 a 20 por ciento en el campo.

"Se ha reducido el número de los programas sociales de 82 a 26 para mejorar el destino de los fondos y mejorar la focalización de los pobres, se ha fortalecido el programa ‘Juntos’, de ayuda directa, y se ha creado el programa ‘Crecer’, para disminuir drásticamente la desnutrición", señaló García en medio del ruidoso aplauso de los 120 legisladores.

Sin embargo, las cifras que ofreció discrepan notoriamente con las contendidas en el "Marco Macroeconómico Multianual", el documento presentado por el Ministerio de Economía y en el cual se indica que la meta del gobierno para 2011 es reducir la pobreza a 40 por ciento de los peruanos, que hoy suman 27,2 millones.

García habló de que en 2005 la pobreza alcanzaba a 50 por ciento de la población, pero la semana pasada el estatal Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) informó que en ese año los pobres representaban 48,7 por ciento.

El INEI también reportó que, si bien la pobreza se redujo entre 2004 y 2006 en 4,1 puntos porcentuales, en el ámbito rural fue casi imperceptible.

Pero estas dolorosas estadísticas que representan la otra cara de la moneda del primer año de gobierno de García no aparecieron en su discurso de este sábado ante el Congreso.

En esas regiones empobrecidas fue que estallaron las protestas a las que el mandatario se refirió como síntomas de un odio que surge porque, "mientras en las ciudades se siente el éxito del crecimiento de la economía, en las zonas rurales tarda en verse los beneficios".

Los movimientos populares se registraron principalmente en las regiones sureñas de Huancavelica, Ayacucho, Puno y Apurimac, donde los niveles de pobreza van de 88,7 por ciento a 74,8 por ciento del total de habitantes, según el INEI.

En cambio, García desbordó su discurso con cifras y promesas. Indicó que para el final de su gobierno la producción nacional habrá superado los 40.000 millones de dólares, 800.000 familias conseguirán títulos de propiedad, la deuda pública se reducirá de 24 por ciento a 13 por ciento del PIB y se acumularán 30.000 millones de dólares en reserva.

También prometió que la inversión pública superará los 30.000 millones de dólares y 90 por ciento de los peruanos tendrán agua potable y luz.

"Ha sido un discurso previsible, porque ratifica el modelo económico que genera la protesta social de una amplia mayoría", dijo a IPS el historiador y analista político Nelson Manrique.

"El gobierno sigue asumiendo que sólo el crecimiento económico va a consolidar el desarrollo, y parte del supuesto de que la coyuntura internacional favorable va a continuar como hasta ahora", añadió.

Empero, el experto entiende que es bastante peligroso que no exista un plan de contingencia ante la posibilidad de que esos cambios ocurran.

Las cifras de García contrastan con la caída de su popularidad que reflejan las encuestas. El Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú difundió una consulta nacional que consigna 59 por ciento de desaprobación de la gestión de García, mientras que sólo 35 por ciento la acepta. "El discurso del presidente no variaría la tendencia de la desaprobación, sobre todo porque no anunció un cambio drástico de su gestión", comentó a IPS el director de ese instituto, Fernando Tuesta Soldevilla.

Seguramente por esa razón, dirigiéndose a los sectores populares que sufren por la exclusión y un modelo económico que concentra la distribución de los ingresos en unos pocos, es que García pidió disculpas por no haber cumplido con los objetivos que se trazó para el primer año de mandato.

"Las cifras de las metas que se ha propuesto son estrambóticas, porque no hay manera material de alcanzarlas, no hay la institucionalidad ni el dinero para conseguir esos objetivos", cuestionó Farid Matuk, ex jefe del INEI durante el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006).

"Lo que se está haciendo García es incrementar aún más las expectativas de la población y seguramente en el discurso del 28 de julio de 2008 responsabilizará a los gobiernos regionales de que no se haya cumplido con las metas", auguró.

Para el coordinador nacional de la asamblea de presidentes de los gobiernos regionales, Vladimir Huaroc, es cierto, como dice García, de que ha aumentado notablemente la transferencia de fondos para las administraciones regionales. "Pero eso no basta", advirtió.

"Lo que no ha dicho el jefe de Estado es que 80 por ciento de los recursos transferidos se destinan al pago de las planillas de maestros, profesionales de la salud y otros sectores, y que sólo 20 por ciento se gasta en inversión pública", explicó a IPS Huaroc.

"Los conflictos entre las poblaciones y las empresas mineras por la contaminación ambiental y las protestas del sector agrario que reclama políticas para hacer frente a los efectos del tratado de libre comercio firmado con Estados Unidos fueron temas básicos que el presidente obvió mencionar", manifestó.

Otra cifra espectacular de García es que se han creado más de un millón de empleos. Pero también dijo que, si bien el PBI creció 25 por ciento entre 2001 y 2006, el sueldo de los trabajadores sólo tuvo un incremento de tres por ciento.

"Esas son las desigualdades y las injusticias que ocultó", comentó a su vez a IPS el economista Pedro Francke, miembro de la directiva de la Alianza por los Derechos Laborales.

"Los salarios no se moverán en tanto los trabajadores no tengan condiciones de negociación colectiva y sindicalización, mientras se criminalicen las protestas y no haya herramientas para negociar sus condiciones laborales", puntualizó.

Para finalizar su discurso, García anunció que gastará 653 millones de dólares en la potenciación de los equipos militares, y renovó su confianza en las Fuerzas Armadas.

Precisamente, ante el crecimiento de la protesta social, el mandatario autorizó a los militares a hacer uso de sus armas para mantener la tranquilidad pública.

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