Organizaciones no gubernamentales impulsan un acuerdo que ponga fin al conflicto entre el gobierno de Senegal y la guerrilla separatista de la meridional provincia de Casamance, iniciado en 1982.
Los ataques, emboscadas y choques entre fuerzas gubernamentales y rebeldes continúan y han provocado cientos de muertos en los últimos meses en la provincia, donde hay grandes zonas aisladas y empobrecidas por la guerra.
Soy activamente optimista sobre Casamance, pues el terreno está preparado para llevar a cabo conversaciones sustanciales, sostuvo a mediados de este mes el secretario general de la Organización Senegalesa de Derechos Humanos, Alioune Tine, uno de los grupos civiles que procuran mediar en el conflicto.
Los mediadores aseguran que las diferencias entre las facciones rebeldes de Casamance han cesado y que el gobierno está genuinamente dedicado a resolver uno de los conflictos más largos e ignorados de Africa occidental.
Desde que estalló la guerra, en 1982, sucesivos gobiernos no lograron neutralizar la insurgencia que aprovechó la situación fronteriza y geográfica de Casamance, separada del resto del país por Gambia, y el apoyo de la población local, de un millón de personas.
La provincia mantuvo una identidad propia dentro de Senegal, marcada por el dominio de la etnia diola, minoritaria en el resto del país, mayoritariamente musulmán. Los vínculos de Casamance con los vecinos Gambia y Guinea Bissau han sido con frecuencia más fuertes que con Dakar.
En las postrimerías del régimen colonial francés, que culminó con la independencia de 1960, se reiteraron las demandas de un estatuto especial para la zona.
El separatista Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC) inició una campaña de protestas en 1982. Su brazo armado, Atika, encabeza desde entonces una guerra de guerrillas contra el gobierno.
En marzo de 2001, el presidente de Abdoulaye Wade anunció la firma de un ambicioso, aunque provisional, acuerdo de paz que aseguraría el cese del fuego y un importante proceso de reconciliación.
El MFDC renunció a sus pretensiones de independencia a cambio de promesas de inversiones y respaldo para recuperar una región que era próspera antes de la guerra. El acuerdo preveía la libertad de los presos, la libre circulación de personas y bienes en el sur y el regreso de los refugiados.
Pero hasta ahora el cumplimiento del acuerdo resultó decepcionante, sobre todo por las diferencias internas del movimiento rebelde.
Las autoridades advirtieron que las negociaciones sólo se iniciarían cuando el MFDC acabara con sus luchas internas y presentara una postura unida y creíble.
Pero en los últimos 18 meses, los rebeldes se enredaron en una amarga disputa por el liderazgo entre facciones combatientes, mientras continuaba la guerra.
La estrucura de mando del MFDC es confusa. Los dirigentes del movimiento suelen tomar distancias de las operaciones de la guerrilla, mientras critican las medidas contrainsurgentes de Dakar, consideradas brutales e indiscriminadas por organizaciones de derechos humanos.
Los problemas internos de los rebeldes fueron exacerbados por el cruce de intereses de Guinea Bissau y Gambia, que impulsaron la enemistad de varios líderes insurgentes.
En la conferencia celebrada en la capital de Gambia, Banjul, en agosto del año pasado, el MFDC nombró secretario general a Jean- Marie Francois Biagui, en reemplazo del veterano fundador del movimiento, el abad Augustin Diamacoune Senghor, que ahora ocupa el cargo de presidente.
Diamacoune, aún identificado como la verdadera voz del MFDC, se enfrascó en los últimos meses en una guerra verbal con su principal rival, el comandante Sidi Badji.
No obstante, ambos aseguraron haber superado sus diferencias y estar listos para poner en marcha nuevas negociaciones con el gobierno tan pronto como sea posible, en un encuentro celebrado el día 17 con auspicio del embajador Latif Gueye, integrante de la misión negociadora oficial.
El acercamiento entre Diamaoune y Badji fue propiciado por Tine, de la Organización Senegalesa de Derechos Humanos.
Sin embargo, hay advertencias sobre nuevos riesgos. El MFDC tiene dos frentes, uno en el norte, respaldado por Gambia, y otro en el sur, respaldado por Guinea Bissau. Reunirlos nunca será fácil, dijo un observador.
Otro obstáculo es el tráfico de drogas y de armas en la zona de guerra, propiciado por grupos interesados en mantener la guerra. (FIN/IPS/tra-eng/cs/mn/dcl/ip/02


