IRAQ: Después de todo, elecciones

Soldados estadounidenses e iraquíes continuaban en alerta el lunes en Mosul, luego de la violenta jornada electoral en este enclave sunita en el norte kurdo de Iraq.

El domingo en Mosul, la tercera ciudad iraquí, terminó como comenzó: con una serie de atentados con bomba. Pero entre ambas operaciones votaron bastantes ciudadanos. Las autoridades locales se ufanaron de un relativo éxito en la jornada.

Esta ciudad iraquí ha sido una de las más afectadas por la violencia desde que las fuerzas estadounidenses tomaron en noviembre el control de Faluya, en el centro del país. Los encargados de la seguridad esperaban horas difíciles, y lo fueron.

Pero gran cantidad de ciudadanos acudieron a las urnas en estas elecciones cruciales, las primeras desde la caída del régimen de Saddam Hussein tras la invasión estadounidense de 2003.

El rostro del nuevo Iraq se presentó en las mesas de votación. Soldados estadounidenses brindaron la columna vertebral de la seguridad, pero mantuvieron la discreción. Cuando se depositó el último sufragio, los ocupantes volvieron a mostrarse como los hermanos mayores de los novatos uniformados iraquíes.

En la escuela secundaria del barrio de Hay al-Tahrir, donde se instaló una de las 40 mesas de votación de la ciudad, soldados estadounidenses en carros artillados Stryker acompañaron a los funcionarios electorales que cargaban la urna al local donde se realizaría el escrutinio, en el centro de Mosul.

Hay al-Tahrir es un barrio predominantemente sunita en esta ciudad de Kurdistán. Organizaciones insurgentes sunitas, rama del Islam que constituye 35 por ciento de la población iraquí y es mayoría en el mundo árabe, llamaron a boicotear las elecciones.

”Éste ha sido un gran día”, consideró, al cabo de la jornada, Safar Jamil, que dirigió aquel circuito de votación. ”Mucha gente vino a votar a pesar del temor. Y no hubo bombas por aquí. Fue un gran día.”

Pero muchos otras mesas de votación sufrieron la acción de insurgentes que hicieron todo lo posible para perturbar las elecciones.

Tres nubes de humo negro se recortaron contra el invernal cielo gris de Hay al-Tahrir, bien temprano en la mañana. Las detonaciones conmocionaron la ciudad todo el día, como poderoso disuasivo a participar en las elecciones.

Las explosiones procedían tanto de ataques como de detonaciones controladas de aparatos detectados por las fuerzas de seguridad.

El clérigo de la mezquita sunita de Hay al-Tahrir, jeque Munir Khadr, fue junto con su esposa el primero en votar en este vecindario.

Eso constituyó una fuerte señal para el resto de los ciudadanos, que siguieron su ejemplo a pesar de las amenazas de rebeldes sunitas.

En muestra de respeto, la esposa del jeque sunita no fue palpada en busca de armas, sino apenas registrada con el detector de metales. ”Miren aquí… Al fin se hace algo para mejorar la seguridad”, dijo Khadr, señalando a los soldados que rodeaban el edificio.

Votar es un ”deber nacional”, afirmó. Como muchos otros, confiaba en que las elecciones tuvieran como resultado ”una ciudad más segura”.

En Mosul y en otras muchas zonas del país, se votó con dos hojas, una para la Asamblea Nacional (parlamento) de 275 miembros y otra para los concejos municipales. En Kurdistán, se sufragó, además, por el parlamento regional de esta zona autónoma.

La mayoría de los votantes en Mosul tenían más expectativas por las elecciones nacionales que por las locales. ”Nuestros problemas son demasiado grandes como para solucionarlos solo aquí. Necesitamos que la situación mejore en todo el país”, dijo uno.

Numerosos votantes viajaron muchos kilómetros para votar en Hay al-Tahrir. Majid Saleh y sus tres hermanos lo hicieron desde un poblado fuera de Mosul, y debieron hacerlo a pie porque el transporte en vehículos estaba prohibido desde hacía dos días.

Saleh y sus hermanos pertenecen a una tribu chiita, y, al igual que los kurdos oprimidos por la minoría sunita durante la mayoría de la historia de Iraq, estaban entusiasmados con las elecciones, a las que consideraron una oportunidad para consolidar los cambios en este país.

El líder espiritual de los chiitas iraquíes, ayatolá Alí al-Sistani, alentó la concurrencia a las elecciones. ”Trabajó mucho para que se celebraran. Por eso, nuestro deber era votar por un Iraq democrático, libre y, sobre todo, unido”, dijo Saleh.

Los Saleh no pertenecían al distrito de Hay al-Tahrir, pero todos los habitantes de los alrededores podían votar en cualquier circuito de Mosul.

Las mesas de recepción de sufragios no contaban con un padrón de votantes porque la ciudad es considerada demasiado peligrosa como para que éstos constaran por escrito. Todo lo que se requería para votar era un documento de identidad iraquí.

”Si la fotografía del documento coincidía con el votante, lo dejábamos votar”, dijo Safar Jamil. Pero algunos documentos tenían retratos poco claros, y muchos fueron emitidos cuando los hoy ancianos votantes eran jóvenes.

Los entusiasmados funcionarios electorales no se dejaron amilanar por esos detalles.

”Sufrimos bajo el régimen de Saddam Hussein. Esto es comenzar de nuevo”, dijo uno de ellos. Todos los funcionarios a cargo del control del sufragio procedían de fuera de Mosul por razones de seguridad, para dificultar su identificación por parte de los insurgentes.

De los 12 que trabajaron en el circuito de Hay al-Tahrir, 11 eran cristianos y el restante yezidi (un antiguo grupo religioso kurdo). Todos ellos recibieron un bono de 500 dólares por los cinco días de trabajo extraordinario.

A medida que la jornada concluía, todos los funcionarios electorales y de seguridad mostraban cierto alivio. Algunos afirmaban haber sido sorprendidos por la asistencia a las urnas. ”Pensé que nadie vendría en estas circunstancias, pero lo hicieron. Después de todo, estas fueron elecciones de verdad”, dijo un teniente del ejército iraquí. (

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