ESLOVAQUIA-HUNGRÍA: Racismo eleva la tensión

Ataques racistas de jóvenes nacionalistas en Eslovaquia contra integrantes de la nutrida comunidad húngara en este país tensaron al extremo el vínculo entre estos dos países vecinos.

Varias personas de origen húngaro fueron atacadas por jóvenes eslovacos solo por hablar entre ellos en su lengua, declararon las víctimas.

Tras dos semanas de tensión diplomática, la canciller Kinga Goncz, de Hungría, y Jan Kubis, el de Eslovaquia, reafirmaron el martes la necesidad de adoptar una declaración conjunta cuyo contenido no ha sido acordado.

El malestar se instaló apenas dos semanas después de que los eslovacos eligieran en las urnas como primer ministro al socialdemócrata Robert Fico, quien invitó a los nacionalistas liderados por Jan Slota a unirse a su coalición.

Slota no integra el gabinete, pero sí su partido, que obtuvo casi 12 por ciento de los votos. Ese dirigente es conocido por sus comentarios racistas contra los húngaros, a quienes había considerado "el cáncer de Eslovaquia".

Los socialdemócratas eslovacos fueron severamente criticados tanto por el gobierno húngaro como por los Socialistas Europeos, que representa a la socialdemocracia en el Parlamento Europeo, que amenazó con suspender al partido de Fico y lo acusó de no tomar distancia de los comentarios intolerantes de su gabinete.

Las hostilidades entre sectores nacionalistas de la sociedad húngara y la eslovaca se remontan a muchos años atrás.

Eslovaquia, con cinco millones de habitantes, se escindió en 1993 de República Checa. Pero históricamente siempre fue considerada como la región septentrional de lengua eslava del reino húngaro. Su movimiento nacionalista fue duramente reprimido por autoridades del imperio austro-húngaro.

La frontera de Hungría se redelimitó tras la derrota de ese imperio en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y su territorio quedó significativamente reducido. En Eslovaquia quedó una minoritaria comunidad de origen húngaro.

Medio millón de ciudadanos eslovacos siguen definiéndose como húngaros.

Con la caída del socialismo real, resurgió el nacionalismo latente en ambos países.

En Hungría, los radicales de derecha simpatizan con la idea de rediseñar la frontera del país. Mientras, los nacionalistas de Eslovaquia a menudo consideran que los reclamos de autonomía de la minoría húngara ocultan la intención de Budapest de anexarse ese territorio, y por eso les reprochan una supuesta falta de lealtad.

La clase política y la opinión pública húngara, sensibles a los asuntos de sus connacionales en los países vecinos, atribuyen los últimos acontecimientos a la presencia del partido nacionalista en el gabinete eslovaco.

Budapest se apuró a condenar los incidentes y pidió a Bratislava una rápida reacción. La respuesta del gobierno de Fico fue investigar las agresiones, pero sin condenar específicamente la naturaleza de los hechos ni solidarse con las víctimas.

Por su parte, Fico censuró todas las formas de extremismo, aunque también acusó al Partido de la Colación Húngara, que representa los intereses de esa comunidad en Eslovaquia, de tratar de internacionalizar el conflicto.

Al mismo tiempo, señaló que en cualquier lugar del mundo pueden ocurrir ataques racistas.

Otros dirigentes eslovacos consideraron que la reacción de Hungría fue desmedida, y declararon que la interferencia de este país en su política interna y la creciente atención de la prensa sólo agravará la situación.

Bratislava también acusó a Budapest de no controlar a sus propios extremistas, a quienes se pudo escuchar vociferando cánticos antieslovacos en un partido de fútbol.

Por su parte, Hungría consideró insuficiente la respuesta de Eslovaquia.

Lo sucedido en este país fue una situación aislada donde no hubo agresiones físicas, y no puede compararse con los ataques violentos y expresiones racistas de integrantes del gobierno, dijo a IPS Peter Jozsa de la Fundación Húngara de Derechos Humanos.

Jozsa refutó las acusaciones de Eslovaquia sobre una interferencia indebida de organizaciones húngaras. Es absurdo que los húngaros sean el chivo expiatorio sólo porque tratan de llamar la atención respecto de su situación y el incidente se internacionalizó porque el gobierno eslovaco no pudo hacerse cargo, explicó.

Activistas de derechos humanos sostienen que la búsqueda de una solución corresponde a lospartidos políticos.

Los muchos programas educativos y proyectos pueden contribuir al entendimiento mutuo, pero no le corresponde a las organizaciones sociales afrontar el problema creado en las más altas esferas políticas, la solución debe proceder de ese ámbito.

Peter Dral, responsable del programa multicultural de la Fundación Milan-Simecka, con sede en Bratislava, dijo que algunas declaraciones del partido nacionalista, actualmente en el gobierno, legitiman las agresiones físicas y el discurso racista de personas intolerantes.

Aun así, las demostraciones racistas corresponden a un pequeño número de extremistas de ambos países y la mayoría de la población las repudia, señaló.

Dral considera que los incidentes no expresan un resurgimiento del nacionalismo de la nada, sino que son la expresión de sentimientos racistas latentes. Para contrarrestar esta tendencia, no bastará con una legislación contra la discriminación, sino que se requerirán medidas proactivas. (FIN/IPS/traen-vf-mj/sd/ss/eu ip hd cv pr cr/06)

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