DESARROLLO: Las verdades de Lula

Nunca debe desperdiciarse una oportunidad, sobre todo cuando se puede hacer escuchar verdades, dijo el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, al defender su participación en la cumbre del Grupo de los Ocho (G-8) países más poderosos.

Cuando llegó la invitación para asistir a la cumbre, que se celebra hasta este martes en la oriental ciudad francesa de Evian, muchos se preguntaron qué habría de hacer el presidente de Brasil allí, donde ”al fin de cuentas se reúnen los ocho países más ricos del mundo”, comentó el mandatario.

Quienes se oponían al viaje de Lula advertían que la cumbre daría lugar a muchas protestas, como ocurrió, con manifestaciones nutridas y a veces violentas en las cercanas ciudades suizas de Lausana y Ginebra y en la francesa Annemasse, pues Evian era territorio vedado para los activistas.

El presidente brasileño corre riesgo de ”ser confundido”, prevenían los críticos, respecto del encuentro de los jefes de gobierno de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia.

Pero finalmente la visita a Evian dejó un balance positivo, sostuvo el gobernante y ex sindicalista en un discurso pronunciado este lunes en la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con sede en Ginebra.
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”Cuando asumí dije que no iba a perder ninguna oportunidad que se presentase. La vida esta hecha de oportunidades”, dijo Lula.

Y aprovechó la oportunidad. Transmitió a los gobernantes del G- 8 y de 11 países en desarrollo su preocupación por la discriminación que sufren las naciones pobres en el acceso a los mercados de los países ricos.

Con lenguaje crudo, dirigido a los países industrializados, el mandatario se quejó de la guerra de subsidios y de otros mecanismos de protección que crean una verdadera exclusión comercial.

Una orientación parecida tuvo la intervención del primer ministro de India, Atal Bihari Vajpayee, quien se concentró en las cuestiones del desarrollo y del ambiente.

En materia de desarrollo, las preocupaciones del gobierno indio giran principalmente en torno a la suerte de la ronda de negociaciones lanzada por la conferencia de ministros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) de Doha, Qatar, en noviembre de 2001.

Ese proceso sufre retrasos por el incumplimiento de los plazos establecidos, y requiere la fijación de puntos de referencia para el seguimiento de la aplicación de las decisiones adoptadas en la Declaración de Doha, sostuvo Vajpayee.

Entre esos puntos deberían figurar la cuestión de las barreras arancelarias y no arancelarias, los acuerdos para el movimiento de personas y el acceso a los medicamentos en los países pobres.

Ante los gobernantes de los países del G-8, que ejercen casi todos una política proteccionista en la agricultura, India reclamó la eliminación de las subvenciones en ese sector, que tienen efectos distorsionadores en el comercio.

Sin embargo, el gobernante indio subrayó la posición de su país favorable a proteger los intereses de los campesinos en las naciones en desarrollo.

Vajpayee demandó la ratificación del Protocolo de Kyoto, único instrumento internacional concebido para regular las emisiones de gases causantes del calentamiento de la Tierra, cuya puesta en vigor se ve demorada por la oposición de Estados Unidos y la reticencia de otros países industriales.

En realidad, Vajpayee, Lula y los mandatarios de otras naciones en desarrollo solo participaron el domingo en la jornada inaugural de la cumbre de Evian.

El presidente de la Unión Europea (UE), Romano Prodi, admitió que en esos momentos iniciales, la presencia de tantos países del Sur contribuyó a ”cambiar la atmósfera” de la cumbre, que se anticipaba controvertida como secuela de las diferencias que la invasión estadounidense y británica a Iraq creó entre Washington y gobiernos europeos.

Las resoluciones posteriores del G-8 demostraron que las discordias internas se habían atenuado.

El bloque de países ricos aprobó decisiones sobre políticas de asistencia a Africa, de responsabilidad de las corporaciones, de aporte de recursos al Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y otra referida al comercio internacional.

Con relación a la decisión del G-8 sobre comercio, el activista Barry Coates, del Movimiento por el Desarrollo Mundial, con sede en Londres, estimó que el grupo presiona otra vez a los países en desarrollo para que abran sus mercados.

Al mismo tiempo, el G-8 se rehúsa a eliminar los subsidios masivos en agricultura y las barreras a las exportaciones de productos con valor agregado y de textiles.

El presidente de Brasil también aludió a esos ángulos durante su discurso en la OIT, cuando reclamó la introducción de ”verdaderos cambios” en sectores como el comercio.

El gobierno brasileño estima inadmisible que los sectores donde los países en desarrollo muestran competitividad, como la agroindustria, el textil o la siderurgia, entre otros, sean sometidos a los efectos de prácticas comerciales proteccionistas de las naciones industrializadas.

Lula planteó ante los miembros del G-8 su plan de lucha contra el hambre en el mundo, que había dado a conocer en enero pasado, pocas semanas después de asumir la presidencia, en las reuniones del Foro Social Mundial de Porto Alegre, Brasil, y del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza.

Los recursos destinados ”a dar comida a quien tiene hambre”, pueden provenir, entre otras fuentes, de un impuesto al comercio internacional de armamentos y de un mecanismo que estimule a los países ricos a invertir en ese fondo una parte de los intereses que perciben de las naciones endeudadas.

El primer ministro de India también se refirió en Evian a la idea de un fondo de desarrollo mundial que se podría financiar con los recursos obtenidos de una tasa sobre los flujos financieros internacionales.

En Ginebra, Lula, ex trabajador metalúrgico y dirigente sindical, también dijo sus verdades sobre el papel de las organizaciones laborales en la sociedad actual.

”El movimiento de los trabajadores necesita ser cada vez menos corporativo y cada vez más político. Muchas de las cosas que acontecen en el mundo del trabajo se deciden fuera de ese mundo”, sostuvo.

”Es allí donde muchas veces tenemos que anticiparnos. Si el movimiento sindical no adopta esas actitudes, muchas organizaciones no sindicales ocuparán el espacio que debería ser del sindicato”, sentenció.

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